Anexión: ¿qué significa eso?

Antje Naujoks

Con el nuevo gobierno israelí, el tema anexión es muy actual en la agenda. El mundo entero tiene una opinión sobre eso, pero solo en cuanto a un aspecto está de acuerdo entre sí: que está en desacuerdo si eso es bueno para Israel o no.

Si uno busca este tema en los medios de comunicación, se encuentra con aportes de redactores reconocidos israelíes como extranjeros, que ya con el título ejemplifican las diversas posturas: «Anexión de Cisjordania perjudicará a Israel» vs. «No, una anexión no dañará a Israel». Las opiniones son divergentes, y parece haber solo blanco o negro. Pero ¿de qué se trata en detalle?

Se trata de Cisjordania, que de la Biblia nos es conocida como las regiones de Judea y Samaria. Cuando a Gran Bretaña, en abril de 1920, se le dio el mandato sobre Palestina, este comprendía lo que comúnmente es denominado como «los dos lados del Jordán», es decir, una comarca de la que los sionistas revisionistas ya en aquel tiempo soñaban como el «Gran-Israel». En 1923, Gran Bretaña dividió la región, y así, al este del Jordán, surgió Transjordania, que se independizó en 1946. Como consecuencia, en el caso del plan de división de la ONU de noviembre 1947, ya no se trataba de esa región, ya que el Estado de Israel en 1948 fue fundado en el territorio adjudicado a los judíos, del que se retiró en el mismo año la potencia mandataria británica, presente allí hasta entonces. En la guerra de independencia, Israel conquistó varias comarcas y, después de diversos acuerdos de alto de fuego, disponía de un territorio continuo con excepción de lo que hoy se conoce como Cisjordania, al igual que la Franja de Gaza, regiones que luego en el curso de la Guerra de Seis Días de 1967, llegaron a estar bajo soberanía israelí. 

A través de los acuerdos negociados en los años 90 en Oslo, Cisjordania fue dividido en tres zonas: zona A bajo control palestino total, zona C sujeta exclusivamente a Israel, mientras que, en la zona B, Israel tiene el mando militar, y los palestinos en lo que respecta a derecho civil. Cuando el gobierno israelí habla de una anexión en cuanto a Cisjordania, no se refiere a la totalidad del territorio de Cisjordania. El plan de paz estadounidense, por ejemplo, prevé alrededor del 70 por ciento de Cisjordania para los palestinos. Después de la publicación del “Trato del Siglo de Trump”, Israel anunció querer anexar los asentamientos israelíes en la zona C. Eso también entró en el contrato de coalición, sobre el que se establece el nuevo gobierno israelí, de modo que este tema es sumamente actual. 

Es decir, que se trata de la anexión del Valle del Jordán, sobre la que ya reflexionaban políticos israelíes de renombre, como Yigal Alon, directamente después de la guerra de 1967. También los acuerdos de Oslo se refieren a esa región como estratégicamente relevante para la seguridad de Israel. Y aún en 1996 dijo al respecto Shimon Péres, el presidente de Estado, fallecido hace algunos años atrás, y quien recibiera el Premio Nobel de la Paz por su participación en el pacto de paz con los palestinos en Oslo: «Se debería convertir al Jordán en frontera militar, porque eso significaría que ningún ejército extranjero podría cruzar cómodamente el Jordán y amenazar a Israel…»

El Valle del Jordán es parte de la zona C bajo mando israelí, y que abarca alrededor el 62 por ciento del territorio total de Cisjordania. En la zona C –exceptuando a Jerusalén Este– viven unos 150 000 palestinos y casi 400 000 israelíes. En el Valle del Jordán, tomado en cuenta para una anexión (alrededor del 30 % de Cisjordania), viven 12 800 israelíes en varias docenas de asentamientos y puestos de avanzada. Ellos practican sobre todo la agricultura. Es aquí donde se produce el 38 por ciento de los dátiles israelíes; y la mayoría de todas las exportaciones agrícolas de Israel vienen de allí. La cantidad de palestinos residentes en el Valle del Jordán es difícil de poner en números, ya que las estadísticas palestinas no están actualizadas –otros dicen: más bien no son fidedignas– pero se puede partir de la base de unas 57 500 personas. La mayor concentración de habitantes palestinos (apenas 53 000) en el Valle del Jordán pueden ser hallados en Jericó y entorno, que es autónomo-palestino. Una anexión planificada afectaría a alrededor de 4500 palestinos. El primer ministro de Israel, Netanyahu, ya se expresó sobre esto también. Él sostiene que «a pesar de todo ellos no recibirán el derecho a la ciudadanía israelí». 

Si bien al mundo le gusta acusar a Israel de sueños imperialistas del Gran-Israel, las opiniones se dividen no solamente en el extranjero, sino también en Israel. En una encuesta realizada por Haaretz en marzo 2019, es decir, antes del primer ciclo de elecciones de la Knéset, el 30 por ciento de los encuestados no tenían una opinión al respecto, y el 28 por ciento estaba contra una anexión. Tan solo el 42 por ciento se expresaron a favor, no obstante, conforme a modelos políticos diferentes (con o sin derechos políticos para los palestinos afectados). En abril 2020, el 52 por ciento de los ciudadanos judíos y el nueve por ciento de los ciudadanos árabes se expresaron a favor de una anexión del Valle del Jordán, es decir que, en total, casi no había cambio en comparación con el 2019, y eso a pesar de que la implementación parece estar muy cercana. 

Mientras que, al embajador estadounidense en Israel, David Friedman, le gusta mucho expresarse (favorablemente) sobre el tema, el ministro de exterior Pompeo durante su visita en la primavera reprimió sus opiniones, aunque parece que internamente desea al menos evitar un proceder demasiado rápido. Bajo responsabilidad del Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, al igual que algunos de los Estados que consideran a Israel como espina en su costado, la UE ya discutió sobre sanciones para el caso de que Israel emprenda pasos concretos de anexión. Tampoco debería asombrar la postura de la Liga Árabe, la que tituló los planes de «crímenes de guerra», mientras trascendió que algunos Estados árabes moderados eventualmente «podrían mantener la tranquilidad» en asuntos de anexión. Para ellos, por intereses propios, tiene prioridad el tema de los reclamos iraníes de predominio frente a los asuntos palestinos, razón por la que podrían tratar de evitar una confrontación con los EE. UU. –y por consiguiente, con Israel. Hasta el Rey Abdallah prefirió callarse sobre el tema durante varias entrevistas, y por lo demás en mensajes dirigidos a Israel tan solo expresó sus «reparos». El presidente de la Autoridad Palestina, (AP) Mahmoud Abbas, de lo contrario, se descontroló. Una vez más anunció, rescindir a todos los contratos con Israel como también con los EE. UU. (vea sobre esto una noticia corta). 

Con respecto a la discusión de si un paso de este tipo daña o no a Israel, solo se puede sostener de manera sucinta, que no importa lo que Israel haga, siempre recibirá el enojo de otros. En el correr de los años, Israel aprendió a hacer lo que el liderazgo político considera bueno para el país. En Israel también ha aprendido a vivir con las consecuencias.

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