Ser cristiano, ¿y depresivo?

Ethos

Cuando el alma debe pasar por valles oscuros.

Dr. Somerville, el título de su nuevo libro describe el «peor de los casos» que usted –el profesor para asesoramiento espiritual en caso de depresiones– nunca habría pensado que sucedería. Para ested esto fue muy humillante, ¿por qué?

Dr. Robert B. Somerville: Serví 35 años como pastor y durante diez años como profesor para consejería bíblica, ayudando entretanto a muchas personas que pasaban por depresiones de leves hasta profundas.

Por el lado de mi carácter, soy una persona alegre y animada. Todos conocemos diferentes tipos de pruebas y tentaciones en la vida, pero nunca habría pensado que alguna vez sufriría una depresión.

Un día mi esposa dijo: «Bob, ¡estás deprimido!»–«¡No estoy deprimido! Soy un asesor espiritual cristiano y sé lo que son las depresiones», contesté. Pero luego volví a leer el libro «Depresión–la oscuridad tenaz» de Ed Welch. Fue hasta que me evalué a mí mismo según los síntomas de una depresión como las describe el libro, me quedó claro que yo estaba fuertemente en esa condición. ¿Cómo fue posible llegar a eso? Todos a mi alrededor veían lo que me pasaba, solo yo no lo veía. Me sentí humillado, porque pensaba que eso no debería haberme pasado a mí como pastor y profesor de consejería bíblica.

¿Cuál fue su motivación para escribir un libro sobre eso?

Después de que pude salir de la depresión, y comencé a hablar abiertamente sobre mi experiencia, otros profesores de la universidad y estudiantes de los seminarios decían: «Usted tiene que escribir sobre eso, para que otros puedan aprender de sus experiencias». Cada vez que lo compartía con otros, venían personas hacia mí y decían: «Pasé por lo mismo que usted, pero nunca hablé con otros sobre eso, porque no quería admitir que los cristianos jamás pudieran pasar por una depresión». Otros decían: «Me avergonzaba admitir que tenía un problema con la depresión, porque los cristianos no deben estar así». Me quedó claro que es necesario hablar abiertamente sobre este tema, para que los cristianos puedan recibir la ayuda que necesitan. Me llevó tres años terminar de escribir el libro.

Usted escribe que el sufrimiento de una depresión fuerte probablemente haya sido uno de los peores suplicios que uno tiene que pasar en la vida. ¿Puede explicar eso?

¡Esta es una buena pregunta! ¡Cuando uno se encuentra en medio de una depresión fuerte, se tiende a pensar que no se es cristiano! Yo tenía pensamientos de suicidio, y ya no podía concentrarme en cumplir mis trabajos. Odiaba la mañana porque le tenía miedo del día. Lo mismo ocurría en las noches, ya que no podía desconectar mi mente hiperactiva y no lograba dormir.

¿Cómo era posible que como cristiano tuviera esos pensamientos pecaminosos de suicidio? ¿Tener dudas de mi Salvador? ¿Cómo era posible que un cristiano se sintiera tan falto de esperanza y tan impotente? En la depresión uno pierde el espíritu de resistencia, y eso hace que se caiga en un espiral de desesperación.

En Proverbios 15:13 dice: «Por el dolor del corazón el espíritu se abate.» Y en 17:22 dice: «El espíritu triste seca los huesos».

Cuando el espíritu está quebrantado por causa de la depresión, uno está convencido de haber caído en el peor pozo posible, aun cuando en realidad pueda haber circunstancias mucho peores.

¿Qué sentimientos y pensamientos estaban siempre presentes en aquel tiempo?

En una depresión fuerte uno duda de todo. Yo dudaba de mi salvación. Nada me daba alegría, tampoco de las cosas que antes disfrutaba. Cuando leía la Palabra de Dios, estaba profundamente convencido que las promesas no eran para mí.

