Seguramente vengo rápidamente

Norbert Lieth

No podemos calcular el regreso de Jesús, pero sí deberíamos contar con él en cada momento.

Escribo estas líneas durante un largo viaje ministerial a través de Alemania. Nos llama la atención que, en muchos lugares, la gente, una y otra vez, nos manifiesta lo importante y necesaria que es, a su punto de vista, la revista de Llamada de Medianoche, porque apenas se habla de profecía bíblica en las iglesias y el regreso de Jesús tan solo se menciona al margen. No es que esto nos haga sentir orgullosos, más bien nos entristece. Sin embargo, nos desafía a seguir aún con más entrega y dedicación con nuestra misión.

La última afirmación de Jesús en la Biblia es: “Ciertamente vengo en breve”. Y la última frase de la Biblia es la lógica reacción de los creyentes a esta promesa: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20).

Una de las últimas cosas que el apóstol Pablo escribió, poco antes de morir, fue esta: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:6-8). Con estas palabras, Pablo testifica que toda su lucha de fe, toda su obra y todas sus penas, fueron motivadas por la visión del regreso de Jesús. Y, obviamente, su deseo es que nosotros–tal como él–también amemos la venida del Señor y vivamos enfocados hacia esta meta.

También el apóstol Pedro escribió, poco antes de su muerte: “Sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. (…) Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pe. 1:14,19).

Tenemos, por lo tanto, la confirmación “en boca de dos o tres testigos” (Mt. 18:16; comp. también Juan 8:17) de la importancia y urgencia de ocuparse debidamente de la profecía bíblica y del regreso de nuestro Señor Jesús. Si Dios nos transmitió esta verdad en tres circunstancias cruciales, es porque le debe importar muchísimo. Estos pasajes suenan como un legado, como la última voluntad expresada en un testamento.

No podemos calcular el regreso de Jesús, pero sí deberíamos contar con él en cada momento. El Nuevo Testamento nos invita a ocuparnos de la profecía bíblica, a amar Su venida, a esperarla, a velar y orar por ella, y a consolarnos con ella. La doctrina del regreso de Jesús, no debe ser marginada por ninguna de las otras importantes doctrinas de la Biblia.

La Biblia nos relata la muerte de Jesús, Su resurrección y Su ascensión al cielo. La misma certeza que tenemos que estas cosas ocurrieron, tal como nos lo testifica la Biblia, también la tenemos en cuanto a Su regreso: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”, le dijeron dos ángeles a los discípulos en Hechos 1:11. Y cuando tomamos la cena del Señor, anunciamos con esto la muerte del Señor, hasta que Él venga (1 Corintios 11:26). Precisamente en el libro de Apocalipsis, que es el libro más profético del Nuevo Testamento, el Cordero de Dios nos es presentado casi treinta veces. Nos encontramos con el Cordero que fue inmolado para redimirnos–pero también vemos la adoración al Cordero, la autoridad del Cordero, la ira del Cordero, la sangre del Cordero, la canción del Cordero, el trono del Cordero, el libro del Cordero, la victoria del Cordero, las bodas del Cordero y la esposa del Cordero.

La primera venida de Jesús, como el Cordero de Dios, y Su obra de redención en el Gólgota no se pueden separar de Su gloria y de Su regreso. De la misma manera en que miramos hacia atrás, hacia Su obra consumada, para vivir a partir de ella, deberíamos mirar hacia el futuro, hacia Su regreso, pues este será la manifestación de la vida eterna.

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