Cómo un rabino encontró al Mesías en Tiberíades

GN

Acerca de Efraím Ben Yosef Eliakim, rabino de Tiberíades, a finales del siglo XIX

El rabino Efraím Ben Yosef Eliakim nació en 1856 en Tiberíades, en el seno de una familia rabínica. Después de su nombramiento como dayan (juez) y líder de la congregación recibió, conforme a la costumbre sefaradí, el título de Jajam, lo que significa “sabio”. En aquel entonces, Palestina estaba todavía bajo dominio turco, y los religiosos gozaban de la protección del cónsul francés, que les concedía los derechos de los ciudadanos europeos en virtud del instrumento jurídico de “rendición”, aunque vivieran en el Imperio Otomano. (1)

A lo largo de los años, el rabino Efraím fue desarrollando un profundo odio hacia la gente que creía en Jesús, pero especialmente hacia los misioneros escoceses de Tiberíades. Amenazó con castigar a cada judío que tuviera contacto con ellos. A su propia esposa e hijos les prohibió toda visita al hospital de la misión, incluso estando gravemente enfermos, mientras que sus colegas eran más indulgentes al respecto. (2)

En 1892, cuando el rabino Efraím trabajaba como profesor del Talmud y la Torá, el Dr. William Ewing, misionero de la Iglesia de Escocia, acudió un día a su escuela y le preguntó en árabe si podía hablar con él–el rabino y el pastor tenían casi la misma edad.

Esta visita rompió el hielo. Le siguieron reuniones periódicas en las que ambos discutían sobre el Mesías con base en el Talmud y la Biblia hebrea. Después de mucho estudio y reflexión, el rabino finalmente se convenció de que el capítulo 53 del profeta Isaías señalaba a Yeshua, el Salvador sufriente. También experimentó un encuentro personal con Yeshua, quien le dijo: “Deja de odiarme. Ámame y te daré paz”.

Los sufrimientos de su pueblo siempre habían inquietado al Rabí Efraím. Mirando hacia atrás en la Historia, se preguntaba: “¿Dónde están las promesas a los padres? Somos el pueblo elegido por Dios, pero las cosas maravillosas que debían ser nuestras, ahora pertenecen a extraños”.

Él entendía la razón por la cual el Primer Templo había sido destruido, pero la destrucción del Segundo Templo no tenía sentido para el rabino, y mucho menos del hecho de que el Templo siguiera en ruinas 1,800 años después. El rabino Efraím había llorado, orado y luchado sin cesar con estas preguntas; decidido a no rendirse, estaba convencido de que algún terrible pecado había encendido la ira de Dios sobre Su pueblo, y que él quería descubrirlo. Pues bien, en el curso de sus conversaciones con el Dr. Ewing, descubrió en el Talmud la razón de la destrucción del Segundo Templo: “el odio infundado”. Entendió en seguida a quién se refería: a Aquel que él mismo había despreciado y odiado durante tanto tiempo, el Mesías que Israel había rechazado. (3)

Desde entonces y hasta su muerte, el rabino Efraím no ocultaba su fe en Jesús; esto le valía el acoso constante de los ultraortodoxos de Tiberíades. Sus amigos, incluso su mujer y sus hijos, le abandonaron. Un día, los judíos religiosos le tendieron una emboscada, lo secuestraron y le dijeron que renunciara a su nueva fe–se negó y huyó a Safed, donde pronto fue perseguido de nuevo. Como simple jornalero agrícola, trabajaba todos los días bajo el ardiente sol, esperando que el Dios de sus padres le mostrara lo que pretendía hacer con él. (4)

Cuando finalmente entendió el camino de Dios para su vida, se trasladó de Safed a Nazaret, donde no había judíos en ese momento. El 5 de mayo de 1899 fue bautizado en la casa de un árabe cristiano llamado Boulos Haddad. A propósito no se quiso bautizar en alguna de las muchas iglesias de la ciudad, pero los representantes de las mismas asistieron al bautismo, llenando la casa. Algunos hermanos líderes le impusieron las manos y lo sumergieron en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Luego recibió numerosas invitaciones a hacerse miembro de una iglesia evangélica, pero se negó–no quería asimilarse, sino conservar su identidad judía mientras viviera como discípulo de Yeshua.

Como no quería unirse a ninguna iglesia ni a sus tradiciones, estuvo muchos días sin ningún ingreso. A menudo pasaba hambre, pero se negaba a pedir ayuda. Finalmente, las continuas privaciones lo hicieron abandonar Galilea y dirigirse a Jerusalén, donde en ese momento los misioneros Schneller estaban en proceso de añadir una nueva ala al Orfanato Schneller (también llamado Orfanato Sirio) (5) en las afueras de la ciudad. El rabino Efraím fue contratado como obrero de la construcción, y más tarde encontró un empleo permanente en el taller de alfarería. Eran muy pocos los que comprendieron su decisión de no unirse a ninguna iglesia, sino de vivir como judío mesiánico entre sus compatriotas.

