¿La cruz debe desaparecer?

Norbert Lieth

El Apóstol Pablo se esforzó por presentar a la gente a Jesucristo (Gá. 3:1). Hoy por hoy hay “clérigos” que se esfuerzan por quitar a Jesucristo de delante de la gente. Una postura al respecto. 

El 4 de mayo de 2019 apareció en el diario nacional suizo Tages-Anzeiger un aporte con el título: “Dios debería ser tachado de la Constitución”. El simbolismo cristiano ya no estaría acorde con los tiempos presentes para el Estado suizo. El aporte provenía de un ex sacerdote católico que fue inhabilitado profesionalmente, y más adelante fue pastor reformado y publicista. 

Le damos la razón a este aporte en que, a pesar de que está la referencia a Dios en la Constitución, casi no hay político que realmente le importe Dios. Todo más bien se trata de los intereses políticos propios. Aun así, al autor se le fue la mano al enfatizar que el cristianismo sería solamente un factor de interpretación entre muchos, y que el occidente cristiano unido sería del pasado. Entre otros por esta razón habría que eliminar la referencia a Dios. 

Pero el artículo continúa. Según él, también hay otro símbolo que debería ser puesto en debate: la cruz sobre el techo del edificio del parlamento. Esta haría pensar en un profeta con un programa humanista, y además habría sido considerado como instrumento de tortura de los imperialistas romanos. ¿Qué pensamientos pasarían por las mentes de hombres y mujeres suizos al mirar la cruz, pero sin pertenecer al cristianismo? Justamente los miembros del cristianismo deberían lograr tener más comprensión para las minorías, para judíos, musulmanes, ateos, librepensadores. “También aquí vale: ¡la cruz debe desaparecer!”. 

¿Un pastor que quiera sacar a Dios de la Constitución? ¿Qué quiera que se quite la cruz? ¿Que sí comprende a judíos, musulmanes, ateos y librepensadores, pero no al cristianismo? ¿Un pastor que vea a Jesús tan solo como un profeta con un programa humanista? ¿Qué evidentemente no pregunta lo que piensan los cristianos cuando se les quita la cruz? 

Justamente la cruz es la señal de la salvación para judíos, musulmanes, ateos y librepensadores, y eso que no es tanto la cruz en sí. Muchos murieron en una cruz. ¡Se trata más bien de ese hombre, de Jesucristo el Crucificado, de Su cruz!

Todas las representaciones de la cruz están para hacernos recordar que el Señor hizo eso por amor. Debajo de esta cruz no hay marginados. Aquí todos son aceptados. Aquí el Hijo de Dios extiende Sus brazos e invita a todos a salir de la perdición de la culpa y del pecado para llegar al perdón; a salir del poder de la muerte a la vida eterna. Quizás sea esta la razón por la cual todo tipo de personas la usa, incluso aquellos de quienes pensamos que no les queda bien. Pero sí queda, porque Dios ama a todas las personas, piensa en todas y quiere a todas. Eso es lo que un pastor debería predicar y a eso debería llamar la atención. Él debería entonar una canción de esperanza, en lugar de tocar el tambor en la gran orquesta de los que niegan a Dios. 

Siempre habrá creyentes en Jesús y personas bíblicamente orientadas, y estos tendrán un rol cada vez más importante. “Cuando los señores de este mundo se hayan ido, vendrá Jesucristo”, dice un cuadro. El cristianismo, según la Palabra de Dios, no pertenece al pasado, sino al futuro. Ya ha habido otros que quisieron quitar el cristianismo de en medio, pero el cristianismo se deshizo de ellos. Juan Calvino anota en su Unterricht in der christlichen Religion (Enseñanza en la religión cristiana), en el capítulo 1 del libro IV:

“Todos los elegidos de Dios están en Cristo representados como unidos entre ellos, para que ellos, como están unidos a una cabeza, también en cierto modo sean unidos para ser un cuerpo, y ellos viven en esa sumisión juntos como los miembros del mismo cuerpo; ellos verdaderamente se han vuelto uno, como los que viven juntos en una fe, una esperanza, un amor, en el mismo Espíritu de Dios y que no solo han sido llamados para la misma herencia de la vida eterna, sino también a participar en ese un Dios y un Cristo. Aun cuando ahora una desolación triste, como se nos presenta de todos lados, parece testificar en voz alta que no queda más nada de la iglesia, debemos saber que la muerte de Cristo lleva su fruto y que Dios guarda su iglesia de manera maravillosa, por así decirlo, en oscura clandestinidad. Es como se le dijo a Elías en su tiempo: ‘Pero haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal’ (1 Reyes 19:18). […] El hecho es que, de este modo, nuestra salvación se apoye en fundamen
tos seguros y firmes, de tal modo que, aun cuando todo el edificio del mundo comenzaría a tambalearse, estos mismos no se pueden derrumbar.” 

Más que nunca, el Jesucristo crucificado y resucitado tiene que ser puesto en el centro y debe ser levantado entre la humanidad. Oramos por políticos con orientación cristiana, pero no solamente por ellos. Sin relación con el Dios vivo y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el mundo está condenado al fracaso. 

“Así dijo Jehová: ‘Paraos en los caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino. Andad por él y hallaréis descanso para vuestra alma.’ Mas dijeron: ‘¡No andaremos!’” (Jer. 6:16). “La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Co. 1:18). 

Cuando el Apóstol Tomás miró las palmas de las manos de Jesús, esas palmas marcadas por los clavos de la cruz, exclamó: “¡Mi Señor y mi Dios!” (Jn. 20:28). Que muchos aún puedan llegar a ese conocimiento. Cuanto más uno lo comprenda, tanto más amará también a sus prójimos, no importando la procedencia de estos.

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