Cuando brilla el sol, uno piensa: «¡Pero mañana ya no brillará!». Y cuando llueve: «Bueno, esto es lo que me merezco, otro día de lluvia miserable y melancólico. Merezco la sentencia de Dios, porque mis pecados son tan grandes».

Una depresión seguramente es el valle oscuro del alma. Martín Lutero y Charles Haddon Spurgeon eran grandes hombres de fe, pero los dos sufrían de depresiones. Cuando uno está en esa condición, hay algo como un velo sobre el alma; uno solo tiene pensamientos negativos y eso lo lleva a una desesperación profunda. No se lo deseo a nadie.

Hay cristianos que dicen que un creyente verdadero no debería sufrir de la depresión–uno solo tendría que «creer más, creer correctamente o creer mejor»...

Sí, usted tiene razón. Joni Eareckson Tada, una de las cristianas más maduras que tuve el privilegio de conocer, dijo: «Algunos dicen, que los cristianos nunca deberían ser depresivos. Yo no pienso así, ya que soy parapléjica, he luchado contra el cáncer y diariamente lucho con dolores. Amo a mi Salvador, tengo un interés apasionado por Su Evangelio y disfruto el servicio que Él me ha dado. Pero eso no excluye que esporádicamente tropiece con el pantano de los sentimientos oscuros».

Si cristianos como Joni, Martín Lutero y Charles Spurgeon tuvieron que tratar con depresiones, debemos aceptar, que todo creyente puede ser probado en el valle oscuro de la melancolía.

Por eso necesitamos libros como el mío y el de Ed Welch, que les puedan dar las herramientas para tratar con este enemigo del alma. Debemos trasmitirles la esperanza del Evangelio y guiarlos a la victoria que tienen en Cristo, aun cuando sus sentimientos nunca más lleguen a ser «normales».

Es difícil para creyentes hablar abiertamente sobre eso y recibir ayuda–probablemente más difícil para hombres que para mujeres.

Exactamente, porque uno se deja guiar fuertemente por la falsa idea de que los cristianos nunca lucharían con eso. En nosotros se encuentra esa falsa presuposición de que los cristianos siempre deberían estar positivos y alegres. Pero en realidad también tenemos que arreglárnoslas con las tragedias de la vida. Y existen tiempos en los que nuestra alma está desesperada, y tiene que ser levantada por la realidad de la verdad de Dios (como está descrita en los Salmos 42 y 43). Esa realidad de “ser levantado”, a veces debe ser hecho a través de los meses, e incluso, los años.

Existen hechos físicos, que influyen en esta desesperación emocional. Por lo general es así que, para los hombres es más complicado hablar de eso que para las mujeres. Creo que es un tema relacionado al orgullo masculino: no queremos admitir debilidades, y por eso nos negamos a hablar sobre esos sentimientos de desesperación.

¿Qué desencadenó su depresión?

En retrospectiva noto que la causa principal para mi depresión fue mi agenda repleta, que me causaba un estrés excesivo. Luego me lastimé mi espalda y por nueve meses tuve fuertes dolores que llevaron a tener una cirugía. Después de eso, nuevamente sufrí una hernia discal en el mismo lugar, y los dolores volvieron. Todo eso junto desencadenó la depresión en mí. Falta de sueño y de movimiento, estrés y dietas alimenticias, favorecen la depresión.

Después de la publicación del libro, caí nuevamente en mi estilo de vida «antiguo». Cuando posteriormente mi esposa se cayó y se fracturó la pierna, reaccioné a esta situación traumática nuevamente con la recaída a una depresión fuerte–esta oscuridad persistente duró dos años y medio.

En retrospectiva, me queda claro que la planificación de mi tiempo no me dejaba espacio para descansar y llegué de tal manera a mis límites, que mi sistema nervioso ya no era capaz de procesar correctamente las situaciones agobiantes. Las glándulas suprarrenales fallaron y sufrí de «hipoadrenia». Esto aparece cuando la cantidad de estrés sobrepasa la capacidad del cuerpo de compensar y de reponerse, lo que a menudo lleva a miedos y depresiones.

