40 años del Acuerdo de Camp David

Antje Naujoks

En los 70 años de su existencia, el Estado de Israel celebra un aniversario significativo, ya que en septiembre de 1978, el país pudo firmar el primer contrato de paz con un país vecino, un contrato que en aquel entonces pareció un milagro que prometía esperanza y que sigue hasta la actualidad.

La historia del convenio de 1978, acordado en Camp David, entre Israel y Egipto comienza algunos años antes. Como momentos cruciales precursores se debe mencionar lo siguiente: mientras que Israel, después de la victoria excepcional de 1967, se encontraba en un estado de ánimo eufórico, después de la Guerra de Yom Kippur de 1973, decayó en depresión nacional. Una pequeña parte de la sociedad se dedicaba a lo que llegaría a ser los principios del movimiento de colonización en Judea y Samaria, mientras que la mayoría estaban de duelo por caídos, se dedicaban a miles de heridos y luchaban con el trauma de la invencibilidad destruida. Estos y otros aspectos poco después mostraron sus consecuencias en las urnas electorales, ya que en 1977, se llegó a lo que los israelíes llaman Mahapach –cambio de régimen. Con Manájem Beguín como triunfador de las elecciones de la Knéset, por primera vez desde la fundación de Israel, llegó al poder el bloque de derecha conservadora del Likud.

Beguín tenía una historia de vida totalmente diferente a todos aquellos que antes de él estuvieran en la cumbre de Israel. Él nació en 1913 en Brest-Litowsk, huyó de los nacionalsocialistas a Vilnius, Lituania, solo para ser arrestado allí por los ocupantes soviéticos. En 1941, se presentó voluntariamente para las fuerzas de combate polacas bajo la Unión Soviética, y por vía indirecta, en medio de la Segunda Guerra Mundial, llegó a la región del mandato británico Palestina. Beguín se unió a un movimiento clandestino judío de derecha revisionista y fue responsable de acciones contra los británicos, entre ellas también por el atentado contra el Hotel Rey David en 1946. Por su pasado terrorista, los políticos e intelectuales principales en Israel lo condenaban, e incluso lo estigmatizaban, al adjudicarle una imagen fascista de extrema derecha. Esta imagen se afirmaría aún más cuando Beguín se sublevó al Acuerdo de Compensación con Alemania. No obstante, este hombre que perdió a padre y madre por la masacre del pueblo judío realizada por los nazis, también con respecto a otros temas tenía una opinión ideológicamente afirmada, que estaba embebida de su cosmovisión sionista-revisionista. Reblandeciendo la ideología de Gran Israel y aliándose con destreza, fue que, en 1967, primeramente llegó a ser un líder respetable de la oposición y en mayo de 1977, finalmente, primer ministro.

También en Egipto fueron años movidos. Solo tres años después de la derrota de 1967, falleció Gamal Abdel Nasser, quien como coronel del ejército, desde 1954 había dirigido los destinos de la joven república, y como defensor entusiasta del panarabismo, la caracterizó de manera duradera con su nacionalismo. Su sucesor Anwar al-Sadat, en 1971, se atrevió a adelantarse con una iniciativa de paz que, sin embargo, se quedó en los inicios. Sadat logró mejorar otra vez la imagen dañada de Egipto como Estado significativo de las naciones árabes, en lo cual también jugaba un rol que no solo su pueblo, sino también él mismo se volvieran al islamismo, considerándose a sí mismo como “implementador de una misión divina”. Él efectuó no solamente la desvinculación de Egipto de la Unión Soviética, sino que, al mismo tiempo y juntamente con Siria, hizo planes para una nueva guerra contra Israel para compensar la deshonra egipcia en los campos de batalla de 1967. Esto, en 1973 nuevamente, les costó la vida a incontables egipcios, sin aportar laureles militares al país. Además, Israel siguió presente en las regiones conquistadas en 1967. Con los EE.UU. de su lado, Sadat definitivamente inició una dirección nueva y retomó sus anteriores ideas de paz, lo cual en 1977, bajo el legendario ministro de asuntos de exterior de los EE.UU., Henry Kissinger, finalmente se convirtió en un legado de la administración Ford a la recién elegida administración Carter.

Si bien detrás de los bastidores también siempre hay otras personas que mueven las cosas, a menudo se necesita de precursores individuales que actúen como visionarios y que se arriesguen a dar pasos extraordinarios y valientes. Entre ellos, estaba Sadat con su discurso histórico ante el parlamento egipcio el 9 de noviembre de 1977, en el que manifestó su disposición de “ir hasta el fin de la tierra, incluso hasta Jerusalén, por la paz en el Cercano Oriente”. Dos días después, el primer ministro de Israel, Beguín, demostró una osadía similar al invitar a Sadat a la Knéset. Cuando se llegó a saber que Sadat viajaría a Jerusalén el 19 de noviembre de 1977, el mundo entero contuvo el aliento. En Israel, como también en Egipto, había personas que dudaban y otros que criticaban, al igual que los que desconfiaban y sospechaban un doble juego insidioso. Pero, en definitiv,a llegó a ser una visita histórica de un líder árabe en Israel, en aquella ciudad que les es sagrada a las tres religiones monoteístas del mundo. También dio un discurso ante la Knéset que fue percibido en el mundo entero. Sadat no se mostró humilde ni conciliador, ya que estableció exigencias egipcias irrevocables, como la “retirada de Israel de cada centímetro de la tierra ocupada” y la fundación de un Estado palestino.

En el verano 1978, los dos jefes de gobierno se pusieron de acuerdo en realizar una reunión cumbre en Camp David, EE.UU. Entre el 5 y el 17 de septiembre de 1978, ellos realizaron negociaciones con la intermediación del presidente de los EE.UU. Jimmy Carter. Dichas negociaciones fueron selladas con la firma de los Acuerdos de Camp David. El 26 de marzo 1979 Israel y Egipto firmaron un contrato de paz que continúa vigente hasta el día de hoy. Esto forzó a Israel en 1982 a una retirada de la Península del Sinaí, que nuevamente quedó bajo el mando de Egipto, no obstante, con presencia militar fuertemente reducida. Si bien Beguín y Sadat, aún en 1978, fueron condecorados con el Premio Nobel de la Paz, Sadat tuvo que aceptar que su país temporalmente fuera aislado en el mundo árabe (lo cual continuó más allá de su asesinato en octubre de 1981). Mientras tanto, Beguín, en su país, enfrentó la crítica porque muchos no querían realizar las negociaciones sobre la autoridad palestina pretendidas por los Acuerdos de Camp David. También hubo otros convenios de esos acuerdos que en realidad nunca fueron puestos en práctica, ya que entre los dos pueblos seguiría una “paz fría” que vio incontables altibajos políticos. A pesar de eso, el presente se caracteriza por una buena cooperación israelí-egipcia sin precedentes, entre otros, en el área militar y de seguridad.

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