¿Libre ejercicio de culto en sitios judíos en Cisjordania?

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En Judea y Samaria se encuentran sitios de importancia religiosa para las tres religiones monoteístas que existen en el mundo. Si tales lugares se encuentran en el área de influencia de la Autonomía Palestina (AP), entonces el libre ejercicio de culto no está garantizado, según muestran algunos acontecimientos recientes.

Muchos elogian a Israel como el único país del Cercano Oriente donde los cristianos no son perseguidos. Especialmente para los judíos, que en el transcurso de su historia de exilio una y otra vez se vieron privados del libre ejercicio de su religión, es importante que en Israel se les conceda este derecho a todos. Por esta razón, en la Declaración de independencia israelí, entre otra cosas, dice: el estado judío “garantizará a todos sus ciudadanos, sin diferencia de religión, raza o género, la igualdad de derechos sociales y políticos. Les asegura libertad de credo y de conciencia, libertad de lengua, educación y cultura, que tomará los Sitios Sagrados bajo su protección…”

Israel toma muy en serio la “protección de los Sitios Sagrados”, al igual que de los creyentes. Por consideraciones de la política de seguridad, cada tanto se tiene que limitar el acceso a lugares de importancia religiosa. El ejemplo más prominente es el Monte del Templo. Cuando se trata de Judea y Samaria, la situación es algo más compleja, ya que Cisjordania se divide en varias áreas de influencia. Donde Israel tiene el control exclusivo, el país trata de satisfacer a todos los credos, como por ejemplo, en las Tumbas de los Patriarcas en Hebrón, donde se tienen tiempos de oración separados para judíos y musulmanes. De este modo, Israel asegura el acceso a todos y, a su vez, puede garantizar la mayor protección posible.

Recientemente, una vez más se experimentó, dolorosamente, que ni la protección de los lugares religiosos, ni la de los creyentes, es tomada en serio por la AP, y mucho menos garantizada. Un lugar en la Zona A de Cisjordania que, tanto administrativamente como también en cuanto a la seguridad está sujeto a la AP, es Sebastia, a doce kilómetros al noroeste de Nablus, el Siquem bíblico. Cerca del moderno pueblito palestino Sebastia de 4,500 habitantes, se encuentran unos restos antiguos: las ruinas de Samaria, la capital del reino israelí del norte (décimo siglo a.C.), en la cual reinaron los reyes Omri y Acab, después de separarse del reino del sur hasta la destrucción de la ciudad por los asirios en el año 723 a.C. Este lugar antiguo, con herencia cananea, israelí, helenística, herodiana, romana y bizantina, fue destruido y reconstruido una y otra vez. Es sagrado tanto para judíos y musulmanes, como también para los cristianos, quienes en el tiempo de las cruzadas establecieron allí la sede del obispo del reino de Jerusalén.
Este sitio que, después de la Guerra de Independencia de 1948-49, cayó bajo dominio jordano y en 1967 bajo control israelí, es hoy el Parque Nacional Sebastia, y está bajo control de las autoridades israelíes para la preservación de la naturaleza y los parques. Tanto arqueólogos jordanos como israelíes han investigado allí. Es un lugar digno de verse, y de importancia histórico-religiosa, que no obstante – como indican las autoridades israelíes responsables – solamente puede ser visitado en coordinación con las autoridades de seguridad. En otras palabras: los visitantes tienen que ser protegidos por las Fuerzas Armadas Israelíes (IDF). En el verano de 2016 se descubrieron vestigios de vandalismo en ese lugar. Arutz Sheva de Israel National News informó que algunas columnas y capiteles antiguos fueron dañados con grafitis en lengua árabe, una columna de mármol fue derribada, y fueron destruidas algunas lápidas de sepulcros. Además se descubrieron daños hechos por medio de cubiertas incendiadas, y en el hormigón usado para fijar una barra metálica, en la que desconocidos a veces levantaban una bandera palestina por las noches. El arqueólogo Dr. Avraham Faust, de la Universidad Bar-Ilan, dijo acerca de esto: “Esta ciudad sirvió por 150 años como capital de Israel. Incluso es mencionada en los escritos asirios. Es una ciudad con herencia cultural judía y cristiana, que nos une con el mundo entero. Me duele ver los daños causados por este vandalismo”.

Mientras que aquí “solamente” se trató de daños materiales, poco después, en las cercanías de este lugar, también algunas personas fueron dañadas. Tampoco esto es algo nuevo en la Tumba de José. Este sitio, entre los montes Guerizín y Ebal, en la periferia de la ciudad de Nablus, es un lugar de peregrinaje judío desde el siglo IV d.C, pero también es considerado santo por samaritanos, cristianos y musulmanes. Esto, no obstante, no detiene a estos últimos de profanar el lugar y, como sucedió en 2015, hasta incendiarlo. Antes y después de esto, los judíos que desean orar, mayormente ortodoxos, visitaron y visitan la Tumba de José. Los 16 ómnibus con ultra-ortodoxos de Breslau, que se pusieron en camino en acuerdo con las autoridades israelíes, coordinando con lugares palestinos y bajo la protección de la IDF, fueron bombardeados con piedras y bombas molotov. Además, a lo largo del camino se incendiaron llantas. Un soldado israelí sufrió heridas de bala.

Ese tipo de escenarios se repiten, a pesar de los acuerdos hechos con la AP, pensados para asegurar a los israelíes el libre acceso a este lugar en la zona de la Autonomía Palestina. En 2011, el Jasidim de Breslau Ben-Josef Livnat, sobrino de la ex ministra Limor Livnat, perdió la vida debido a disparos de las fuerzas policiales de la AP. Esta vez no hubo presencia de la policía palestina, a propósito, porque así no serían responsables pese a los acuerdos contractuales.

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