“Ley almuecín” de Israel refleja todo el debate musulmán

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Recientemente, un nuevo proyecto de ley israelí removió los ánimos: la “ley almuecín” israelí, pensada para regular las condiciones del llamado a la oración musulmana.

En muchos países del mundo, desde el minarete, algún lugar elevado o la torre de una mezquita, cinco veces al día suena el Adhan, el llamado a la oración para los musulmanes. Este llamado a la oración es proclamado por el almuecín, y según los eruditos religiosos, tiene su origen en el profeta Mahoma en el año 623. En el islam se consideraron diversas posibilidades para llamar a los creyentes a la oración comunal prescrita–fuego, campana, gong, cuerno– pero finalmente se impuso el llamado del almuecín que “debe llegar a cada creyente”. Desde aquellos tiempos mucho ha cambiado, ya que en la mayoría de los casos ya no es el almuecín con el poder de su propia voz quien hace sonar el llamado Allahu Akbar. A menudo, se hace a través de grabaciones de sonido y, en casi todas partes, se utilizan sistemas de altavoz.

También en Israel, en muchos lugares, se escucha el llamado del almuecín, ya que alrededor de 1.5 millones de los ciudadanos son musulmanes (17%). Los horarios varían según las épocas del año. La primera vez, el llamado suena alrededor de una hora antes del amanecer, luego otra vez al mediodía, al igual que temprano en la tarde y en el atardecer, y una última vez una hora después de la puesta del sol. En 1988, Israel contaba con unas 80 mezquitas. En 2016 ya eran más de 400. En 1988, Israel tenía 4.5 millones de habitantes, de los cuales casi 620,000 eran musulmanes. En otras palabras: mientras que la población musulmana de Israel en los últimos 30 años se ha duplicado, el número de mezquitas se ha quintuplicado.

Israel cuenta con alrededor de 100 aldeas y pueblos árabes, y varias ciudades más grandes, como por ejemplo, Nazaret. A esto se agregan ciudades con población mixta, como Akko, Haifa, Jaffo, Ramla, Lod y Jerusalén. Israel no es grande y por eso se vive en las inmediaciones. Ese también es el caso de Jisr al-Zarka y Herzliya Pituach. La situación allí en cuanto al llamado del almuecín parece haber dado el puntapié para el proyecto de ley, asunto en el cual la prensa no olvidó agregar que parece que uno de los hijos del primer ministro Netanyahu, que vive en Herzliya Pituach, parece sentirse especialmente molesto. Por supuesto, también en el caso de esta ley entran la cosmovisión y la ideología en el juego, pero aún así también se puede establecer que en Israel se está llevando a cabo una discusión, que también está siendo coyuntural desde Marruecos hasta Indonesia.

A discusión están varios aspectos: a causa del masivo aumento de las mezquitas–no solamente en Israel–se considera unificar los llamados. Momentáneamente, también, las mezquitas vecinas comienzan el llamado levemente desplazados en cuanto a la hora, de modo que solamente se escucha una cacofonía. Esto va de la mano con el asunto acerca del volumen, ya que no solamente suenan muchos llamados, sino que los altoparlantes, en parte, calan hasta los tuétanos. En Israel, en algunas zonas, existen acuerdos entre lugares vecinos, pero no necesariamente es la regla, de modo que a los no-musulmanes, en el verano, el almuecín les interrumpe el sueño a las 4:30.

Precisamente este tema ya se discute en Egipto desde 2004. Diversos ministerios desean instituir un llamado unificado en cuanto a la hora, con el apoyo de los eruditos de la religión. Si bien esto hasta ahora ha fracasado, los eruditos de la universidad islámica Al-Azhar ponen el tema una y otra vez en la agenda – también con vista a la tolerancia frente a los ciudadanos cristianos. En Abu Dhabi, de 620,000 habitantes, hace mucho ya que un llamado unificado es reglamento. Un enfoque de ese tipo también es discutido nuevamente en la actualidad, con vehemencia, en Arabia Saudita, y también estuvo en el centro de un debate del parlamento tunecino a fines de 2016, cuyos legisladores, además, exigieron una reducción del volumen. En Indonesia, donde se cuenta con 800,000 mezquitas, en muchos lugares se llama a la oración por medio de golpes de gong. Y también los vecinos inmediatos de Israel, la Autonomía Palestina, están deliberando para algunas ciudades acerca de una unificación del llamado. Que en este tema también se interpone una cantidad de “orden jerárquico”, lo muestra Belén, ya que allí el almuecín grita con especial fuerza, solo para sobrepasar el sonido de las campanas de la Basílica de la Natividad.

En Israel, los partidos ultra-ortodoxos al principio se resistieron contra la ley, ya que en muchos barrios ultra-ortodoxos suenan sirenas y cantos fuertes para anunciar el comienzo del santo día de reposo, el Shabbat. A los representantes de esos partidos les gustaría que continúe resonando a discreción, de modo que no desean crear un precedente con la regulación del llamado del almuecín. Al cierre de redacción, aún no estaba claro cuales aspectos de la ley finalmente quedarán como reglas, pero una cosa sí está clara: lo que en los países árabe-musulmanes se encuentra en la agenda, a causa de la realidad de lo que ocurre, también es algo relevante en Israel.

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