¿Se escribieron los Evangelios mucho más tarde?

J. Warner Wallace

Una investigación acerca de la aseveración de los críticos de que los Evangelios no fueron escritos por testigos presenciales y, por tanto, no son fiables. 

“¿Por qué la tumba estaba supuestamente vacía? Digo ‘supuestamente’ porque sinceramente no sé si lo estaba. El primer lugar donde se menciona la tumba vacía de Jesús es en el Evangelio de Marcos, que fue escrito cuarenta años después por alguien que vivía en otro país y solo había oído que estaba vacía. ¿Cómo podía saberlo?” (Bart Ehrman, especialista en el Nuevo Testamento, profesor de estudios religiosos y autor de Jesus Interrupted).

“El así llamado Evangelio de Juan es una obra extraordinaria y demuestra la teología altamente desarrollada de un autor cristiano que vivió tres generaciones después de Jesús” (Geza Vermes, erudito, historiador y autor de The Changing Faces of Jesus).

“Nunca se descubrió ninguna obra de arte de ningún tipo, ni una pintura, ni un grabado, ni una escultura, ni ninguna otra reliquia de la antigüedad que se considerara una prueba adicional de la existencia de estos Evangelios y que datara de antes de la segunda mitad del siglo II” (Charles Burlingame Waite, historiador y autor de History of the Christian Religion to the Year Two Hundred).

Cuando aún no era cristiano, aceptaba las afirmaciones escépticas de gente como Ehrman, Vermes y Waite. Incluso hacía afirmaciones similares (aunque las mías eran mucho menos elocuentes) cuando discutía con amigos y colegas cristianos entendidos en el tema. Al igual que los escépticos que cité, tendía a rechazar los Evangelios como narraciones tardías. Pensaba que eran relatos mitológicos escritos mucho después de que todos los testigos reales hubieran muerto. Se escribieron después y, por tanto, eran mentira.

A principios de los noventa, trabajaba como investigador de policía en un comando especializado en bandas criminales, investigando robos efectuados por pandillas. Un caso se trataba de un apuñalamiento entre miembros de dos bandas rivales. No era fácil determinar cuál de los dos pandilleros era la víctima, ya que ambos estaban bastante malheridos y ningún testigo estaba dispuesto a contarnos lo que había ocurrido realmente. Llevaba trabajando en el caso cerca de un año, cuando una mujer joven me llamó diciéndome que ella podía testificar todo el hecho y estaba dispuesta a dar información sobre el mismo. Me contó que estuvo trabajando en el ejército durante todo el año anterior y que por ello no se había enterado de que el caso aún no había sido resuelto. Después de indagar un poco más, resultó que esta “testigo ocular” era prima de uno de los miembros de la banda. Tras una larga conversación con ella, finalmente admitió que había estado en otra provincia en el momento del apuñalamiento. De hecho, no se había enterado de lo ocurrido hasta una semana antes de nuestro contacto. Mintió para implicar al miembro de la banda rival y proteger a su primo. Está claro que inventó su historia mucho después de los hechos para lograr su objetivo. Y tan solo por el hecho de que no estaba presente cuando se produjo el crimen, no me servía como testigo.

