Acuerdo de reconciliación entre el Fatah y el Hamás

Antje Naujoks

Llevó diez años y requirió repetidos intentos. Esta vez los dos rivales lograron firmar un acuerdo, si bien muchas preguntas quedan abiertas y otros aspectos aún deben superar el banco de ensayos de la práctica.

¡El Fatah y el Hamás se han reconciliado! A primera vista, una noticia en la que se trata de dos entidades que ponen en orden sus relaciones una con la otra. Pero, naturalmente en esto no están involucrados solamente dos jugadores, ya que hubo un intermediario, Egipto, al igual que otros defensores de intereses particulares, entre ellos EE.UU. e Irán. Y al mismo tiempo también se debe mencionar a Israel (vea el siguiente artículo). Quien conoce las interacciones internas, no necesariamente se vio sorprendido que tanto el Fatah como también Hamás hayan albergado un creciente interés en una reconciliación. Lo sorprendente fue, sin embargo, que verdaderamente se lograra firmar un acuerdo. Aun así: muchos aspectos siguen sin aclarar. En el Cercano Oriente, muchas cosas cambian rápidamente, de modo que no existe ninguna garantía de que este acuerdo realmente llegue a perdurar.

La ruptura original entre el Fatah y el Hamás ocurrió después de las elecciones parlamentarias en enero de 2006, en las que el Hamás salió como ganador, lo que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmoud Abbas no quiso reconocer. Eso llevó a la disolución del parlamento y a un gobierno por parte de Abbas mediante decretos, sin que desde entonces se hayan realizado elecciones. En aquel entonces, primeramente intervino Arabia Saudita para mediar en la confrontación que entretanto era llevada a mano armada. El Acuerdo de La Meca firmado en febrero de 2007 duró solo unos pocos meses. Definitivamente se llegó a la ruptura y a la división de hecho de las regiones de la autonomía palestina, en las entidades separadas de Cisjordania y Franja de Gaza, cuando en el verano de 2007, el Hamás tomó el poder violentamente en la pequeña franja costera encerrada entre Israel y Egipto.

Otros intentos de reconciliación (2011/ 2012 y 2014) también fracasaron. Esta vez había mejores condiciones. Aun así se estancaron las negociaciones, lo que hizo aparecer a los egipcios, bajo cuyo patrocinio se firmó el acuerdo de reconciliación en El Cairo el 12 de octubre de 2017. Por un lado, el Hamás le hizo concesiones al Fatah sabiendo que un acuerdo podría mejorar la situación económica en la Franja de Gaza: la creciente crisis humanitaria es una razón considerable por la cual el Hamás no solo debe temer por su dominio, sino por su supervivencia. Al mismo tiempo, el acuerdo permite al Hamás, mejorar su relación con el poderoso vecino Egipto y así indirectamente cosechar una cierta benevolencia de EE.UU., que sigue viendo al Hamás como una asociación terrorista. Abbas, a su vez, vio la crisis humanitaria en la Franja de Gaza como trampolín para otra vez conseguir allí una influencia de poder para sí –hábilmente introducido a través de sanciones y siempre con un ojo puesto en el ex-rival del Fatah, Mohammed Dahlan, quien va ganando influencia. Este, en el pasado, había huido de la Franja de Gaza, pero regresó y se ha dedicado a ejercer presión en el interés de Egipto y de Abu Dhabi. No obstante, los comentadores opinan también que Abbas, a pesar de un alto grado de frustración, está impulsado por la esperanza de que en el horizonte político quizás todavía se pueda lograr algo en asuntos de la Solución Dos Estados.

De este modo, dos enemigos acérrimos se convirtieron en yunta, por motivos diferentes. Los intereses contrarios no son borrados por eso; un factor que se refleja en el contenido del acuerdo: habrá un gobierno de unidad nacional para Cisjordania y la Franja de Gaza bajo la dirección de la gente del Fatah, con miras a nuevas elecciones. Ambos partidarios de la reconciliación se han comprometido a no tomar decisiones unilaterales sobre la guerra o la paz con Israel, sin el apoyo del partidario. Si bien el control de los cruces fronterizos de la Franja de Gaza fue dado a la ANP, el Hamás insistió en seguir siendo responsable de la seguridad en la Franja de Gaza. Aun así, por ahora queda sin aclarar lo que sucederá con los 25,000 combatientes armados que trabajan a sueldo para el Hamás. Uno de los puntos más importantes, sin embargo, es que el Hamás no será desarmado y que así siguen en posesión de sus misiles –aproximadamente 12,000 piezas– por lo cual surge una situación que se parece a la del Líbano y que, en general, es denominada como el “Modelo Hezbolá”: para los que miran desde afuera es el gobierno quien tiene la dirección, pero el que realmente lleva la voz cantante es quien reina sobre las armas.

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