Una sola oportunidad

Mark Hitchcock

«Una sola vida, ya pronto terminará,  Sólo lo que fue hecho por Cristo quedará.»
C. T. Studd

«Con la muerte ponemos nuestra firma debajo del retrato de nuestra vida. La pintura se seca. El retrato está acabado. Esté listo o no.»
Randy Alcorn

El famoso Espectáculo del Oeste Salvaje, de Buffalo Bill, hizo una gira por Europa en los últimos años del siglo XIX, y en 1899 llegó a Berlín, Alemania. Al igual que en otros países europeos, también el pueblo alemán llegó por miles para ver el espectáculo. Donde fuera que actuaran, el show con sus diversos números llegaba a ser un éxito rotundo, aunque ningún número se comparaba a los de Annie Oakley. Ella medía menos de 1,50 m y era conocida como «Pequeña Tiradora Segura», un nombre que le fue dado por Sitting Bull. Ella le ganaba a cada francotirador masculino que se animara a desafiarla. Oakley tenía muchos trucos increíbles en su repertorio. Entre ellos estaba, perforar naipes tirados al aire, o darle a una moneda lanzada al aire a 24 metros de distancia. Otro de sus números principales era, mirar en un espejo y darle a una manzana puesta detrás de ella. Ella fue una de las primeras súper estrellas femeninas en el negocio de los espectáculos. 

Uno de los números de rutina de Annie era, tirarle a la ceniza en la punta de un gran cigarro encendido en la boca de otra persona. El acto comenzaba con Annie pidiendo un voluntario del público. Como puede imaginarse, nadie se levantaba, y su esposo Frank Butler, que se encontraba entre los espectadores, pasaba al frente. 

Cuando el Espectáculo del Oeste Salvaje actuó en Berlín, Annie, como de costumbre, pidió a los presentes presentarse para el truco del cigarro. Esta vez alguien se presentó voluntariamente: nadie menos que el Emperador Guillermo II de Alemania. Antes que alguno de su corte tuviera oportunidad de convencerlo que no lo hiciera, el Emperador Guillermo II se paró, tomó un cigarro y se lo puso en la boca. Annie Oakley sabía demasiado bien a lo que se había metido. El Emperador encendió el cigarro en su boca, y Oakley apuntó con su colt 45. Ella tiró el gatillo, la bala salió disparada y le quitó la ceniza a la punta del cigarro, solo unos centímetros de la cara del emperador. 

Aproximadamente quince años después, el Emperador Guillermo II hundió al mundo en el caos de la Primera Guerra Mundial. Después de comienzo de la guerra, Annie Oakley le escribió una carta al emperador, en la que pedía la oportunidad de un segundo disparo. Ella nunca recibió una respuesta. 

Del mismo modo como Annie Oakley, también nosotros solo recibimos la posibilidad de un tiro en lo que respecta a nuestra vida en la Tierra. No hay ensayo general. No hay otro intento. Debemos jugarnos el todo por el todo con ese único tiro, porque cuando la vida haya pasado, viene el juicio para todos (Heb. 9:27). Si bien nuestra vida terrenal es corta, cuenta para toda la Eternidad. Como dice Tim Chester: «Nuestra vida es solo un momento, un respiro. Un único tictac del reloj. Un abrir y cerrar del ojo. Chasquear una sola vez con los dedos. Se recibe una vida, una oportunidad. Sin repetición, sin rebobinar. ¡No viva usted para el momento, viva para la Eternidad!» 

Lo que importa: “…cada creyente tiene una oportunidad de llevar su vida, oportunidad que un día será examinada y premiada por el Señor, y el resultado de esa evaluación tiene consecuencias tremendas para nuestra vida en la Eternidad– lo que hacemos ahora tiene consecuencias irreversibles para nuestra perpetuidad. Lo que hacemos, pensamos y decimos conlleva consecuencias duraderas. Por eso tiene que darlo todo con su vida. De ese único tiro que usted tiene, debe sacar el máximo. Lo que usted hace con ese tiro tiene efectos profundos y eternos sobre su vida”. 

Podemos llamarlo el Principio de la Recompensa o la Ley de la Recompensa. 

Dicho en pocas palabras: la vida que usted lleva hoy, determinará su vida en la Eternidad. 

No permita que estas palabras le pasen de largo, sino que puedan fijarse en su manera de pensar y resonar en su corazón. Como usted vive, piensa y actúa hoy y cada día, repercutirá en su existencia por siempre y eternamente. La manera en que usted hace su trabajo, ama a su cónyuge, educa a sus hijos, ayuda a necesitados, comparte sus medios financieros, ama a otras personas y vence tentaciones, determina el curso de su vida en las eras sin fin que aun se encuentran delante de usted. 

La vida que usted lleva hoy, determinará su vida en la Eternidad. 

Tomado de: Recompensas Celestiales,  págs. 15-17.

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