Como escéptico, creía que los Evangelios se escribieron en el siglo II, y que, por tanto, carecían de valor. Si se escribieron tan tarde, no eran relatos de testigos oculares. Era así de sencillo. Los verdaderos testigos oculares de la vida de Jesús vivieron (y escribieron) en el siglo I. El primer criterio para la fiabilidad de un testigo ocular nos lleva a la pregunta: “¿Estuvieron siquiera presentes los supuestos testigos oculares?”. Al igual que los eruditos incrédulos, respondía a esta pregunta afirmando que los  Evangelios, escritos en los siglos II o III, estaban mucho más cerca del tiempo del establecimiento del cristianismo en el Imperio Romano que de la supuesta vida de Jesús.
Antes de poder tomar en serio los Evangelios como relatos de testigos oculares, tuve que decidir dónde situarlos en la cronología. Si los autores aparecían por primera vez en el lado derecho de la línea de tiempo (más cerca de los concilios eclesiásticos y del establecimiento formal de la Iglesia católica), entonces había buenas razones para dudar de que fueran auténticos testigos oculares del sufrimiento de Cristo (1 Pedro 5:1) o de que hubieran visto realmente a Jesús con sus propios ojos (1 Juan 1:1-3). Por otro lado, si estuvieran del lado izquierdo en la línea temporal, al menos habría que considerarlos seriamente. Cuanto más cerca estuvieran de la vida y el ministerio de Jesús, más en serio podría tomarme sus afirmaciones.

Retroceder en la línea de tiempo
Hay muchas pruebas a favor de una fecha temprana para los Evangelios. Hay varias buenas razones para creer que los escritores de los Evangelios se sitúan en el lado izquierdo de la línea temporal. Cuanto más examinaba las pruebas, más claro me parecía que los Evangelios se escribieron en una época lo suficientemente temprana como para ser tomados en serio como relatos de testigos oculares. Antes de clasificar los acontecimientos individuales en la línea temporal, echemos un vistazo a las pruebas.

1. El Nuevo Testamento no describe la destrucción del Templo
Comenzamos con el que posiblemente sea el acontecimiento histórico judío más significativo del siglo I: la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. En respuesta a la revuelta judía del año 66 d.C., Roma envió un ejército a Jerusalén. El ejército romano (dirigido por el general Tito) destruyó finalmente el Templo en el año 70 d.C., tal como Jesús había predicho en los Evangelios (Mateo 24:1-3). Uno pensaría que este importante suceso se incluiría en el registro del Nuevo Testamento, especialmente porque confirma la predicción de Jesús. Pero ningún relato de los Evangelios describe la destrucción del Templo. Ningún documento del Nuevo Testamento menciona este acontecimiento, aunque hay muchos lugares en los que la descripción de la destrucción habría ayudado a reforzar un argumento teológico o histórico.

2. El Nuevo Testamento no describe el asedio de Jerusalén
Incluso antes de la destrucción del Templo, la ciudad de Jerusalén fue atacada. Tito rodeó la ciudad con cuatro grandes unidades de soldados y finalmente atravesó la “tercera muralla” de la ciudad con un ariete. Tras largas batallas y escaramuzas, los soldados romanos finalmente incendiaron las murallas de la ciudad, lo que también destruyó el Templo. Este asedio de tres años no se menciona en ningún documento del Nuevo Testamento, a pesar de que los escritores de los Evangelios, hablando del tema del sufrimiento, muy bien podrían haberse referido al padecimiento causado por este ataque.

3. Lucas no dijo nada sobre la muerte de Pablo y Pedro
Años antes del asedio de Jerusalén y de la destrucción del Templo, tuvieron lugar otros acontecimientos importantes para la comunidad cristiana. En el año 64 d.C., el apóstol Pablo murió martirizado en Roma, y Pedro murió poco después, en el 65 d.C. Aunque Lucas informó detalladamente sobre Pablo y Pedro en Hechos y los destacó, no menciona nada sobre sus muertes. Al final de Hechos, el relato revela que Pablo seguía vivo (y bajo arresto domiciliario en Roma).

4. Lucas no dijo nada sobre la muerte de Jacobo
En Hechos, Lucas se ocupa de otro personaje importante de la historia cristiana. Jacobo (el hermano de Jesús) se convirtió en el líder de la iglesia de Jerusalén y fue descrito en Hechos 15 en una posición prominente. Jacobo murió como mártir en Jerusalén en el año 62 d.C., pero al igual que las muertes de Pablo y Pedro, su ejecución no aparece en el relato bíblico, aunque Lucas menciona las muertes de Esteban (Hechos 7:54-60) y Jacobo, el hermano de Juan (Hechos 12:1-2).

