Descubrimientos casuales que surgen en Israel

Antje Naujoks

Así como Arquímedes durante un baño descubrió una significativa ley de la física y exclamó “¡eureka!”, también en Israel cada tanto se ha exclamado “¡eureka!” por descubrimientos casuales.

A veces son historias que causan gracia. Detrás de algunas innovaciones, por ejemplo, se encuentra sencillamente la distracción, tal como el platillo extraviado de Petri que llevó al descubrimiento del efecto del antibiótico. Otros logros se relacionan con las emociones humanas, como en el caso del cocinero que se enojó consigo mismo por haber cortado las papas para freír demasiado gruesas; a consecuencia se vengó cortándolas extremadamente finas y así surgieron las papas fritas. Innovaciones destacadas también pueden ser sencillos productos secundarios, como en el caso del microondas, idea que surgió durante la investigación de ondas de radar para aviones de combate estadounidenses a causa de una barra de chocolate guardada en el bolsillo de un pantalón; o también el sartén de teflón, que es un producto secundario de la moderna investigación espacial. Esta lista podría continuar.

Israel es conocido como un atractivo “taller de innovaciones”, y es por eso que al cierre de la redacción de esta edición, personas de todo el mundo están reunidas en el puesto comunitario israelí de la Exposición de Innovaciones de este año en los EE.UU. A los científicos y desarrolladores israelíes les sucede lo mismo que a sus colegas de todo el mundo: también ellos una y otra vez se topan involuntariamente con ideas nuevas.

De esta forma, también en Israel se aprovecha la suerte de una casualidad, la distracción y también el desorden, de los que finalmente surge algo positivo. Uno de los casos israelíes que incluso llevó al Premio Nobel, fue muy diferente: los científicos descubrieron durante su investigación que su tesis de trabajo no se aplicaba, sino todo lo contrario. La mayoría de los investigadores en este punto se habrían rendido, pero no fue así el caso de Avram Hershko y su asistente Aarón Ciechanover que, por su descubrimiento hecho a raíz de ello, en 2004 fueron honrados con el Premio Nobel de Química. Estos científicos que trabajan para Technion Haifa concluyeron que “la moraleja de la historia es: aun cuando descubras algo que no quisiste descubrir, deberías seguir investigando.”

Algo similar le ocurrió a un grupo de científicos del renombrado Instituto Weizmann en Rehovot en la década del 1990. “Estábamos buscando una tecnología para convertir la energía solar en electricidad. Los resultados de nuestras investigaciones fueron totalmente inesperados, ya que las nano-partículas con que experimentábamos mostraron características sumamente diferentes a nuestra suposición original. De este modo descubrimos que ellas son excelentes lubricantes y también semiconductores”. Como consecuencia, en lugar de dar un aporte a la energía solar, de esta investigación del Prof. Reshef Tenne, resultaron las nano-partículas Disufid, que hoy en día son indispensables en la producción de aceites lubricantes y recubrimientos.

Otra anécdota es la del químico israelí Jonathan Goldstein, quien experimentaba con dióxido de titanio ya que tenía la idea de que esa combinación química inorgánica podría permitir que la pasta dental fluyera más fácilmente. En el proceso se convirtió en el descubridor de un polvo blanco económico que, tratado con colorante absorbente, se vuelve fotosensible, una teoría que había sido inicialmente estudiada por el científico suizo Michael Graetzel en 1988. De este modo, de los experimentos sobre pasta dental, en el año 2003 surgió la empresa 3GSolar que revolucionó de manera rentable y efectiva la tecnología de las células solares sensibilizadas con colorantes, material que es tres veces más efectivo que las células de silicio.

También es curiosa la historia del botánico Shimon Gepstein. Él y su equipo del Technion olvidaron regar algunas plantas que habían transformado genéticamente para prolongar la durabilidad de las mismas en los estantes de venta. Recién después de algunas semanas notaron su olvido; aunque las plantas estaban totalmente secas, un estudiante quiso regarlas y al poco tiempo estas volvieron a la vida. En la actualidad el Prof. Gepstein es considerado como una eminencia mundial de la producción de plantas útiles resistentes a las sequías, tales como el arroz, los cereales, la remolacha de azúcar, etc.; su descubrimiento fue patentado y desde entonces beneficia a muchos Estados.

Un caso más es el del Dr. Shimon Harrus de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien en realidad quería descubrir cuánto tiempo demoraban las garrapatas en trasmitir a los perros la fatal enfermedad Ehrlichiosis Canina (fiebre hemorrágica canina). Para su sorpresa, notó que dos de los perros no se enfermaban. “A continuación iniciamos un gran estudio para descubrir la razón”, dijo el Dr. Harrus, siguiendo el proceder de los ganadores del Premio Nobel, Hershko y Ciechanover. En 2012, Harrus presentó su “producto secundario” en revistas científicas, y en 2013 el descubrimiento fue patentado como vacuna, siendo exitosamente comercializado por Yissum, empresa que pertenece a la Universidad Hebrea de Jerusalén y que está destinada a la aplicación de las investigaciones que se realizan en ella.

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