¿Comienzo del fin de la comunidad judía de Europa?

Antje Naujoks

Mucho ya se ha escrito sobre la actual ola de antisemitismo en Europa, y a menudo, se ha planteado la pregunta en cuanto al futuro de una vida judía en Europa. Entre tanto, cierran las primeras asociaciones vecinales.

Cuando uno piensa en los judíos en Europa, se acuerda de una antigua comunidad judía de Italia, de la desaparición de la comunidad judía en la península ibérica a consecuencia de la Inquisición, o incluso de la persecución en el siglo XX por los nacionalsocialistas alemanes. ¿Pero quién piensa en la vida judía en Escandinavia? De hecho, Escandinavia no es un gran centro de vida judía de Europa, pero a Suecia, los judíos no llegaron recién después del tiempo de los nacionalsocialistas. Ya partir del siglo XVIII tardío, ellos pudieron establecerse en este país. Diversas restricciones correspondientes a estatus jurídico, libertad de circulación y propiedad inmobiliaria fueron aliviadas en 1854. A partir de 1870, se les otorgó derechos de ciudadanía. Ya en 1872, tuvo lugar la elección del primer diputado Riksdag judío, si bien las últimas restricciones –como son las del ascenso a puestos ministeriales– fueron revocadas recién en 1953. Suecia otorgó asilo a miles de judíos durante el tiempo de los nacionalsocialistas. Suficientemente conocida es la operación de rescate de 8,000 judíos de Dinamarca a Suecia en octubre 1943. En el presente, la comunidad judía en Suecia cuenta con alrededor de 20,000 miembros.

También en Suecia se propaga el antisemitismo. Ya en los años del 1920, aparecieron allí partidos fascistas, que después de 1945 primero quedaron en silencio. Sin embargo, en Suecia existió un gran movimiento que públicamente propagaba la negación del Holocausto. En los años del 1950, se formó un nuevo partido nazi en Suecia; en los años del 1960, hubo campañas antisemíticas, y en los años del 1980, se formaron nuevas corrientes de extrema derecha que hasta ahora están presentes en la vida pública. Por eso, no debe sorprender que en los años de este siglo, Suecia figure en el tercer lugar de los estados europeos en lo que se refiere a ataques de todo tipo, motivados por el antisemitismo. Por otra parte, la comunidad musulmana en Suecia está creciendo fuertemente desde el 2000. Y las encuestas muestran que a causa de eso uno se encuentra allí con resentimientos judíos ampliamente divulgados. Ante este trasfondo, la tercera ciudad sueca en tamaño, Malmö, con sus 330,000 habitantes, de los cuales, mucho más del 20 por ciento son musulmanes, recibió la atención del interés público e hizo que la prensa ya en 2010 titulara: “Malmö ahuyenta a sus judíos”. En 2004, vivían 1,200 judíos en esta ciudad, en 2010, todavía eran 700. Desde entonces, el porcentaje de los judíos residentes en Malmö disminuye anualmente en un cinco por ciento.

Eso también es sintomático para otras regiones de Suecia. Hay comunidades judías mayores en Estocolmo y Gotemburgo. De una vida comunitaria todavía se puede hablar en Helsingborg, Lund y Norrköping, por lo demás, se trata de una vida judía dispersa. Así también en la región de Norrland, con sus 85,000 habitantes, la región nórdica más escasamente poblada de Suecia, y su ciudad más grande, Umea. Los 50 judíos aquí residentes se organizaron en 2010 alrededor de un centro comunitario. Entretanto se ha vuelto a cerrar sus puertas –por temor a ataques neonazis, que han aumentado tanto que ya nadie quiere darse a conocer como judío. También cristianos que visitaban este centro comunitario para celebrar fiestas juntamente con los judíos, llegaron a ser blanco de ataques. Carinne Sjöberg fue la primera y última presidenta del centro comunitario Umea. Ella, profundamente afectada y frustrada por esta decisión de la federación de congregaciones judías del norte de Suecia, dijo: “Este es un golpe duro. Ya he llorado unas cuantas lágrimas”, si bien en vista del aumento de ataques comprende que los miembros prefieran mantenerse lejos de eventos públicos. No solo aparecieron grafitis diciendo “Sabemos donde viven ustedes”, también vidrios de automóviles fueron rotos, un retrato de Hitler fue introducido a escondidas en el centro comunitario, y además, se sabe de indagaciones que el movimiento neonazi pan-nórdico Nordiska Motstandsrörelsen realizó sobre los miembros. Definitivamente, se propagó el miedo cuando la policía declaró su impotencia: no se podría parar los ataques antisemíticos, ni identificar a los perpetradores, decía. Con esto, se apaga aquí una vida comunitaria judía, sin embargo, es tan solo cuestión de tiempo hasta que cada vez más judíos de esta como también de otras regiones no solo de este país nórdico, le den la espalda a Europa.

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