5. El Evangelio de Lucas es más antiguo que el libro de Hechos de los Apóstoles
Lucas escribió los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de Lucas. Estos dos textos contienen introducciones que los unen en la historia. En la introducción a los Hechos, Lucas escribió: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido” (Hechos 1:1-2). Esto deja claro que el Evangelio de Lucas (su “primer tratado”) fue escrito antes que los Hechos de los Apóstoles.

6. Pablo cita el Evangelio de Lucas en su carta a Timoteo
Cuando Pablo escribió su primera carta a Timoteo, el Evangelio de Lucas parecía ampliamente conocido alrededor de 63-64 d.C. Obsérvese el siguiente pasaje: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (1 Ti. 5:17-18).

Pablo citó estos dos pasajes de la “Escritura”: uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento. “No pondrás bozal al buey que trilla” es de Deuteronomio 25:4, y “Digno es el obrero de su salario” de Lucas 10:7, lo que deja claro que el Evangelio de Lucas ya era ampliamente conocido y aceptado como parte de las Escrituras cuando Pablo escribió esta carta. Es cierto que algunos críticos (como Bart Ehrman) han afirmado que Pablo no es el autor de 1 Timoteo. Creen que esta carta fue escrita en una época muy posterior de la historia. Sin embargo, la mayoría de los eruditos reconocen que los primeros dirigentes de la Iglesia conocían 1 Timoteo desde mucho antes.

7. Pablo repitió las afirmaciones de los evangelistas
Aunque algunos críticos modernos cuestionan la autoría de las cartas pastorales de Pablo, incluso los eruditos más escépticos están de acuerdo en que Pablo escribió las cartas a los Romanos, Corintios y Gálatas. Estas cartas datan de entre los años 48 d.C. y 60 d.C. La carta a los Romanos (que suele fecharse en el año 50 d.C.) deja claro algo importante: Pablo comienza la carta con la afirmación de que Jesús es el “Hijo de Dios” resucitado. A lo largo de la carta, Pablo acepta la visión de Jesús que los testigos oculares expresaron en sus relatos evangélicos. Diecisiete años después de la resurrección, Jesús fue descrito como Dios. Es Dios encarnado, como lo describieron los testigos oculares en los Evangelios. La descripción que hace Pablo de la vida de Jesús coincide con la de los Evangelios. En 1 Corintios 15 (escrito entre los años 53 y 57 d.C.), Pablo resume el mensaje evangélico y subraya el hecho de que los apóstoles le trasmitieron los relatos de los testigos oculares:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Co. 15:3-8).

En su carta a los Gálatas (también de mediados del siglo I), Pablo describe su trato con estos apóstoles (Pedro, llamado también Cefas, y Jacobo) y dice que los conoció al menos catorce años antes de escribir la carta:
“Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor” (Gá. 1:15-19). “Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito” (Gá. 2:1).

Esto significa que Pablo vio a Cristo resucitado en los cinco años siguientes a la resurrección (la mayoría de los eruditos sitúan la conversión de Pablo entre el 33 y el 36 d.C., y según Gálatas 1:18-19, el apóstol visitó a Pedro y a Jacobo en los tres años siguientes) y se enteró de los relatos evangélicos por los testigos oculares (Pedro y Jacobo). Por esta razón, Pablo pudo decir a los corintios que todavía había “más de quinientos hermanos” que podían confirmar los relatos de la resurrección (1 Corintios 15:6). Se trata de una afirmación audaz para los años 53-57 d.C.; sus lectores podían comprobarla y llamarle mentiroso si no era cierta.

8. Pablo cita el Evangelio de Lucas en su carta a los Corintios
Cuando escribió a la iglesia de Corinto (casi diez años antes de la carta a Timoteo), Pablo también parece haber estado familiarizado con el Evangelio de Lucas. Obsérvese la similitud entre su descripción de la Cena del Señor y la del Evangelio de Lucas:

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1 Co. 11:23-25).

