¿Dividirá el COVID-19 la sociedad israelí?

Antje Naujoks

En conexión con el COVID-19, se escucharon incluso en el extranjero de conflictos internos en Israel. La postura de los judíos ultra ortodoxos parecía contener un potencial explosivo.

Israel es una sociedad con muchas facetas y diversos grupos religiosos y étnicos. Que esta sociedad haya sobrevivido a muchas crisis a veces casi parece milagroso. Teniendo en mente el conflicto israelí-palestino, muchos podrán pensar en primer lugar en la minoría árabe en Israel. Entre la sociedad judía mayoritaria, que corresponde a la tres cuartas partes de los habitantes, y la minoría árabe, que se compone de musulmanes como también de cristianos, a veces existen diferencias muy grandes en la forma de vivir, y en parte, también en cuanto a nivel educativo y contexto económico. 

Las autoridades israelíes, a principios de la crisis del coronavirus, fueron criticadas por algunas organizaciones sin fines de lucro, porque el material informativo publicado en árabe no era comprensible para la población en general. Además de esto, no se tuvo en cuenta con respecto a la comunidad beduina-musulmana, que se debe incluir a los jefes de las tribus, ya que sin la bendición de ellos no tienen efecto los esfuerzos estatales. Poco antes del Ramadán se vio que, justamente en la sociedad israelí-árabe, había cada vez más personas infectadas, y que algunas aldeas y pueblos debían recibir una orden de confinamiento general. Un asunto que exige sensibilidad, y que por la población árabe fue recibido con la misma falta de entusiasmo que por la población judía ultra ortodoxa de Bnei Brak y Jerusalén, a quienes les había tocado lo mismo en el tiempo de la fiesta del Pésaj. Achmad Dabach, jefe de la administración regional Dir al-Asad en la cercanía de Carmiel en el norte de Israel, donde la tasa de infectados en el correr de unos pocos días se incrementó seis veces, al principio no estuvo convencido por ese “castigo colectivo”, y al igual que los diputados árabes de la Knéset, criticó severamente el trato de las autoridades israelíes con la situación en los grupos de la sociedad árabe. Algunos incluso denunciaban “racismo”. Pero finalmente cedieron, también porque el predecesor de Dabach llegó a ser la primera víctima mortal del virus en la aldea: “Todos estamos en el mismo recipiente. Se trata de vidas humanas. Por eso tenemos que obedecer las indicaciones del ministerio de salud”. 

Justamente las comunidades árabe y judía ultra ortodoxa tienen algunas cosas en común, a pesar de que hay mucho que las diferencia. La comunidad árabe, que a menudo lamenta su degradación en Israel, en comparación con la población ultra ortodoxa, es una parte mucho más activa de la sociedad en general. Con un 30 por ciento de todos los médicos aprobados en Israel, los árabes israelíes tienen más personal médico de lo que corresponde a su parte de la población, que es de 21 por ciento. Entre ellos también está el Dr. Abed Zachalka, proveniente de la aldea árabe Kfar Kana, quien en medio de su trabajo en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Ma’yanei HaYeshua en la ciudad ultra ortodoxa Bnei Brak, recibió un gran honor: antes del comienzo del Shabbat, pudo llevar al hospital a la sección del coronavirus el rollo del Torá, que para los judíos piadosos, ese día de la semana juega un rol muy importante. El hospital en que trabaja este médico árabe tiene funcionarios de todas las agrupaciones de la sociedad israelí. Entre ellos también hay judíos ultra ortodoxos que, sin embargo, no representan la mayoría. Esto tiene que ver con que solo una pequeña parte de ellos se dedica a “profesiones mundanas”. No obstante, en este hospital, que además del directorio profesional está subordinado a un consejo consultivo de rabinos, se trata casi exclusivamente a judíos ultra ortodoxos. 

Ma’yanei HaYeshua, al igual que la ciudad Bnei Brak donde se encuentra el hospital, hacía los titulares en tiempos del COVID-19, ya que llegó a ser el centro para el tratamiento de los infectados de la ciudad, que después de Jerusalén, registraba el mayor número de enfermos del coronavirus. Para poder comprender esto, no solo es necesario conocer Bnei Brak, sino también el enfoque que los rabinos ultra ortodoxos tienen de la peste. Si bien en el judaísmo, el principio de cuidar la vida humana –Pikuah Nefesch– tiene un rango superior, algunas corrientes tienen actitudes tan anti sionistas, que ellos no obedecen las indicaciones del Estado judío que, desde su punto de vista, nunca debería haber sido fundado por mano mundana. Incluso cuando los rabinos líderes finalmente reaccionaron, no apelaban al ministerio de salud, sino que argumentaban en nombre de “la salud general”. Cuando lo hicieron, lastimosamente ya fue bastante tarde, porque la vida comunitaria muy estrecha de los judíos ultra ortodoxos, que en otros tiempos sí les daba beneficios como colectividad, ahora les fue de perjuicio. Este es otro aspecto que ellos comparten con la sociedad árabe-musulmana de Israel, que consiste de familias extendidas que a menudo conviven en espacios estrechos. La pobreza también juega un rol, ya que las familias a menudo viven en espacios sumamente pequeños. Bnei Brak cuenta con casi 200 000 habitantes, que con 28 000 personas por kilómetro cuadrado, es uno de los pedazos de tierra más densamente poblados, incluso sobrepasando a Manhattan, EE. UU. 

Desde los grupos ultra ortodoxos se escuchaba que el confinamiento habría sido impuesto por el “odio del Israel secular contra la religión”. Naturalmente se llegó a las manos con agentes del orden, no obstante en muchos lugares sucedió lo que se podía observar en Bnei Brak: algunos ultra ortodoxos ya no consideraban el comando civil, que se encargaba del aprovisionamiento de alimentos y medicamentos así como del transporte de los infectados, exclusivamente como representante del sistema que uno rechaza, e incluso detesta. Se estableció puentes, que anterior a eso no estaban presentes ni siquiera en primera fase. Si esto es suficiente para que en el futuro se pueda manejar mejor las tensiones, queda por verse.

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