Desamparado pero con esplendor nuevo

Antje Naujoks

El Muro de los Lamentos es el único resto de ese templo hacia el que los judíos, desde tiempos inmemorables, han peregrinado en Jerusalén, así como también lo hizo Jesucristo. Después del año 70 d.C., transcurrió allí una historia cambiante, a la que en el 2020 se le agregó un capítulo nuevo. 

La mayoría tienen en mente la imagen del patio delantero y de los bloques de piedra enormes en el trasfondo del Muro de los Lamentos, ya que este lugar ha sido fotografiado suficientes veces. Quien estuvo alguna vez en Jerusalén, con gran probabilidad, también visitó este sitio y se acercó al muro, de modo que se acuerda de las ranuras de los bloques de piedras llenos de papeletas. Estos papelitos, en los que judíos piadosos escribieron deseos dirigidos a Dios, porque según su fe, ahí es donde ellos están más cerca del Todopoderoso, dos veces por año –en la fiesta de Pésaj y para Rosh HaShana– son sepultados en el Monte de los Olivos. Pero esas ranuras desde hace décadas también representan otra especialidad: allí anidan unas avecillas llamadas vencejos. Actualmente, se cuentan casi 100 parejitas que están incubando. Los vencejos regresan a este lugar siempre en el mismo tiempo del año para empollar, alrededor del 28 de febrero. Los ornitólogos coinciden en que el Muro de los Lamentos es uno de los lugares de anidamiento más antiguos del mundo, que estos pájaros, con su vuelo planeador majestuoso, visitan año tras año. 

Este no siempre tuvo este aspecto. Cuando los romanos, en el 70 d.C., destruyeron el templo, también rompieron una parte del muro perimetral del terreno del templo, que se remonta a los trabajos de construcción del rey Herodes, terminados solo unos pocos años antes. En la parte sur del flanco oeste del muro perimetral, al que pertenece el Muro de los Lamentos –que dicho sea de paso es solamente una pequeña parte visible–, todavía se pueden ver los grandes bloques de piedra en el suelo. Pero no todas las piedras se quedaron allí. Muchas fueron utilizadas para la construcción de edificios, y en esa región, de hecho, se edificó con diligencia, de modo que las viviendas en un tiempo se acercaban hasta unos pocos metros del Muro de los Lamentos. 

Que el Muro de los Lamentos se haya convertido en el sitio más significativo de la oración judía fue un proceso que tomó siglos. Este lugar fue escenario de muchos conflictos y confrontaciones violentas. El patio delantero recién mencionado surgió después de la Guerra de Seis Días de 1967, cuando los judíos, después de casi dos décadas, nuevamente tuvieron acceso a este lugar de oración. Más de 50 años después llegó a ser escenario de un acontecimiento muy especial: a mediados de febrero de este año, allí tuvo lugar una gran oración pública, en la cual, alrededor de mil judíos piadosos, pedían por ayuda para China, plagada de enfermedades. Solo un corto tiempo después, Israel mismo tuvo que decretar restricciones que también afectaban el Muro de los Lamentos. Por primera vez en décadas, en la celebración del Pésaj no pudo ser dada la bendición sacerdotal durante un evento masivo público en el Muro de los Lamentos, evento para el cual comúnmente se reúnen hasta 50 000 personas. 

No obstante, esta parte tan conocida del Muro de los Lamentos es solamente uno de los lugares importantes para los judíos. Esta parte se extiende al norte del Puente Mughrabim, el puente marroquí, a través del cual los no musulmanes tienen acceso al Monte del Templo. Al sur del mismo se encuentra un lugar no menos interesante, que hoy es conocido como Parque Arqueológico Ophel. Este se extiende también más allá del flanco sur del muro perimetral del Monte del Templo, allí donde se encuentran los escalones a través de los cuales Jesucristo en su tiempo subía al área del templo. 

La parte sur del flanco oeste, allí donde se puede reconocer el Arco de Robinson, el que en el tiempo de su identificación, por el viajero y teólogo estadounidense, Edward Robinson, en 1937-38, únicamente sobresalía al ras del suelo, hizo los titulares hace casi dos años atrás. Fue un suceso que algunos denominaron de milagro, ya que en las horas tempranas de la mañana –nada menos que en el día después del Tisha BeAv, el día de luto en el que los judíos conmemoran la destrucción del templo– en esta área de oración, que desde el 2016 es utilizado, sobre todo por el judaísmo igualitario, se soltó del muro una piedra de 100 kilogramos de peso. La misma de apenas le erró a una persona que estaba orando allí. A continuación, así informaba también NaI, fue iniciada una investigación a gran escala. Los expertos produjeron diversas explicaciones de la razón de por qué la roca se había soltado. También las evaluaciones sobre el estado del muro y los posibles peligros resultaron muy diversos. Lo importante, sin embargo, es que en esta primavera, cuando Israel justo comenzaba a decretar los reglamentos para la contención del COVID-19, fueron terminados los trabajos de restauración. Habían discutido por cada uno de los bloques de piedra para reparar los daños, de tal modo, que no surjan más peligros. Finalmente, fue necesario instalar soportes. Además, se tuvieron que hacer perforaciones en la roca, pero entretanto todo está restaurado, si bien la normalidad de la oración de cientos de piadosos todavía se hizo esperar por un par de semanas.

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