“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lc. 22:19-20).

Pablo parece estar citando el Evangelio de Lucas —el único Evangelio en el que Jesús dice a los discípulos: “…haced esto en memoria de mí”. Si Pablo estaba utilizando una descripción de la Cena que ya era conocida en la época, entonces el relato del Evangelio de Lucas debió estar en circulación durante algún tiempo antes de que se escribiera su carta.

9. Lucas cita repetidamente a Marcos (y a Mateo)
Cuando Lucas escribió su Evangelio, admitió honestamente que no fue testigo ocular de la vida y el ministerio de Jesús. En cambio, Lucas se describió a sí mismo como un historiador que recogió los testimonios de los testigos oculares:
“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lc.1:1-4).

Lucas repitió o citó a menudo pasajes enteros de Marcos (el Evangelio de Lucas contiene 350 versículos de Marcos) o de Mateo (Lucas incluyó 250 versículos de Mateo en su relato). Estos pasajes se incluyeron en el Evangelio de Lucas como si el autor se hubiera limitado a copiarlos de otros relatos. Por tanto, podemos concluir que el relato de Marcos ya era reconocido, aceptado y estaba a disposición de Lucas cuando escribió su Evangelio.

10. El Evangelio de Marcos parece ser el primer “parte policial”
El Evangelio de Marcos se parece mucho a un “parte policial”. Cuando los primeros agentes llegan al lugar de los hechos, recogen rápidamente todos los detalles relacionados con el crimen y registran una descripción del sospechoso. A continuación, comunican por radio estos datos a otros agentes que puedan encontrarse en la zona. Esta primera “comunicación policial” es breve y se concentra en los aspectos esenciales. Más tarde habrá tiempo para añadir más detalles, aclarar la secuencia de los hechos y redactar informes detallados. Pero el primer informe por radio está impulsado por la inmediatez del momento; tenemos que comunicar a nuestros compañeros lo esencial, ya que los sospechosos pueden huir de la zona. Hay una sensación de urgencia, mientras los agentes tratan de impedir que los malos escapen.

Aunque el Evangelio de Marcos contiene los detalles importantes de la vida y el ministerio de Jesús; es bastante breve, menos organizado que los demás evangelios y relata sobre todo acciones. Trasmite una sensación de urgencia. Esto es exactamente lo que se espera de un relato temprano del ministerio de Jesús, escrito con prisa. Los testigos oculares tenían claramente un sentimiento de urgencia, pues creían que Cristo volvería pronto. Pablo escribió que “ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro. 13:11), y Santiago dijo: “…porque la venida del Señor se acerca” (Stg. 5:8). Pedro, mentor y compañero de Marcos, también opinaba que “…el fin de todas las cosas se acerca” (1 P. 4:7). Marcos sintió la misma urgencia cuando recogió las experiencias de Pedro en su Evangelio. Su relato tiene el papel de un “parte policial”, que transmite los detalles esenciales sin tener en cuenta la composición o el estilo. Papías de Hierápolis lo confirma en su declaración sobre el empeño de Marcos:

“Después de convertirse en intérprete de Pedro, Marcos escribió con precisión, aunque no en el orden correcto, lo que recordaba de las cosas que Cristo había dicho o hecho. Puesto que no había oído al Señor ni le había seguido personalmente, siguió a Pedro, como ya he dicho, que adaptaba su enseñanza a las necesidades de sus oyentes, pero sin querer hacer un relato coherente de los discursos del Señor, de modo que Marcos no se equivocó al escribir algunas cosas tal como las recordaba. Pues tuvo cuidado de no omitir nada de lo que había oído y de no tergiversar nada”.

