Una lenta, pero creciente división

Fredi Winkler

Aquí en Israel puede observarse una lenta, pero creciente división en la población. Esto se debe a la polarización entre la izquierda y la derecha, por un lado–y la de religiosos y seculares, por otro. Es así que no hubo un resultado claro en las últimas elecciones, por lo que comienza a hablarse de una quinta y pronta ronda de elecciones.

El pueblo judío siempre ha sufrido divisiones internas. Podemos verlo ya en el Nuevo Testamento con los fariseos y saduceos, aunque también entre los esenios y herodianos (un grupo más bien político).

El domingo de ramos, cuando Jesús, habiendo salido desde el monte de los Olivos, entró a Jerusalén montado sobre un asno, la multitud le aclamó gritando “hosanna”. Pocos días más tarde exclamaron a toda voz “¡crucifícalo!”. Muchas veces escuchamos la afirmación de que eran las mismas personas, aunque lo considero poco probable.

Algunos hechos suelen pasar inadvertidos. Según Lucas 19:37, la multitud que aclamaba a Jesús se componía de sus seguidores. Por otro lado, los peregrinos que llegaron desde Galilea para la celebración de las fiestas, acampaban en el monte de los Olivos, siendo ellos quienes alabaron al Señor cuando entró a Jerusalén rodeado por sus discípulos, y no los habitantes de la ciudad.

Estos mismos buscaron a Jesús entre los peregrinos antes de la celebración de la Pascua (Juan 11:55-56). No habían visto al Señor durante meses, pues se había retirado de la vida pública, evitando que los líderes religiosos lo detuvieran antes de tiempo. Es entonces que, viendo llegar a Jesús, prorrumpieron en júbilo junto a Sus discípulos.

Según los evangelios, Jesús solo subía a Jerusalén durante las fiestas más grandes, pues en ellas los líderes religiosos no se atrevían a detenerlo por miedo a una revuelta del pueblo, que lo amaba (Lucas 19:47-48). Es precisamente por esto que decidieron arrestarlo y condenarlo durante la noche, en el momento en que todos dormían. Cuando los peregrinos, que partieron desde el monte de los Olivos, llegaron por la mañana a la ciudad, ya todo había pasado.

Aquellos que gritaron “¡crucifícalo!” no eran los mismos que exclamaron “hossana”, pues ahora se trataba de una turba de Jerusalén incitada por los sacerdotes.

En el nuevo Estado de Israel, la actividad política de los judíos religiosos fue muy moderada al principio, hasta que luego de la guerra de Yom Kipur tuvieron una creciente participación en esta área, al punto de desempeñar un papel dominante en la vida política actual. Las coaliciones lideradas por Benjamín Netanyahu deben su formación al apoyo de los partidos religiosos. Hoy día, han llegado a ser un factor determinante, pero también uno de discordia. Por un lado, pretenden ser decisivos en el rumbo político del país, pero por otro, no están dispuestos a compartir las cargas con los partidos no religiosos–esto ha despertado en los partidarios de estos últimos una creciente amargura, la cual tiende a transformarse en odio.

Cuando entre los judíos se discute acerca de las causas que llevaron a la destrucción del Segundo Templo, podemos escuchar continuamente que: “Pasó porque nos odiábamos mutuamente y sin razón”. A raíz de aquella experiencia, esta situación debería hacer sonar todas las alarmas. Sin ánimo de encontrar culpables, no se ha atendido con seriedad el caos político actual que vive nuestro país, como para formar ciertamente un Gobierno de emergencia de unidad nacional.

Sin embargo, aún en medio de esta convulsión política, tenemos la seguridad de que Dios tiene un plan y llegará a la meta que Él se ha propuesto.

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