50 años de reunificación de Jerusalén

Antje Naujoks

En junio de 2017, se cumplieron 50 años desde la Guerra de los Seis Días y con esto, desde la reunificación de Jerusalén.

La guerra de los Seis Días transformó a Israel en un imperio. En unos pocos días – desde el 5 hasta el 10 de junio de 1967 – las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF), defendiendo su pequeño y todavía joven Estado, conquistaron un territorio cinco veces más grande que el área israelí dentro de las líneas de armisticio de 1949. Después de un golpe de prevención contra Egipto, Israel luchó también contra Jordania y Siria. El resultado influye hasta hoy en la situación geopolítica de Israel, a pesar de que el país devolvió la península del Sinaí en 1982 y se retiró de la franja de Gaza en 2005. Pero sigue presente en la meseta del Golán, que fue anexada en 1981, como también en Cisjordania.

Pero la conquista que más conmovió los ánimos, fue otra. Tuvo lugar ya al tercer día de las acciones bélicas: “¡El monte del Templo está en nuestra mano!”, fue el gran anuncio. ¡Jerusalén estaba reunificada, aquella ciudad en la cual se encuentra el lugar más santo del judaísmo, y que también es santa para los cristianos y para los musulmanes! Originalmente, los estrategas militares israelíes tenían un plan meramente defensivo para Jerusalén. Querían evitar que Jordania entrara en la guerra, sin embargo, ya el primer día, los soldados jordanos abrieron fuego contra Jerusalén occidental. Cuando se supo que las Naciones Unidas intentaban lograr una tregua, el liderazgo político de Israel decidió llegar antes hasta el corazón de la ciudad, la ciudad vieja con el Muro de los Lamentos y el monte del Templo. Alrededor del centro histórico y en muchas otras partes de la ciudad dividida desde la guerra de independencia israelí, hubo intensas luchas. Las tropas israelíes renunciaron al uso de armas pesadas, para cuidar los sitios de oración cristianos y musulmanes. Muchos soldados de las IDF pagaron esta decisión con su vida.

Los siguientes sucesos podrían llenar tomos enteros: soldados paracaidistas avanzaron, desde el monte de los Olivos, hasta el Muro de los Lamentos. Poco después llegaron el ministro de defensa, Moshe Dayán, el jefe de Estado Mayor, Yitzhak Rabín, y el primer ministro, Levi Eshkol, como también el rabino militar, Shlomo Goren, que tocó un toque de triunfo con el shofar (instrumento litúrgico hecho de cuerno de carnero o de antílope). La noticia de la presencia judía delante del muro de los Lamentos conmovió profundamente, no solamente a los soldados y civiles israelíes, sino a la comunidad judía en el mundo entero. En sus oraciones, los judíos en todo el mundo suelen dirigirse hacia Jerusalén. Rezan: “El año que viene en Jerusalén” – y se sienten lo más cerca de Dios cuando están delante del Muro de los Lamentos, único resto del antiguo recinto del Templo judío. Pero a pesar de que se había fundado – con muchos contratiempos y a la sombra del Holocausto – otra vez un Estado judío soberano y que Jerusalén había sido declarada capital del Estado de Israel en 1950, los judíos no tuvieron acceso a su santuario por 19 años.

Después de la guerra, Israel dispuso un reglamento para la ciudad, que hoy todavía, medio siglo más tarde, determina su diario vivir: el monte del Templo con sus edificios fue puesto bajo la administración musulmana autónoma (Waqf) y el Parlamento israelí promulgó una ley que permite a todos el libre acceso a los lugares religiosos. Otra ley extiende el derecho, la legislación y la administración israelí a toda Jerusalén, de manera que los palestinos que vivían en la ciudad (en aquel entonces 67,000) podían recibir cédulas israelíes si así lo deseaban. Al mismo tiempo, se iniciaron inmediatamente las obras necesarias, dirigidas por el legendario intendente Teddy Kollek. El gobierno municipal hizo sacar las barricadas y derribar los muros de separación. Las líneas telefónicas y los conductos de agua rotos fueron reparados. Se unificaron las redes de corriente y de teléfono de las dos partes de la ciudad y se reorganizaron la limpieza y el correo en Jerusalén del Este. Hasta diciembre de 1967, entre otras cosas, se construyeron 24 kilómetros de nuevas calles y se instalaron 1,200 faroles. Todo esto lo logró Kollek reforzando masivamente su equipo de colaboradores con empleados árabes de Jerusalén del Este. Se abrió el acceso al Muro de los Lamentos, de manera que se formó la explanada tal como se conoce hoy. Antiguos edificios judíos, que habían sido intencionalmente dañados o incluso destruidos, fueron renovados.

Pero además de estos cambios físicos, sucedió otra cosa. A nivel de las relaciones humanas, los habitantes de los dos lados de la ciudad comenzaron a investigar el mundo del otro lado. A nivel espiritual y religioso, fue de enorme trascendencia el hecho de que Jerusalén, ciudad de incomparable significado religioso, estuviera bajo autoridad israelí. Tuvo muchas consecuencias emocionales y sicológicas, pero también políticas. Los israelíes judíos y los judíos en el mundo entero reaccionaron con euforia, y se intensificó la inmigración a Israel. Muchos querían vivir en la ciudad del anhelo judío. Los barrios existentes fueron ampliados, se crearon nuevos barrios. Jerusalén, la ciudad anteriormente dividida, se despertó de su sueño de bella durmiente y se convirtió en una metrópoli, pasando con velocidad vertiginosa por diferentes etapas de transformación. A pesar de todo, aún 50 años después, se perciben todavía algunas huellas de la división del pasado en la ciudad.

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