La exactitud del relato era más importante para Marcos que cualquier otra cosa, pensando probablemente que Jesús regresaría de todos modos antes de que hubiera sido necesario escribir algo parecido a una biografía organizada. Así que Marcos fue el responsable del “primer parte policial”, de la primera información básica. Con el paso de los años y el envejecimiento de los testigos oculares, otros se esforzaron por organizar la narración de forma más cronológica. Papías parece sugerir que Mateo tenía esta intención:

“Así que Mateo puso las palabras en una secuencia ordenada en hebreo, pero cada uno las interpretó como mejor pudo”.
Según la introducción a su propio Evangelio, Lucas parece hacer algo parecido: “Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo” (Lc. 1:3).

Tanto Mateo como Lucas parecen haber tenido una intención muy diferente a la de Marcos. Sus relatos son más sólidos y organizados. Mientras que Marcos parece ofrecernos el “parte policial” inicial, Mateo y Lucas se preocupan más por el “informe final”.

11. Marcos parece proteger a gente importante
Ya hemos hablado de la necesidad de darle importancia a cada palabra. Durante mis años como investigador, hubo muchas situaciones en las que un testigo elegía cuidadosamente sus palabras para no implicar a otra persona en el caso. Esto era especialmente cierto en los casos relacionados con bandas. Unas cuantas veces, un testigo era lo suficientemente valiente como para facilitarnos información, pero cuando se trataba de la identidad de otras personas que habían estado presentes, se mostraba menos comunicativo. Inspirado por el temor de que estos testigos adicionales pudieran estar en peligro, el testigo los mencionaba en su informe sin identificarlos explícitamente. La mayoría de las veces, los testigos simplemente intentaban proteger a alguien que consideraban indefenso y vulnerable.

Pero en algunos casos viejos sin resolver, observé exactamente lo contrario. Cuando volví a entrevistar a testigos que habían hablado con los investigadores años atrás, me di cuenta de que ahora estaban dispuestos a decirme la identidad de las personas que antes se negaban a nombrar. A veces era porque habían desarrollado cierta animadversión hacia esas personas a lo largo de los años. Esto era especialmente cierto cuando las parejas se habían separado y ahora estaban dispuestas a hablar el uno del otro. A veces tenía que ver con el hecho de que el miedo a las consecuencias de testificar había disminuido. Cuando un sospechoso moría, no era raro que alguien se presentara y se revelara a la policía, simplemente porque el miedo había desaparecido.

Muchos lectores atentos del Evangelio de Marcos se han dado cuenta de que en este relato hay una serie de personas no identificadas. Estas figuras anónimas ocupan a menudo posiciones clave en la narración, pero Marcos optó por no mencionarlas por su nombre. Por ejemplo, Marcos escribe sobre los acontecimientos del huerto de Getsemaní: “Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja” (Mr. 14:47). Marcos no da el nombre del agresor ni de la persona agredida, mientras que Juan identifica a ambos en su Evangelio (Pedro era el agresor y Malco el agredido). Del mismo modo, Marcos no identificó a la mujer que ungió a Jesús en casa de Simón el leproso (Marcos 14:3-9), mientras que Juan nos dice que fue María (la hermana de Marta) quien derramó el aceite de la unción sobre la cabeza de Jesús. Aunque los escépticos han ofrecido una serie de explicaciones para esta discrepancia (alegando, por ejemplo, que podrían ser adornos tardíos para avanzar en la creciente mitología de los Evangelios), puede haber una razón mucho más simple para ello. Si Marcos, como algunos miembros de las pandillas involucradas en los casos que tratábamos, quería proteger la identidad de Pedro (como atacante de Malco) y María (cuya unción podría interpretarse como la proclamación de la condición real de Jesús como Mesías), tiene sentido que los dejara sin nombrar para que los dirigentes judíos no pudieran atacarlos tan fácilmente. Marcos ni siquiera describe cómo Jesús resucitó al hermano de María, Lázaro. Una vez más, esto tiene sentido si Marcos estaba tratando de proteger la identidad de Lázaro en los primeros años del movimiento cristiano, ya que su resurrección era de particular interés para los líderes judíos y provocó que buscaran a Jesús para matarlo. Si Marcos escribió su Evangelio en una fecha temprana, cuando María, Lázaro, Pedro y Malco aún vivían, es concebible que Marcos no quisiera revelar sus nombres, o simplemente omitiera los relatos que originalmente los contenían.