¿Hubo signos de advertencia que habrían ayudado a evitar la depresión?

Sí, en mi caso yo tendría que haber sabido que mi carga de trabajo era demasiado alta y que el nivel de estrés estaba por encima del promedio. Por dos o tres años, antes de la primera depresión, no había guardado el día de reposo. Si uno, por cinco años, trabaja los siete días de la semana, en algún momento “explotará”– en mi caso, en forma de una depresión.

Aún cuando usted no vivía en pecado premeditado, Dios le mostró algunas cosas en su vida que no eran buenas para su persona. ¿Cuáles fueron esas cosas?

Sobre esto escribo detalladamente en el libro, pero uno de los temas principales con los que tuve que tratar durante mi depresión era hacer lo «próximo correcto», no importando si era lo contrario de lo que yo sentía.

No era bueno usar mi depresión como excusa para no ir a la iglesia; solo porque sentía que no ser cristiano no significaba que debiera dejar de leer la Palabra de Dios, ir a los cultos o intentar amar a mi esposa. Tuve que aprender a actuar según la fe, y no según los sentimientos. También que mi cuerpo necesitaba descanso, y que Dios había dado la orden de que debíamos guardar el día de reposo con un propósito específico.

Tuve que aprender a actuar según la fe, y no según los sentimientos.

«Para llegar a tener nuevas esperanzas, uno debe proclamarse el Evangelio a sí mismo todos los días», escribe usted en su libro. ¿Qué quiere decir exactamente con eso?

También aquí es complicado tratar con eso en la brevedad de una entrevista. Sin embargo, la verdad sencilla es que somos indignos–somos pecadores y no nos merecemos ninguna misericordia, sino el juicio. Pero Dios es misericordioso, Él es inquebrantable en Su amor y por medio de Su Hijo se encargó de que haya redención y salvación. Él perdona y nos purifica de toda injusticia, cuando confesamos nuestros pecados. La salvación viene tan solo de Dios, y yo no puedo agregarle nada a eso. Él me salvó por gracia por medio de la fe, y nada me puede quitar de Su mano. ¡Por toda la Eternidad le pertenezco! Debemos predicarnos este mensaje, y vivir cada día a la luz de Su gracia y misericordia.

Usted enfatiza lo importante que es no dejarse llevar por las emociones, sino seguir orando, leyendo la Biblia y yendo a la iglesia… ¿Por qué?

Permítame ilustrarlo de la siguiente manera: es un día muy frío, y alguien le da a usted una taza de café muy caliente. Sin darse cuenta de lo caliente que está el café, usted toma un trago grande, por lo que se quema las papilas gustativas y la lengua. A pesar de que su lengua está llagada y duele comer, sigue comiendo porque sabe que debe alimentarse. Así como el comer es necesario para sostener nuestro cuerpo, también los ejercicios espirituales son importantes para nuestra alma en la relación con Dios, y no pueden ser descuidados. Tampoco cuando no hay sentimientos normales conectados a ellos y uno no tiene ganas de realizarlos.

¿Es posible que un cristiano que sufra de depresiones, pueda recibir y creer la Palabra de Dios?

La respuesta es un fuerte «¡Sí!». Aquí cabe la misma ilustración que la descrita anteriormente. Quizás no le «guste» a usted lo que lee o escucha, e incluso puede doler, pero los recibe una y otra vez, porque eso alimenta su alma, aun cuando no lo puede «gustar» porque sus «nervios gustativos» espirituales están dañados.

¿Había algún versículo bíblico que lo animaba de manera especial o que iluminaba su situación?

De hecho, había tres pasajes de las Escrituras. Filipenses 4:4-9 es de mucha ayuda para toda persona que lucha contra el miedo y el temor. Un capítulo entero en mi libro está dedicado a este pasaje bíblico para demostrar la gran ayuda que esos versículos pueden ser.

