Satanismo después de clases

Dr. Ron J. Bigalke

Muchos se imaginan a los satanistas como adoradores ocultos de Satanás, pero de hecho existen diversos tipos de satanistas, y muchos de ellos a menudo son fanáticos adversarios de las religiones que ni siquiera creen en el Diablo.

Jesse Irvin Overholtzer ya en su niñez reconoció su pecaminosidad. Pero a pesar de haber nacido en un contexto religioso, se le decía que todavía era “demasiado pequeño” para orar y poder comprender el mensaje de salvación. Después de vivir ocho años en tinieblas y rebelión contra Dios, a los 20 años entregó su vida al Señor Jesucristo. Más adelante, Overholtzer llegó a ser pastor y defensor de la firme convicción de que los niños sí están en condiciones de entender el evangelio, si les es explicado correctamente. Por esta razón, en 1937, creó una organización para la evangelización de los niños, llamada “Child Evangelism Fellowship”.

Inicialmente, en las escuelas públicas en EE.UU. se acostumbraba utilizar la Biblia para enseñar a leer a los niños. Los valores cristianos en aquel tiempo eran un fundamento importante para una buena ciudadanía y también para tener buenos gobiernos. Se consideraba a la Biblia como el medio central para trasmitir a los niños los valores morales correctos, y educarlos para ser buenos ciudadanos. Siguiendo esta idea, Child Evangelism Fellowship fundó los “Clubes de Buenas Nuevas”, que se reunían en las instituciones educativas después de clase para predicar el evangelio a los niños. Actualmente existen más de 3,500 clubes de este tipo en escuelas públicas en EE.UU. y más de 42,000 en el mundo entero.

Pero la influencia de Child Evangelism Fellowship le molestó a un grupo denominado The Satanic Temple (“El Templo Satánico”), y por eso sus miembros decidieron abrir un “Club de Satán” en cada escuela pública donde existía un Club de las Buenas Nuevas. Los directores del grupo se jactan de ya haber abierto clubes en nueve Estados de EE.UU., y de tener otros en planificación. Desde principios de 2016, los directores del Templo Satánico siguen la estrategia de infundir su “sabiduría” entre los niños que asisten a la educación primaria.

Los miembros del Templo Satánico enfatizan que ellos no están interesados en “predicar una religión o seguir las inclinaciones malas que se consideran parte del símbolo de Satanás o del Diablo”. En lugar de enseñar a los niños a adorar al Diablo, los clubes de Satanás se concentrarían en enseñar “sentido común, ciencia y libertades individuales”. Un miembro aclaró: “Lo que más nos gustaría sería no ver nada de religión en las escuelas, pero como la idea cristiana ya está presente vamos a las escuelas en las que después de clase se ofrecen programas cristianos, y ofrecemos un programa satánico”. Los clubes de Satanás en realidad tienen por objetivo sacar todo tipo de programas religiosos después de clase, al señalar la supuesta contradicción entre la laicidad de la educación estatal, y los  derechos especiales que poseen ciertos grupos religiosos en estos ámbitos educativos. De esta forma, el motivo para la implantación de los clubes de Satanás es en realidad la oposición a “la religión en las escuelas”. Detrás de esto, se encuentra un grupo que trabaja con la meta de suprimir del área pública toda ceremonia religiosa, como por ejemplo, la que se realiza en las reuniones del Concejo.

Lucien Greaves (quien nació bajo el nombre de Doug Mesner), uno de los cofundadores del templo satánico, opina que “es de enorme importancia que los niños entiendan que para cada tema existen diversas perspectivas, de manera que ellos puedan formar su propia opinión”. Los miembros del Templo Satánico creen que Satanás es solo un constructo metafórico que simboliza la sublevación contra la subyugación tiránica de la mente humana. Los representantes del templo rechazan toda forma de lo sobrenatural y están convencidos de que la racionalidad científica promueve una realidad más constructiva.

En el contexto del litigio que ocurrió en la escuela Milford Central, en 2001 el Tribunal Supremo de EE.UU. emitió un juicio en relación con el Club de Buenas Nuevas de ese lugar; el dictamen señalaba que una prohibición de la oferta de programas religiosos en las escuelas infringiría contra el derecho de libertad de expresión. Por demás, la facultad de los clubes de realizar actividades religiosas no iría en contra de la cláusula introductoria del primer artículo adicional a la Constitución de Estados Unidos, que reza como sigue: “El Congreso no puede decretar ninguna ley que tenga como propósito la introducción de una religión de Estado”. De este modo, se les permitió a los Clubes de Buenas Nuevas (así como también a los exploradores y otros clubes) reunirse en las escuelas públicas después de clase para fomentar el “desarrollo moral y personal” de los niños.

En 2014, el Tribunal Supremo decretó que las oraciones que se hacen comúnmente en EE.UU. antes de comenzar las reuniones de los gobiernos locales, tampoco infringirían contra el arriba mencionado artículo adicional “mientras no se favoreciera o difamara ninguna religión, y los habitantes no fueran obligados a participar”. Se enfatizó que todo otro fallo habría sido equívoco y habría llevado a que “funcionarios gubernamentales y judiciales actuaran como ‘vigilantes y censores de expresiones de opinión religiosa’, al declarar todas las oraciones de ese tipo como inconstitucionales”. Los miembros del Templo Satánico intentaron atacar el fallo ofreciendo realizar sus propias bendiciones y oraciones al comenzar las reuniones. Una ciudad reaccionó a la propuesta suprimiendo totalmente la oración de apertura, de manera que el Templo Satánico consiguió su objetivo en ese caso.

