Unidad

Thomas Lieth

El 3 de octubre, Alemania celebra el Día de la Unidad Alemana. Sin embargo, el país sufre una creciente discordia y desunión. La sociedad está dividida en cuestiones de justicia y libertad—los frentes políticos se endurecen. Por otra parte, en muchos lugares donde las personas se confiesan cristianas, prevalece lo contrario a la moral de Cristo. Se está muy lejos de la unidad por la cual el Señor clamó en Su oración sumosacerdotal: “…para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:21).

En lugar de moverse por un amor fraternal, muchos son impulsados por las contiendas y las mutuas acusaciones. El malestar social ha llegado hasta las puertas de las iglesias. Muchos cristianos son seguidores de sí mismos, de “Pablos”, de “Apolos” o de “Cefas”, perdiendo su enfoque en Cristo; el hombre está en el centro. Los seguidores del Cordero reivindican sus derechos y arremeten como toros. No se ve en ellos ni rastro de la mansedumbre del Salvador. Como exhortó el apóstol Pablo a los gálatas: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gá. 5:15).

Los creyentes compiten por ser más bíblicos que los otros, pero no caen en la verdad de lo poco bíblicos que son todos. En muchos lugares la situación es similar a la de los antiguos corintios, a los cuales Pablo tuvo que reprender con las siguientes palabras: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer […]  Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Co. 1:10, 12, 13).

Solo podemos sentir vergüenza.

El Cielo nos muestra el verdadero significado de la unidad. Allí, en medio de la gloria divina, rodeado de ángeles y de ancianos celestiales, está el Cordero inmolado: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado […]” (Ap. 5:6). Donde Jesús, el Crucificado, ocupa el centro, allí hay unidad.

Donde todos se dirigen hacia Él, donde Su trono gobierna nuestros corazones, donde Su sacrificio ha llegado a ser la base para el perdón, la unidad es posible. Pablo dijo en Efesios 4:2: “…con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. ¡Esto es lo que queremos!

Encontré un poema que expresa este mismo sentimiento:

Aunque distinto el hermano, 
en un mismo deseo andamos.
Aunque con diferentes andamios, 
El mismo Reino edificamos.
¡Abramos, pues, el corazón, 
y al egoísmo digamos adiós!
En la eternidad cantaremos a una voz 
una misma y única canción.

¡Maranatha, ven, Señor nuestro!

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