1 Pedro 5:5-11 también me animó mucho. Este pasaje nos hace recordar el poner nuestras cargas sobre el Señor, y que nuestras pruebas están limitadas por el Dios Todopoderoso. Él nos fortalecerá y confirmará en medio de ellas.

Otro pasaje es Hebreos 12:3-8, sobre las disciplinas de Dios para aquellos que Él ama. Uno pensaría que un párrafo sobre disciplinas no puede animar a alguien que está depresivo, pero lo era así. En medio de mi depresión, cada día parecía una fuerte disciplina. Yo pensaba: «¿Cómo puede ser que yo sea cristiano, y reciba este tipo de trato?». Este pasaje dice claramente que Dios disciplina a los que Él ama–¡El que yo reciba disciplina es la evidencia de que soy un hijo de Dios! Esto contestaba mis dudas, animaba mi alma y me daba esperanza para seguir adelante.

¿Qué significa para usted 1 Corintios 10:13?

Este versículo está lleno de una increíble esperanza. Dios nunca nos carga con más de lo que podemos soportar. Él es fiel, y nos mostrará el camino a través de nuestro problema. Él no promete quitar los problemas, pero promete darnos Su fuerza y Su sabiduría. Cada vez que lleguen las pruebas –y vendrán– debemos cobrar esperanza de la promesa de este versículo. Dios te apoyará con fidelidad para acompañarte a través de la prueba.

Usted dice que la esperanza verdadera vendría de Jesucristo, no de una pastilla. A pesar de eso, usted tenía que tomar medicamentos. ¿Cuándo son necesarios y de ayuda?

Esta pregunta es demasiado compleja como para contestarla en una entrevista corta–en mi libro lo hago más detalladamente. Los medicamentos son necesarios cuando hay problemas físicos, como por ejemplo cuando la tiroides está fuera de equilibrio, y para ralentizar el cerebro para que otra vez se pueda pensar de manera lógica. Sin embargo, cada uno debe hablar esto con un médico quien esté dispuesto a buscar intensivamente por factores físicos que posiblemente contribuyan a los sentimientos de depresión, para poder despejar por completo la complejidad de esta condición.

¿Cuánto tiempo sufrió usted de depresiones, y qué fue lo que le ayudó a dejarlas atrás finalmente?

La primera fase llevó unos nueve meses, y la segunda, aproximadamente dos años. Cuando se atraviesa un tiempo así, debe examinar su propio corazón completo, revisando las áreas espirituales que puedan contribuir a la depresión, y luego, debe dar el próximo paso espiritual que sea el correcto, un momento y un día a la vez, hasta que la nube se levante. Hágase un examen físico completo, para ver si hay problemas de la tiroides o desequilibrio hormonal. Tenga en cuenta, entre otros, también los temas nutrición, dieta, ejercicio, hábitos de descanso, nivel de estrés y otros problemas físicos. Trabaje en estos problemas haciendo lo espiritualmente correcto. Y luego, acepte vivir con los sentimientos que Dios permita.

¿Cambió usted como asesor espiritual?

Creo que antes de mi depresión ya era un asesor compasivo; pero desde que yo mismo pasé por el valle oscuro del alma, soy todavía más empático. Comprendo las profundidades de la desesperación, pero también que Dios se puede encontrar allí con nosotros y nos puede fortalecer. Creo que esto me capacitó para dar esperanza a aquellos que se encuentran en los valles más profundos y oscuros.

En la Biblia, Dios dice que todas las cosas sirven para el bien de aquellos que lo aman. ¿Está de acuerdo con eso?

¡Sí! Definitivamente salí fortalecido de esta crisis, y ya pude animar a miles de personas a través del testimonio de la misericordia de Dios.

También el profeta Elías sufrió de depresiones. ¿Cuál fue su problema?

