Lo que es importante en cuanto a una traducción de la Biblia

Thomas Lieth

Las traducciones no-literales, ¿son del diablo? Algunos pensamientos.

La Biblia es la palabra inspirada de Dios, no obstante, el original (el texto original) ya no está a disposición nuestra. Ya solamente existen copias. El texto básico en que se basan las traducciones usuales, por lo tanto, ya no es inspirado textualmente. Eso significa que lógicamente todas las traducciones ya no son inspiradas de forma literal. No existe una traducción de “Casiodoro de Reina” inspirada por Dios y, si bien existe una Biblia revisada por Cipriano de Valera, no es una traducción Reina Valera inspirada. Pero, naturalmente, podemos confiar en que el Espíritu Santo mismo protege la Palabra de Dios y que, en las traducciones bíblicas a nuestra disposición, bien podemos hablar de la “Palabra de Dios”.

Eso significa que todo traductor debe ser consciente de su gran responsabilidad al traducir la Palabra de Dios de buena fe a un idioma y una forma correspondientes. Y todo aquel que toma en serio a Dios, sabe de esta responsabilidad. Por esta razón, tampoco deberíamos denominar ciertas traducciones de la Biblia de malas o incluso de “no-bíblicas”, solo porque quizá provengan de círculos que no nos agradan tanto. Por ejemplo, hablo aquí de una traducción pura o también de una transmisión, y no de comentarios, notas e introducciones (tampoco de si esta o aquella traducción contiene los escritos deuterocanónicos, los apócrifos). Lo mejor sería poder leer el texto original, porque este sería auténtico e inspirado por Dios. Sin embargo, este ya no está disponible. La segunda mejor opción es leer la Biblia en su lengua original, es decir, en hebreo, arameo y griego. ¡A divertirse!

De modo que las traducciones son necesarias, si queremos asegurar que todas las personas puedan leer la Palabra de Dios, aunque eso sea más fácil decirlo que hacerlo. Traduzca, por ejemplo, esto: “It’s raining cats and dogs”. Esto es inglés. Ahora consulto en mi diccionario inteligente y noto que eso simplemente significa: “Llueve gatos y perros”.

Si esta frase estuviera en la Biblia, me haría reflexionar bastante. ¿Se trata de un milagro? ¿Es un error de imprenta? No, nada de eso. Solamente traduje mal, a pesar del diccionario. En este ejemplo, vemos que una traducción literal no necesariamente es una traducción buena. Porque, de qué sirve una traducción literal, si el sentido y la declaración reales se pierden totalmente, y nadie sabe lo que realmente quiere decir. Bien traducido, de manera correcta y conforme al sentido debería decir: “Llueve a cántaros”, o mejor todavía: “Está lloviendo muy fuerte”.

Del mismo modo, hay algunos términos del tiempo de la Biblia que, sin los comentarios correspondientes, son difíciles o imposibles de entender; como por ejemplo la expresión: “ceñid vuestros lomos”. ¿Quién puede entender a lo que se refiere?

“Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos” (Éxodo 12:11). “Ahora ciñe como varón tus lomos” (Job 38:3). “Estén ceñidos vuestros lomos…” (Lc. 12:35). “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (Ef. 6:14).

Para realmente poder entenderlo, deberíamos, ya sea conocer el trasfondo cultural e histórico, o estudiar la literatura avanzada que nos explique el sentido de esta declaración. Es así, como en algunos comentarios se puede leer, que en aquel tiempo en los países orientales se ponían un cinturón en la cintura para sostener la vestimenta larga y amplia cuando una persona quería caminar o correr con rapidez. Ante este trasfondo podemos comprender mejor el sentido, es decir la verdadera declaración. Cuando dice, por ejemplo, que los lomos deben estar ceñidos, quiere decir algo así como: ¡estad listos! De ahí que es totalmente legítimo si una traducción también tiene en cuenta estas realidades.

Por eso, la Biblia Nueva Traducción Viviente lo traduce de la siguiente manera: “Cuando coman esa comida: estén totalmente vestidos” (Éx. 12:11). “Prepárate, muestra tu hombría” (Job 38:3). “Estén vestidos, listos…” (Lc. 12:35). “Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad” (Ef. 6:14).

Si bien esta traducción está errada en cuanto a la traducción literal, reproduce lo que fue declarado. La Biblia contiene un lenguaje normal en el cual Dios les habla a Sus criaturas; y como tal, también debe ser comprendida por todas las personas, independientemente de su cultura y lengua. El texto bíblico debería ser traducido según el sentido en que fue hablado. Seguramente, también Martín Lutero en el día de hoy usaría una formulación diferente de la que usó en el siglo XVI. Al menos, no creo que también en la actualidad se usarían algunos de los términos que usó en ese entonces. Justamente fue Martín Lutero quien en su tiempo dijo: “Se debe preguntar a la madre de la casa, a los niños en las calles, al hombre común en el mercado, y mirarles la boca para ver cómo hablan, y traducir de acuerdo con eso; así ellos lo entienden y se dan cuenta de que uno habla con ellos en su idioma.”

La fidelidad al texto, es decir el sentido, la declaración de la frase, es lo esencial. Por eso, también en nuestra lengua, disponemos de las traducciones bíblicas más diversas, en lo cual me parece que no es tan importante quién haya editado y apoyado esta traducción, sino si, en ese caso, se trata de una traducción “buena”; es decir, una que hace el intento de ser muy exacta y lo más cercana posible al texto original, pero que también satisface la demanda de ser comprensible para la gente de la cultura y lengua correspondiente. En esto, también se debe diferenciar entre si simplemente quiero lograr una traducción bíblica que sea leída y comprendida, o si está pensada para un estudio bíblico más profundo y avanzado.

Fue por eso que los que querían traducir la Biblia a la lengua de los esquimales se encontraron ante un gran desafío. ¿Cómo se podría traducir, por ejemplo, el “buen pastor” para personas que están acostumbradas a cazar animales, pero no a cuidarlos? Además de eso, las ovejas eran animales totalmente desconocidos en esas regiones. Los traductores decidieron convertir el “buen pastor” en un “niñero para perros de trineo”, y el Cordero de Dios se convirtió en una foca. Por supuesto, que esa no fue una traducción “buena” y quizás ni siquiera una traducción realmente exitosa, pero fue el intento de transmitir a los esquimales la Palabra de Dios de manera comprensible. Por supuesto que no puede uno quedarse con esta “leche”, y como continuación y profundización en la Palabra de Dios, se deben explicar e interpretar los términos correspondientes.

Resumiendo: para seguir con el estudio bíblico, una traducción debe estar lo más cercana posible al texto original, pero cuando se trata de alentar a una persona a que siquiera comience con la lectura de la Biblia, las traducciones en la “lengua actual”, es decir en la lengua correspondiente del país en cuestión, tienen su justificación.

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