Aprovechando la situación

Antje Naujoks

La Autoridad Palestina registró las primeras infecciones con coronavirus casi paralelamente con Israel. Muy interesantes, sin embargo, son los «productos secundarios» que son atribuidos a la pandemia.

Aun antes que Israel, la Autoridad Palestina (AP) anunció estar cerrando sus fronteras para viajeros extranjeros, lo que se debía a un brote de COVID-19 en Belén después de la estadía de un grupo de turistas griegos. Eso sucedió el 5 de marzo. Pero los palestinos no controlan sus fronteras por sí solos, y además allí no solo viajan turistas extranjeros que llegan casi exclusivamente a través del Aeropuerto Ben-Gurion. Como el volumen más alto en las fronteras se debe a asalariados palestinos que trabajan en Israel, también este país tomó la palabra en el asunto. El primer toque de queda fue decretado por parte de Israel y la administración militar israelí responsable, en coordinación con las autoridades palestinas. A mediados de marzo, los movimientos de los asalariados palestinos que a veces pasan la frontera diariamente –legal como ilegalmente– llegaron a ser un riesgo de salud para ambos lados. Por esta razón, el ministro de defensa israelí, Naftali Bennett, ofreció que los trabajadores palestinos que están ocupados en ramas económicas importantes, entre ellas en el sector de construcción y salud, al igual que en agricultura, podrían quedarse en Israel. Por lo demás, las fronteras fueron cerradas por COGAT –la oficina de coordinación para actividades gubernamentales en las regiones a cargo del ministerio de defensa israelí. 

Solo a regañadientes se mencionó ante el público palestino que el 18 de marzo 2020 Israel y la AP formaron un comité de crisis común, para coordinar sus medidas en la lucha contra la propagación del virus. Israel confirmó este paso, pero tampoco dio detalles. En lo subsiguiente, sin embargo, se pudieron percibir hechos muy diferentes que una y otra vez fueron tratados en detalle a banderas desplegadas: mientras que la mayoría de los casos de contagio registrados en las regiones dependientes de la AP surgieron de manera similar que en Israel –causados por viajeros internacionales– a más tardar desde el 21 de marzo, el caso de un médico proveniente de Hebrón, que se había infectado en el Centro Médico Hadassah en Jerusalén durante su trabajo, fue tomado como pretexto para ataques verbales masivos contra Israel. Esto se incrementó a causa de infecciones en el área de Jerusalén, donde confluyen muchas competencias, o al menos son requeridas por los palestinos. Además de esto, los palestinos repetidamente responsabilizaron a los miembros israelíes del ejército y a civiles israelíes de «haber arrastrado la peste a Palestina». 

Israel emitió instrucciones claras de que los colonos israelíes debían evitar totalmente los contactos con los palestinos, y además redujo las actividades de los inspectores israelíes en la zona C que depende de Israel. Eso tuvo consecuencias «interesantes». Si bien la AP estaba muy ocupada con el manejo de la crisis causada por la pandemia, esto no le impidió ampliar sitios e impulsar actividades de construcción ilegales. En la región Gush Etzion, al sudoeste de Jerusalén, la AP rápidamente creó supuestos hechos para oponerlos a las posibles implicaciones del plan de paz de Trump: según el plan estadounidense, en ese lugar se deben congelar no solamente las actividades de construcción israelíes, sino también palestinas. Durante los controles israelíes reducidos se aprovechó el tiempo para crear toda una zona residencial completamente nueva, lo que es tradición en la política de la AP: conquistar superficies abiertas a través de ese tipo de proyectos y confrontar a Israel con construcciones y hechos agrícolas a favor de los palestinos en la zona C, que con la aprobación palestina fue puesta bajo responsabilidad de Israel en el curso de los contratos de Oslo. 

Pero también sucedieron otras cosas que a su vez señalan en la misma dirección: la AP se esforzó mucho para crear hechos en el lugar. Que, al hacerlo, la AP también destruyera antigüedades, parece ser un producto secundario bien recibido, tal como sucedió en Tel Aroma en la región de Samaria. Por medio de la creación de una vía de acceso en este lugar, se destruyó los restos de una fortaleza y de cisternas de agua del tiempo de los asmoneos. En otra región de la Samaria bíblica, la AP temporalmente arrestó a arqueólogos israelíes, pertenecientes a una organización no gubernamental que realiza proyectos de cartografía de sitios antiguos en Judea y Samaria. Ellos se encontraban en la zona C sujeta a Israel, y querían hacer el catastro de un sitio mencionado tanto en la Biblia como también en el Talmud, que estuvo habitado continuamente hasta el tiempo de los otomanes, pero que nunca fue investigado por arqueólogos, sino que fue saqueado por ladrones de antigüedades. Más tarde los arqueólogos admitieron que les habría dado una sensación extraña que en una región en la que, según los acuerdos de Oslo, ni siquiera debería haber policías palestinos presentes, estos realizaran un control. A los arqueólogos israelíes no les sucedió nada, porque después de que ellos informaron al ejército israelí, los policías palestinos los liberaron en el próximo puesto de control. Pero aun así: también con estas y otras infracciones evidentes contra el status quo, en el que tanto les gusta insistir, los palestinos pudieron salirse con la suya.

ContáctenosQuienes somosPrivacidad y seguridad