Los eruditos reconocen generalmente que el Evangelio de Juan fue el último en añadirse a los relatos evangélicos del Nuevo Testamento. Lo más probable es que se escribiera cuando Pedro, Malco y María ya estaban muertos. Al igual que algunos de los testigos de mis casos sin resolver, Juan tuvo la libertad de identificar a estas personas importantes. No se les podrían hacer daño.

Aparecieron temprano en la línea de tiempo
Dadas estas once pruebas circunstanciales, surge la pregunta: ¿a qué conclusión razonable se puede llegar respecto a la época de redacción del Evangelio? En primer lugar, debemos explicar por qué el registro del Nuevo Testamento omite varios acontecimientos históricos importantes: la destrucción del Templo, el asedio de Jerusalén y las muertes de Pedro, Pablo y Jacobo. Estas omisiones son bastante explicables si los Hechos de los Apóstoles (el texto bíblico que se suponía describiría estos acontecimientos) se escribieron antes del año 61-62 d.C. Estos acontecimientos faltan en los relatos porque aún no habían tenido lugar.

Sabemos por la introducción a los Hechos que el Evangelio de Lucas es anterior a ellos, pero debemos utilizar las pruebas circunstanciales restantes para determinar cuánto tiempo antes fue escrito. El hecho de que Pablo repitiera la descripción que los evangelistas hacían de Jesús es coherente con el hecho de que conocía el contenido de los Evangelios, y sus citas del Evangelio de Lucas en 1 Timoteo y 1 Corintios confirman que el relato de Lucas existió bastante temprano, antes de los años 53-57 d.C. Pablo podía citar el Evangelio de Lucas y confiar en él como parte de las Escrituras porque ya había sido escrito, había circulado durante un tiempo y había sido ampliamente aceptado. Los lectores de sus cartas reconocían en estas citas que Pablo consideraba verídico el Evangelio de Lucas.

Lucas nos dice que utilizó material de aquellos “que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra” (Lc. 1:2). Por tanto, o bien se refirió a más de quinientos versículos de los Evangelios de Marcos y de Mateo, o bien los citó directamente. De ello se deduce que estos Evangelios ya existían cuando Lucas inició sus investigaciones. Si esto es cierto, entonces el Evangelio de Marcos tiene una fecha de composición mucho más temprana que la de Lucas y puede fecharse a finales de los años cuarenta o muy a principios de los cincuenta. Esto explica también algunos rasgos característicos del Evangelio de Marcos. El Evangelio parece irradiar una sensación de urgencia, similar a la de un “parte policial” dada por los primeros agentes que llegan a la escena del crimen, y Marcos parece querer proteger a algunas personas importantes en su relato como si aún estuvieran vivas cuando se escribió el Evangelio.

A partir de las pruebas circunstanciales, se puede concluir que los Evangelios se escribieron muy al principio de la historia, en una época en la que los testigos oculares originales y los escritores de los Evangelios aún vivían y podían dar testimonio de lo que habían visto. Por esta razón, Marcos se esforzó en no identificar a personas importantes, y Pablo pudo señalar a quinientos testigos oculares vivos que podían dar fe de la resurrección de Jesús. Aunque a los escépticos les gusta afirmar que los Evangelios se escribieron mucho después de las supuestas vidas de los apóstoles y cerca del tiempo de los concilios que los confirmaron, las pruebas apuntan a lo contrario.

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