Belén se vuelve cada vez más musulmán

Mori Lidar

Dos mil dieciocho años después del nacimiento de Jesús, el número de cristianos residentes en su ciudad natal, ha llegado a un mínimo histórico.

Un hecho no puede ser negado: en el transcurso de muchos siglos, aun durante el dominio del Imperio otomano, Belén fue una ciudad cristiana. Este también era el caso cuando Israel, en 1967, conquistó Cisjordania, pasando esta ciudad a estar bajo la administración militar israelí. Esta imagen cambió de manera radical después de los Acuerdos de Oslo, a mediados de los 90. La ciudad de Belén quedó bajo el dominio de la Autoridad Palestina, y desde entonces, el número de cristianos residentes en la ciudad no solo está disminuyendo, sino que se reduce de forma dramática. En un tiempo, los cristianos representaban alrededor del 80% de los habitantes betlemitas, hoy son solo el 15%, y esta cifra tiende a seguir bajando de forma drástica.

Hay que admitir que la ciudad de Belén vive con dificultades a causa de las políticas de defensa israelí que se impusieron como consecuencia de la Segunda Intifada, ya que Israel se reserva, para su seguridad, el derecho a efectuar controles. Aun cuando hay todo tipo de coladeros, esto perjudica la vida diaria de la población. De seguro, esta situación influye en la consideración de mudarse a otro lugar, no obstante, los cristianos tienen en verdad otra razón para dar la espalda a esta ciudad: son perseguidos por los musulmanes radicales.

En Belén ocurren situaciones complicadas. Algunas historias de sufrimiento fueron publicadas hace poco en un informe del Jerusalem Center for Public Affairs (JCPA). De principio, debe tenerse en cuenta que los cristianos que residen en Belén son considerados ciudadanos de segunda clase por la vigente ley islámica (sharía). No solo las autoridades hacen difícil su vida, sino todo su entorno. “Las persecuciones están a la orden del día. Los cristianos pueden vender sus tierras y sus inmuebles tan solo a los musulmanes. Muchos cristianos que poseen comercios y empresas son extorsionados por bandas armadas a cambio de su protección”.

Como los cristianos no solo temen por sus posesiones, sino también por su seguridad física, muchos de ellos declaran de forma pública su solidaridad con la resistencia palestina. No se animan de manera alguna a criticar la Autoridad Palestina (AP) y pocos denuncian los acontecimientos que viven en las calles, el rechazo que enfrentan y la marginación masiva.

Esta persecución comienza con insultos propinados en la calle y escupitajos. Los ataques físicos son una rareza. “Nos escupen. A nuestras mujeres se las obliga a cubrirse la cabeza y, en Ramadán, existe el peligro de ser arrestados por la policía, si lo encuentran a uno bebiendo y comiendo durante el día. […] Ellos quieren deshacerse de nosotros, los cristianos, y nos obligan a vivir como ellos”, dijo Lina A., quien trabaja en la iglesia de Belén.

Otros habitantes de Belén contaron cómo en el tiempo de la Segunda Intifada, los comandos palestinos accedían a sus hogares para disparar desde los techos a los soldados israelíes. Cuando el fuego fue respondido, las casas dañadas eran las de los cristianos. Pasado el conflicto, estas familias intentaron pedir créditos a los bancos para las reparaciones, pero no se les otorgó. La razón: profesar la fe cristiana.

Son en verdad impactantes los informes sobre actos de violencia, violaciones y asesinatos. Estas personas son víctimas por el solo hecho de ser cristianos. En el informe de jcpa se publicaron noticias sobre violaciones de musulmanes jóvenes a mujeres cristianas, con el propósito de que “ya no sean puras para el matrimonio”. En otro caso, la exresidente Christy Anastas contó que su tía no quiso pagar una contribución especial, impuesta a los habitantes no musulmanes. A causa de su negación a pagar la yizia, fue fusilada públicamente a la entrada de su vivienda. Su sobrina huyó luego a Londres.

La AP no ignora, en modo alguno, estos procedimientos, pero prefiere mirar hacia otro lado. Por lo tanto, debe asumirse que esta situación seguirá empeorando aún más, de modo que la Belén cristiana muy pronto será tan solo un dato histórico.

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