Israel, un pueblo muy especial - Parte 7

Thomas Lieth

A causa de la hambruna, y gracias a la posición de José en el reino del faraón, fue que los israelitas llegaron entonces los israelitas a Egipto.

“Salió Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme heme aquí. Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos. Y se levantó Jacob de Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños y a sus mujeres, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo. Y tomaron sus ganados, y sus bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia consigo; sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y a toda su descendencia trajo consigo a Egipto” (Gn. 46:1-7).

Poco antes de su muerte en Egipto, Jacob (Israel) le dijo a José: “He aquí, yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres” (Gn. 48:21). De esta manera, Dios había prometido que el pueblo de Israel regresaría algún día a Canaán, la Tierra Prometida.

Antes de morir, Jacob dio la bendición a sus hijos (Génesis 49). A su hijo Judá, le impartió una bendición especial, porque de su linaje vendría el Mesías, el Rey y Salvador del mundo: 

“Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿Quién quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos” (Gn. 49:8-10).

Esta es la razón por la que José, al final, pudo decir finalmente a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Gn. 50:20).

Recordemos esto: sus hermanos querían matarlo, sin embargo, Dios cambió esta mala intención en un buen resultado. Y parece que el único en comprenderlo había sido José, pues tuvo que animar a sus hermanos, diciéndoles: 

“Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los que no habrá ni arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Gn. 45:5-8).

¡Qué paralelo con Jesús el Mesías, quien más tarde provendría del linaje de Judá! Así como los hermanos pensaron mal contra José y Dios lo volvió para bien, así también pensaron y piensan los hombres contra Jesús. Lo llevaron a la cruz con el objetivo de matarlo, de la misma forma en que estos hermanos quisieron matar a José. Pero Dios lo cambió para bien, siendo que este Jesús es quien da la vida eterna a los hombres. José salvó la vida de su familia y Jesús ofrece vida eterna a toda la humanidad. ¡Qué Dios!

Incluso después de la muerte de Jacob (llamado por Dios Israel), la de José y la de sus hermanos, la historia de Dios con Su pueblo siguió su curso.

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