El regalo de las riquezas inescrutables

Norbert Lieth

Es la corona de las cartas de Pablo. En ella encontramos maravillas que sobrepasan toda imaginación. Una introducción corta a las riquezas inescrutables del Cristo en la carta a los efesios. 

Un hijo está sentado al lado del lecho de muerte de su padre. Le pregunta: “Padre, ¿tienes un deseo que yo te pueda cumplir?”. Y el padre responde: “Por favor, mi hijo, léeme otra vez la carta a los efesios”. Ellos llegan solamente hasta el capítulo dos cuando el padre fallece. Pero estos dos capítulos dicen lo esencial sobre la situación eterna del cristiano. 

El Dr. Ulrich Wendel, en la Biblia de Orientación, escribe sobre la carta a los efesios lo siguiente: “La carta a los efesios habla con entusiasmo de la plenitud y de la riqueza que los cristianos tenemos en Jesucristo […] Los cristianos tienen un futuro maravilloso por delante, futuro del que el Espíritu Santo en ellos de cierto modo es el anticipo.” – “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13-14). 

A la carta a los efesios se le podría llamar “la corona” de todas las cartas apostólicas. Porque en ella son presentadas todas las bendiciones en Jesucristo en su forma suprema. Juntamente con la carta a los filipenses y la carta a los colosenses, la carta a los efesios también es descrita como el “corazón” de la literatura neotestamentaria. Otros llaman estas cartas también las “cartas de la perfección”, porque ellas “completan” lo que en las cartas anteriores de Pablo fue presentado como verdad fundamental.  

Arno C. Gaebelein escribe: “La revelación más alta y más gloriosa que le gustó al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo dar, la dio a través del Apóstol Pablo. Las dos cartas de la prisión a los efesios y los colosenses representan esta compleción de la Palabra de Dios. Entre ellas, la carta a los efesios toma el primer lugar. La revelación que es dada en esta carta sobre los pecadores creyentes, que Dios a través de la sangre de Su Hijo salvó y les dio en Él la posición más alta, es por lejos la revelación más sublime. Dios revela Su propio corazón de amor y proclama por medio de Su Espíritu, cuánto nos ha amado y ha pensado en nosotros antes de poner el fundamento del mundo. Él muestra la riqueza de Su gracia, y ahora revela un misterio que Él tenía escondido desde los tiempos antiguos (cap. 3:9). ¡Cuánta riqueza hay en eso! Tal como Dios mismo, también esta revelación que proviene de Su corazón lleno de amor, es inagotable. Podemos hablar de la carta a los efesios como de la carta rica de Dios, quien en Su misericordia nos cuenta de las riquezas abundantes de Su gracia en bondad hacia nosotros en Cristo Jesús (cap. 2:7). Pero aún esta afirmación no agota ni la mitad de la gloria que contiene esta carta maravillosa. La carta a los efesios es el documento mejor y más sublime de Dios. Incluso Dios mismo no puede decir más de lo que dijo en esta compleción de Su palabra.”

Y Henry Alford, a quien Gaebelein también cita, opina que: “Quien estudia la carta a los efesios o también la Biblia, la revelación de Dios, no debe pensar que puede pasar rápidamente por los versículos. No debe sentirse desilusionado, si el fin de semana todavía trata con el mismo pasaje o quizás con el mismo versículo. Aprenderá a apreciar y evaluar los contenidos, por medio del poder del Espíritu, poco a poco, penetrará más profundamente a través la superficie, y logrará tomar en su mano uno y otro hilo ramificado, hasta que finalmente recoge el hilo principal desde donde se ramifican todos los demás y donde todos se reúnen. Entonces se alegra de su premio, está más profundamente arraigado en la fe y ha captado aún más la verdad como esta es en Cristo. Y como el maravilloso efecto del Espíritu de la inspiración sobre el espíritu del ser humano en ningún otro lugar de las Escrituras es más obvio que en esta carta, aquí más que en otra parte se necesita la mentalidad espiritual que reconoce las cosas del Espíritu.” 

El versículo clave de la carta es Efesios 3:8: “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.”

La carta que fue redactada por Pablo entre el 60 y 62 d.C. en la cárcel, probablemente haya sido una circular que era propagada más allá de Éfeso en las iglesias de la provincia de Asia. La carta no contiene ningún encabezamiento personal o saludos especiales a hermanos en la fe, como es el caso en otras cartas de Pablo. Y en algunos manuscritos antiguos importantes también falta en la línea del saludo el destinatario: “en Éfeso” (Ef. 1:1). No obstante, todos los manuscritos griegos contienen el título “A los efesios”. Juntamente con las cartas a los filipenses y los colosenses, la carta a los efesios está entre las cartas de Pablo escritas desde la prisión en Roma (Ef. 3:1; 4:1; 6:20). Si bien la carta a Filemón también fue escrita en la prisión, la misma tiene un objetivo diferente y es muy personal. 