Él estaba física, emocional y espiritualmente agotado. Cómo llegó a su depresión, y cómo Dios lo sacó de la misma, también lo expuse en el libro.

Ahora usted esté sano… ¿todavía existe la posibilidad de una recaída?

Sí. Aproximadamente el 50 % de los que atraviesan una depresión fuerte sufren una recaída, muchos incluso de manera repetida. Por eso siempre debemos vigilar nuestro camino con Dios y asegurar que sigamos creciendo en Él. Es necesario seguir prestando atención a aquellas cosas que mencioné antes, para que mantengamos nuestra fuerza y podamos continuar sirviendo. Tenemos que aprender a aceptar solamente aquello, que podemos llevar a cabo de forma razonable.

Su esposa jugó un rol importante en sus horas más oscuras…

Además del Señor Jesucristo, le debo mucho a mi esposa. Ella es mi mejor amiga y compañera. Cuando no podía ver la verdad de Dios o no podía creer en Sus promesas, ella seguía diciendo: «¡Simplemente confía en Jesús y haz lo correcto que está a continuación!» Hablando humanamente, Dios la utilizó para que yo no perdiera mi confianza en Él.

¿Qué efectos tuvo la depresión sobre su matrimonio?

Mary llegó a ser mi cuidadora 24/7, pero yo también llegué a ser un apoyo espiritual para ella, al leerle un libro tras otro. Ella dijo que mi depresión –en cierto sentido– fue un retiro espiritual, porque nos vimos obligados a estar juntos todo el tiempo. Como leíamos grandes libros de fe, ella fue animada y fortalecida; a pesar de que mientras yo leía, al mismo tiempo pensaba, que no podría aplicar estas verdades a mí mismo. ¿Recuerda la ilustración sobre la lengua quemada con el café caliente? A pesar de que su lengua está lastimada y ni siquiera puede saborear la comida, sigue comiendo, porque sabe que debe alimentarse. Aun cuando no podía creer que era cierto lo que le leía, esas verdades seguían alimentando mi alma.

¿Cómo puede un cónyuge, un miembro de la familia u otro creyente ayudar a la persona que sufre una depresión?

Mary y Robert Somerville: Simplemente esté ahí y siga diciéndole la verdad. Ore, pidiendo sabiduría, para que pueda saber cuándo hablar, y cuándo simplemente actuar lleno de amor. Esté seguro de tener una red de amigos a su alrededor, que le animen, y que también le permitan tener un descanso de la carga del cuidado.

Señora Somerville, la depresión de su esposo, ¿puso en duda su fe? ¿Cuál fue el mayor desafío?

Mary Somerville: Hubo algunas lecciones que Dios me enseñó cuando pasé con Bob por los valles oscuros.

Primero tuve que aprender que a Dios le importa más mi «comprensión» que mi «servicio para Él». El «conocimiento» siempre debería preceder el «hacer». Para lograr eso, Dios permite que llegue una prueba a nuestra vida para que Él nos revele nuestros corazones y nuestra gran necesidad de Él; así lo hizo conmigo. En Su misericordia, Dios me reveló determinados temas del corazón de las que tenía que ocuparme.

Verá usted,  desde que Bob y yo estamos casados, ¡nos importaba el «hacer»! ¡Podíamos estar tan ocupados sirviendo, que nuestro primer amor llegó ser el servicio y no Jesús mismo! Hasta el servir puede convertirse en ídolo, y a veces Dios, en Su amor, quita todo lo que apreciamos y que nos es importante, para que lo reconozcamos a Él como el más apreciado–el tesoro más grande. Fue así que, por medio de Su misericordia nos detuvo en nuestro camino, para ayudarnos a que nos concentremos en Él. Sí, quizás seamos llamados a sacrificar algo por nuestro Señor, pero eso tiene que venir de un corazón que se tomó el tiempo de deleitarse en Su amor y misericordia. Eso produce una vida que tiene un equilibro entre trabajo, descanso y adoración, tal como Él lo ha determinado como sacrificios duraderos.