Los cristianos estadounidenses deberían saber que el “muro de separación” entre la religión y el Estado en realidad fue creado para prohibir que el gobierno se inmiscuyera en asuntos religiosos, y no para mantener alejadas del gobierno las influencias religiosas. Los padres fundadores de EE.UU. conocían la necesidad de la religión cristiana como base moral para la sociedad. Por esta razón, su propósito inicial era impedir que el recién fundado gobierno federal se inmiscuyera en las convicciones y prácticas religiosas de los diversos Estados federales. Estos no querían que su derecho de imponer o prohibir una religión pasara al gobierno federal de EE.UU.

Todos los cristianos del mundo deberían saber que Dios ha previsto roles y responsabilidades específicas para la iglesia y el Estado. Ninguna de las dos instituciones debe controlar a la otra o aliarse con ella. El dominio de Cristo en la era presente está separado de la esfera política. No obstante, los cristianos han recibido de Dios la orden de servir como “columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:15), al proclamar las enseñanzas bíblicas, tanto en la esfera política como también en las demás áreas en las que Dios les da influencia. La iglesia puede y debe asumir sus derechos religiosos, siempre y cuando se someta a la autoridad de la Palabra de Dios, la inspiración del Espíritu Santo y el dominio de Jesucristo.

¿Qué es en realidad el satanismo? ¿Será una religión que compita con el cristianismo, en la que se adora a un ser sobrenatural? Como se desprende de lo dicho por los miembros del Templo Satánico, muchos satanistas no creen que Satán exista realmente. Ellos son ateos que opinan que la ética y la moral no son más que constructos subjetivos humanos. Desde su cosmovisión, los satanistas en realidad adoran el yo; son en cierto sentido “ego-teístas”. Aun  sin considerar a Satanás como ser existente, la promoción que realizan los satanistas de todo lo malo y lo que no es santo (en contraste con lo bueno y santo) corresponde con la descripción bíblica de la adoración al Diablo. El satanismo se define básicamente a través de una serie de negaciones: todo lo que tiene que ver con satanismo se encuentra en contraposición al cristianismo. Mientras la humanidad viva en rebelión contra Dios, las declaraciones del satanismo seguirán siendo atractivas para aquellos que están fascinados por lo trascendental y aman su inmoralidad.

El satanismo es un tema que muchos prefieren ni tratar. Es una religión filosófica que se remonta a muchas fuentes. Entre ellas está el culto vudú, el Club Hellfire (“Fuego del Infierno”) de Gran Bretaña e Irlanda en el siglo XVIII, o la magia ceremonial de Aleister Crowley. Lo que distingue al primer satanismo del satanismo moderno es su organización en una iglesia y su apertura a la práctica de magia. Estos desarrollos comenzaron en la década del 1960 cuando Anton Szandor LaVey fundó la Church of Satan (“Iglesia de Satanás”) e incluso redactó una “biblia satánica”.

El Templo Satánico se distingue de las convicciones de LaVey en que sigue sus propios fundamentos y principios. El más importante es la toma de decisiones lo más auténticas y racionales posible, sobre la base de los conocimientos científicos actuales. Además, el Templo Satánico se opone al autoritarismo del satanismo de LaVey, ya que eso se contradice con el concepto de la soberanía personal. Los representantes del Templo también rechazan toda percepción trascendental del universo como la encontramos en el edicto de LaVey, donde él exhorta a los lectores a conocer “el poder de la magia”.

Los cristianos nunca deben conciliarse con el mal. El  apóstol Pablo jamás aceptó callada o pasivamente la idolatría, a pesar de visitar muchas ciudades paganas. Cuando estuvo en Atenas “su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría” (Hch. 17:16). La presencia del mal llevó a Pablo a enfrentarse con “judíos y piadosos” para defender al Dios vivo. Dios da fuerzas a Su Iglesia para presentarse como testigos valientes y mantenerse firmes contra las artimañas del Diablo (Hch. 1:8).

Aun así, la Iglesia tiene que ser “prudente como serpiente y sencilla como paloma” (Mt. 10:16). Eso significa que no debemos caer en la trampa del Templo Satánico y sus Clubes de Satán. Deberíamos reconocer las funciones de la iglesia y el Estado, las cuales fueron dadas por Dios; parte de eso es el mandamiento y privilegio divino de influir en el gobierno, y cuidarnos de aquellos que quieren quitar de las escuelas estatales todo indicio de religión. En definitiva, toda persona que cree en Jesucristo tiene que darse cuenta por sí misma de que ni el racionalismo científico ni el ignorar a Satanás pueden reemplazar la luz y la verdad del evangelio. Los miembros del Templo Satánico dicen que creen en algo solamente si puede ser comprobado; a ellos se les presenta la maravillosa posibilidad de estudiar las “muchas pruebas” (Hch. 1:3) que figuran en la Biblia. Estas les permitirán acercarse a las Sagradas Escrituras de manera racional y examinar por cuenta propia las declaraciones de la muerte y resurrección de Jesucristo.

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