Aparentemente no hay ninguna razón negativa como ocasión para la carta a los efesios. No es una carta de corrección como la que les fue escrita a los gálatas; no una carta de respuesta a problemas o preguntas como las escritas a los corintios o a los tesalonicenses; su objetivo no es una situación eclesiástica determinada, ni advierte de peligros especiales como la carta a los colosenses; tampoco es una carta personal como las cartas a Timoteo, Tito o Filemón. La carta a los efesios tiene un estilo general, adecuada a toda situación y todas las circunstancias. Ella proclama la verdad sublime sobre la iglesia compuesta de judíos y gentiles como el cuerpo de Cristo con Cristo como cabeza (Ef. 1:23; 2:16; 3:6; 4:4,12,15; 5:23,29-30). 

Pablo, en la carta a los efesios, trasmite una carga doble: primero desea recordar a los cristianos, sus bendiciones espirituales incalculables en Cristo Jesús. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef. 1:3). En la carta a los colosenses, por ejemplo, el énfasis está en la grandeza y gloria de Cristo, mientras que en Efesios, en la grandeza y gloria de aquellos que creen en Él. Segundo, Pablo desea inspirar a los creyentes con esto a poner en práctica su vida de fe. “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Ef. 4:1). En los primeros tres capítulos se trata de la voluntad y los consejos de Dios con respecto a la salvación (1-3), y los últimos tres capítulos giran alrededor de la voluntad de obedecer del ser humano (4-6). 

Un tema clave es “en” o “por medio” de Cristo y la elección en Él (1,3-13,20). Se trata de las bendiciones celestiales de la Iglesia, los consejos eternos de Dios con respecto a la Iglesia, Sus misterios en cuanto a la Iglesia y la posición celestial de la Iglesia. En esto Pablo revela cinco verdades especiales sobre las regiones celestiales: son una región de bendición (1:3), de poder (1:19-20), de tranquilidad (2:6), de manifestación (3:10) y de victoria (6:12). 

La carta a los efesios trata menos con la iglesia local (que en las cartas pastorales, por ejemplo), sino mucho más con la iglesia universal como cuerpo de Cristo. Por esta razón, es que Pablo casi no habla de las ordenanzas para la iglesia. 

Nada menos que en el tiempo en que Pablo estaba preso fue que él escribió las cartas “más maravillosas” con las verdades y revelaciones más profundas, dirigidas a los efesios, los filipenses y los colosenses. Si bien físicamente preso, Pablo vivía en total libertad del espíritu. “… en cadenas… con denuedo” (Ef. 6:20). Ese es un mensaje en sí mismo. Una vez Pablo escribió: “… en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa” (2 Ti. 2:9). Todo tiene que servir para glorificar a Dios. Fue así que Jesús dijo, que todo lo que sucede glorifica a Dios (Jn. 13:31). Frente a Pedro Él incluso enfatizó, que la muerte de este glorificaría a Dios (Jn. 21:19). 

En la oscuridad de una cárcel fue que Pablo recibió la luz más sublime con respecto a verdades celestiales. En la estrechez de su esfera de actividad, Dios le dio el espacio más amplio del conocimiento. En la cautividad, el Señor le revela la libertad más suprema de los hijos de Dios. Eso seguramente también es una situación intencionada y usada por el Espíritu Santo, para darnos a conocer que los cristianos no tienen promesas terrenales (contrario al pacto antiguo y a Israel), sino promesas espirituales y celestiales. En las cartas de enseñanza se puede leer muy poco de que nos debe ir bien, pero mucho sobre sufrimiento, persecución, hambre y desnudez, escasez y muerte, hostigamiento y tentación. El objetivo de las promesas no es que aquí en la Tierra nos vaya bien. Más bien hablan primordialmente de los bienes y las bendiciones espirituales en las regiones celestiales y en la eternidad.  Alguien dijo muy acertadamente: “El cristianismo no es de esta creación. Pertenece a la eternidad.” 

Lo que Dios hace, lo hace por amor y misericordia. Y a través de estas revelaciones en la carta a los efesios, Él quiere alentarnos para nuestra vida aquí en la Tierra. Él quiere que ya ahora le tomemos el gusto a la eternidad, lo que se iguala a un aperitivo previo a la comida principal. Y para esa gloria ya nos ha sido dado el Espíritu Santo como prenda y garantía de nuestra herencia. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13-14).

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