En Jerusalén, el rabino Efraím se encontró con varios de sus antiguos alumnos de Tiberíades que, gracias a su diligente enseñanza, habían obtenido los cargos y las dignidades del ministerio rabínico. Se escandalizaron por su pobreza y le instaron a que dejara su duro oficio como alfarero y volviera con ellos como su maestro y padre. (6)

De 1904 a 1913, el rabino Efraím trabajó con Albert Edward Thompson como evangelista entre los judíos de Jerusalén. Thompson era el pastor de la Iglesia Americana de la Calle de los Profetas, que representaba a la Alianza Cristiana y Misionera (CMA) en el país. Sus actividades se concentraban en dos lugares de la ciudad: unas salas alquiladas en la calle Jaffa y un edificio conocido como “Tin Tabernacle” (“Tabernáculo de Hojalata”) en la calle de los Profetas. El local de la calle Jaffa ya había sido utilizado anteriormente por un misionero independiente para su trabajo entre los judíos, David Christopher Joseph, que se había trasladado de Londres a Jerusalén. Los judíos llamaban el local de Joseph la “sala de lectura” o “sala de los evangelistas de judíos”.

En este local, el rabino Efraím tuvo numerosas discusiones con los judíos por la identidad del Mesías. La mayoría de los visitantes acudían los sábados por la tarde, cuando terminaba el shabat, y las discusiones a veces se volvían tan acaloradas que terminaban de manera violenta. En una ocasión, el rabino Efraím fue apedreado por varios jóvenes exaltados contratados específicamente para ese fin.

Al darse cuenta de que no se podía conseguir nada con la violencia, los rabinos intentaron que Efraím volviera al redil de la comunidad judía mediante sobornos y maratónicas conversaciones en el Gran Rabinato de Jerusalén. Pero en lugar de capitular, Efraím demostró a sus oponentes que Yeshua es el Mesías, comprobándolo con la Biblia hebrea así como con el Talmud y el Siddur. (7)

Los esfuerzos de Efraím dieron sus frutos: varios rabinos llegaron a creer en Jesús, pero mantenían en secreto su nueva fe y se reunían en secreto en varias casas de Jerusalén. Algunos acabaron abandonando el país.

El rabino Efraím pasó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en Egipto. En una ocasión, visitó a su hijo Joseph, que vivía en Port Said–este odiaba a su padre por su testimonio abierto de Jesús, e incluso trató de matarlo.

Tras la guerra, Efraím regresó a Jerusalén, donde trabajó como portero en el Orfanato Sirio. Rentó un apartamento sencillo en las cercanías. Siguió dando testimonio del Mesías, incluyendo reuniones privadas en varios lugares de la ciudad. Los sábados evangelizaba en la sala de la calle de los Profetas a los judíos en búsqueda de la verdad; tenía una estrecha relación con varios habitantes de Jerusalén que también creían en Yeshua, entre ellos el rabino Jaim Yacobs.

Las numerosas aventuras del rabino Efraím se relatan en el libro Waiting for His Crown: A Biography of Rabbi Ephraim Eliakim of Blessed Memory, de Khalil Gabriel. Gabriel era un misionero árabe cristiano que trabajaba para la CMA y era miembro de la Casa de los Buscadores de la Verdad, hablaba hebreo con fluidez y conocía a Efraím personalmente. Era conocido por su simpatía hacia los judíos.

El rabino Efraím fue enterrado el 30 de agosto de 1930 en el cementerio protestante del Monte Sion, bajo el nombre Abu-Yusef Ephraim. Legó todas sus posesiones, incluidos sus libros, al Orfanato Schneller. Otro amigo árabe, el pastor Esber Domet (8), informó a la posteridad de que la última oración del rabino Efraím fue para que sean “fortalecidos la fe y el testimonio de la comunidad judía mesiánica secreta de Jerusalén”.

Traducido y publicado por cortesía de Messianic Good News, Johannesburgo, Sudáfrica, messianicgoodnews.org. El artículo se basa en: Gershon Nerel, Efraim Ben-Yosef Elyakim in Ottoman and Mandatory Palestine: from Rabbi in Tiberias to Disciple of Yeshua in Jerusalem, publicado en hebreo en: KIVUN 26 (2001) 14. Publicado en Internet en: www.iseeisrael.com. Copyright Gershon Nerel, 2016, con amable autorización.

(1) La “rendición” se entendía en aquel entonces como un acuerdo entre un Estado europeo y otro no europeo, por el que los europeos que vivían en el Estado no europeo quedaban exentos de su jurisdicción y pasaban a estar bajo la jurisdicción consular de su país de origen o de una potencia protectora europea.
(2) Sobre este detalle, véase la breve biografía de W.M. Christie, “The Tiberias Rabbi”, en Henry Einspruch (ed.), Would I? Would you? (Fundación Lederer, Baltimore, MD 1970), pp. 50-57.
(3) Talmud, tratado de Yoma 9b. Citado en la biografía de W.M. Christie.
(4) Compárese la biografía de Christie.
(5) El Orfanato Sirio fue fundado en 1860 por el docente y misionero Johann Ludwig Schneller y su esposa. Después de su muerte en 1896, sus hijos continuaron la obra (nota del traductor).
(6) Compárese la biografía de Christie.
(7) El Siddur es el libro de oración judío para la vida cotidiana (nota del traductor).
(8) Compárese la biografía de Christie.

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