Varias interpretaciones

Fredi Winkler

Las declaraciones que hace la Biblia no siempre son fáciles de entender. A veces, su lenguaje no debe ser comprendido en sentido literal porque usa figuras o símbolos para expresar una verdad. En Éxodo 19:4, por ejemplo, Dios dice a los israelitas que los sacó de Egipto “sobre alas de águila”. Es lógico que no hay que tomar esto literalmente, y lo mismo ocurre con muchas otras afirmaciones en la Biblia. Normalmente es fácil notar cuándo habla en sentido literal y cuándo lo hace en sentido figurado; pero existen pasajes que hay que estudiarlos bien para interpretarlos correctamente. Un ejemplo de esto es Deuteronomio 6:6-8, donde se les indica a los israelitas que aten la Ley “como señal en sus manos” y que esté “como frontal entre sus ojos”.

Con el correr de los siglos el judaísmo comenzó a interpretar este pasaje literalmente, y se crearon las filacterias, que son las cintas con las cuales se atan unas cajitas que contienen pasajes bíblicos en la mano y en la frente durante la oración matinal. De esta manera, este importante pasaje bíblico se convirtió en un ejercicio religioso. Sin embargo, el versículo 6 nos muestra que se trata de algo mucho más profundo, pues allí dice que las palabras de Dios deben estar “sobre el corazón” o “en el corazón”. “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando”, traduce la NVI.

Nuestro corazón debe estar compenetrado con la Palabra de Dios para que todos nuestros hechos (lo que hacemos con nuestras manos) y todo lo que asimila nuestra mente (mayormente lo que entra por los ojos) sea filtrado por lo que dice la Biblia. La Palabra debe ser en nuestro corazón el filtro que determine lo que tendrá entrada y lo que dominará nuestra mente.

Por eso cuando nos encontramos con pasajes difíciles, es importante consultar otros pasajes similares para poder entender mejor su significado. Aplicando este método al pasaje de Deuteronomio 6, encontramos exactamente las mismas afirmaciones en Éxodo 13:9 y 16. Estudiando el contexto podemos comprender que la señal en la mano y delante de los ojos (es decir, sobre la frente) servía como recordatorio de los días festivos y de las tradiciones relacionadas con ellos. Las fiestas debían recordar una y otra vez a los israelitas y a sus hijos las grandes obras que Dios hizo por ellos, para que le temieran y le obedecieran.

Por ejemplo, cada año en la fiesta de Pascua los israelitas tenían que recordarse de las maravillas que Dios hizo en Egipto, cómo Él los sacó con gran poder de aquella tierra. Pero Jesús le dio un nuevo significado a la última cena de Pascua que celebró con sus discípulos. A partir de su muerte y resurrección, ya no se trata de recordar la liberación de Egipto sino de muchísimo más: de la liberación del “gran faraón”, de Satanás, en cuyas manos estaba hasta aquel momento el “imperio de la muerte”, como dice Hebreos 2:14.

Hoy en día cada vez más cristianos piensan que deben regresar a las fiestas bíblicas del Antiguo Testamento, como la Pascua judía y otras. Sin embargo, estas fiestas son solamente figuras de lo verdadero y perfecto: Jesús llegó a ser el perfecto y definitivo cumplimiento de la liberación de Israel de Egipto. Además de su significado para Israel en aquel entonces, estos eventos tenían un carácter profético, anunciando lo que acontecería más tarde a través de Jesús, el perfecto Cordero de Pascua.

La redención que trajo Jesús no es solamente para el pueblo de Israel (como fue en aquel entonces en Egipto), sino que se ofrece para toda la humanidad, tal como dijo Juan el Bautista cuando vio a Jesús venir a él: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Parecería que al regresar a las fiestas del Antiguo Pacto se le estaría quitando la honra a Aquel que la merece toda: al Señor Jesucristo. Él es el cumplimiento de todas las esperanzas que se vislumbran a través de las fiestas del Señor en el Antiguo Testamento.

En la última fiesta de Pascua Jesús puso el pan y el vino como imagen de su muerte, que nos haría recordar lo que Él hizo por nosotros. Su obra encontró su culminación en la resurrección; esta sería para los creyentes en Cristo el gran hecho que sobrepasaría todos los demás hechos. El día en el cual recordamos la resurrección debe ser para nosotros la fiesta de fiestas, que sobrepasa todas las demás fiestas.

También nosotros tenemos la inclinación a hacer de lo secundario lo principal, olvidándonos de lo más importante. Por eso debemos considerar las Escrituras incluyendo los pasajes que hablan de Israel, pero siempre en su gran contexto, en el cual Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino al mundo para rescatarnos, Él es el centro absoluto.

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