Hasta el servir puede convertirse en ídolo, y a veces Dios, en Su amor, quita todo lo que apreciamos y que nos es importante, para que lo reconozcamos a Él como el más apreciado–el tesoro más grande.

La segunda lección fue: ¡Mi vida debía traer honra a Dios! Ya sea en el pastorado o en el dolor del sufrimiento –Él es el autor de mi historia, no yo. Él puede elegir el Cómo y el Dónde. Debo admitir que había elegido el rol de esposa de pastor/profesor, no el de cuidadora de mi esposo en su depresión. Pero yo no me pertenecía a mí misma, porque fui comprada por precio–¡Le pertenezco a Él! Dios me llamó para que en todo viviera para Su honor, no importando el lugar. Él quiere que en todo viva para Su gloria; como esposa, madre o abuela, como vecina, como profesora que discipula a las mujeres, o en casa como cuidadora de mi esposo deprimido. ¡Jesús puede decidir eso, no yo!

En tercer lugar, esta enfermedad fue una herramienta de la gracia de Dios para hacerme más parecida a Jesús (Romanos 8:29). ¿Me prometió Dios felicidad personal? ¿Quizás buena salud, una vida cómoda y previsible, y muchas personas que me aprecian? No, ¡Él me ofrece mucho más! Su objetivo para mi vida no es mi felicidad personal en primer lugar, sino mi santificación. Él quiere para mí lo que es eterno–la imagen de Cristo que es restaurada dentro de mí. Él no ha terminado conmigo hasta el día en que yo vea a Jesús cara a cara, y entonces siempre seré como Él.

Un cuarto punto: como Dios es soberano, no necesito preocuparme por el futuro. Bob y yo soñamos con seguir sirviendo hasta nuestra muerte; pero Dios está más preocupado con que hasta nuestro final nos mantengamos fuertes en Él– que sigamos creyendo, confiando y amándole a Él ¡a través de los tiempos buenos y malos!

Porque podemos estar seguros que nuestras preocupaciones llegarán a su fin, y que el Cielo espera a aquellos que perseveran. Siempre tenemos esperanza, no importando el valle oscuro a través del cual Dios nos ha llamado: «Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (2 Corintios 4:16-17).

¿Qué fue lo que les dio consuelo y esperanza en este tiempo?

Las promesas de la Palabra de Dios, y amigos llenos de amor en el cuerpo de Cristo que nos apoyaron.

En su libro, usted también escribió sobre su experiencia: «Cuando mejor crece la gracia de Dios, es en invierno»; ¿puede explicar esta cita?

Cuando todo marcha bien, tendemos a darnos el honor a nosotros mismos. Pero cuando la vida entera está dando vueltas, clamamos a Dios y vemos que Su amor y fidelidad inquebrantables están ahí para nosotros en todos los tiempos más oscuros, y que nos atraen hacia Él.

¿Tiene usted una palabra de aliento para personas, que actualmente sufren de depresiones, y/o para su cónyuge/familias/amigos?

¡Trate de aprender las lecciones arriba mencionadas, porque son de un valor incalculable! ¡Permita que Dios le instruya y le transforme en la imagen de Su Hijo! Recuerde que ¡Él es el vigilante bendecido de todas las cosas!

Muchas gracias por el diálogo. ¡Le deseamos que pueda seguir en el gozo del Señor!

 

Entrevista: ethos, 
Traducción del inglés: Sylvia Fend
Primera publicación en Ethos 8/2020, pág. 26-31; publicado aquí con amable autorización.

Sobre el autor
Robert B. Somerville es profesor de Asesoramiento Bíblico en el Master’s College en Santa Clarita, California. Él es miembro de la Asociación de Consejeros Bíblicos Certificados y dedica su vida a la enseñanza y el asesoramiento basados en las Sagradas Escrituras.

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