Una solución para la paz en el Medio Oriente

Fredi Winkler

En su primera visita al exterior el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, visitó Medio Oriente. También fue así con su predecesor, Barack Obama, después de su reelección; sin embargo, las circunstancias en aquel entonces eran muy diferentes.

El presidente Trump viajó primero a Arabia Saudita para encontrarse allí con los jefes de Estado de gran parte de los países árabes y musulmanes, e invitarles a unirse en la lucha contra el islam militante extremista y su actividad terrorista. Hasta el presente, la propia Arabia Saudita ha fomentado una de las formas más extremistas del islam, pero hoy el reino sunita se ve a su vez amenazado por el islam radical a través de EI y Al Qaeda, y ve su mayor peligro en Irán y en el islam chiita.  Por esto, Arabia Saudita está dispuesta a participar de una coalición contra el terrorismo a la que incluso pertenecería Israel.

En esta situación condicionada por el islam radical, el presidente Trump considera tal unión como una oportunidad única para llegar a una solución de paz para Medio Oriente (Israel y los palestinos incluidos) con el apoyo de Arabia Saudita y de los Estados árabes moderados. En ocasión de su breve estadía en Israel, Trump visitó la iglesia del Santo Sepulcro y el Muro de los Lamentos, algo nuevo y único en la historia de las visitas oficiales a Israel; pareció querer sentar un precedente con esto. Significativamente, después de la visita a Israel, viajó al Vaticano para encontrarse con el Papa.

En su discurso en Arabia Saudita, llamó a las tres religiones más importantes (islam, cristianismo y judaísmo) y también a todas las demás, a trabajar juntos en busca de la paz en este mundo.

¿Sería posible que el presidente de Estados Unidos, bajo las circunstancias actuales, lograra una solución de paz para el Medio Oriente, y especialmente entre Israel y los palestinos? Hay indicios que hablan a favor de ello, pero la Biblia nos dice que antes de que sucedan los últimos acontecimientos del tiempo final, si bien se logrará una paz, será solamente aparente. En el Nuevo Testamento, Pablo escribe: “Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina” (1 Ts. 5:3). Y en el Antiguo Testamento, en el conocido capítulo 38 de Ezequiel, leemos tres veces que el violento asalto contra Israel se llevará a cabo en un momento en que los habitantes del país morarán confiadamente y con seguridad (vv. 8.11.14).

Estos pasajes bíblicos nos muestran que, antes de los últimos sucesos que desembocarán en el regreso de Jesucristo con poder y gran gloria, reinará una situación aparentemente tranquila y segura en la tierra y, según Ezequiel, especialmente en el país de Israel.

Aunque nos parezca improbable y hasta imposible que haya un arreglo de paz entre Israel y los palestinos, debemos atenernos a la Palabra de Dios: Todo lo que está escrito, se cumplirá, la Palabra de Dios no puede ser abrogada (Mateo 5:17-19).

En Israel, especialmente de parte del primer ministro Benjamín Netanyahu, se pone mucha esperanza en el presidente estadounidense. Si bien es verdad que Israel ve con preocupación las ventas de armas de Estados Unidos a Arabia Saudita y a otros países árabes, recibió con satisfacción la aseveración de Trump de que EE.UU., y especialmente su propia administración, harían todo para garantizar la seguridad y superioridad militar de Israel.

Es fascinante ver cómo Dios cumple Su Palabra profética, y lo hará hasta en el mínimo detalle aunque parezca imposible.

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