¿Qué significa “reedificar el tabernáculo de David”?

Fredy Winkler

Cuando Pablo y Bernabé subieron a Jerusalén para aclarar a los apóstoles y ancianos de esa ciudad la cuestión de la circuncisión, se generó una gran discusión, al punto que Pedro, levantándose, contó cómo Dios había intervenido de manera milagrosa en su vida, preparándolo para anunciar el evangelio a los no judíos en la casa de Cornelio (Hechos 15:7 y ss.). Luego, es muy notable cómo Jacobo resuelve, de manera definitiva, este importante asunto. Para ello, usó argumentos bíblicos que convencieron incluso a los más firmes opositores. Se refirió al profeta Amós, el cual dice en Amós 9:11-12: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto”.

Jacobo cita este complejo pasaje añadiendo una pequeña variación. Comienza con las palabras: “Después de esto volveré” (Hch. 15:16). ¿Qué quiere decir Jacobo con “después de esto”? ¿Luego de que Dios haya reunido a un pueblo de entre las naciones? O ¿posterior a que “la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones” (Amós 9:9)?

Es probable que haya pensado en ambos asuntos, pues un acontecimiento está entrelazado con el otro.

Jacobo tenía en claro que lo que acontecería en su tiempo no era la restauración del tabernáculo de David, sino más bien lo predicho por Jesús en su sermón del monte de los Olivos: la destrucción de Jerusalén y del templo, y la dispersión mundial del pueblo de Israel (Lucas 21:20-24).

La sabia decisión de Jacobo provenía de su sólido conocimiento de las Sagradas Escrituras y, en este caso, de la profecía. Con razón, Pablo dio a la profecía una posición prioritaria entre los dones del Espíritu (1 Corintios 14).

En el sermón del monte de los Olivos, el Señor Jesús dice: “[…] y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lc. 21:24). Acerca de la pregunta sobre si los tiempos de las naciones ya terminaron, hay diferentes opiniones. Algunos piensan que este tiempo terminó con la fundación del Estado de Israel o, en todo caso, con la conquista de Jerusalén oriental en 1967. Sin embargo, sabemos por la profecía de Zacarías 14:2 que Jerusalén será hollada una vez más por las naciones. Esto nos muestra que todavía no ha llegado su hora, aunque los acontecimientos en Israel nos dan a entender que el fin está muy cerca.

Además, Jacobo revela en Hechos 15:14 que Dios tomará primero, de entre las naciones, un pueblo para Su nombre. Esto fue determinado por Dios y debe acontecer en primer lugar, antes de que el Señor restaure el tabernáculo caído de David. Con la misma sabiduría, Pablo escribe: “Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Ro. 11:25). ¿Qué quieren decir Jacobo y Pablo, en otras palabras? Primero sucederá el arrebatamiento de la Iglesia de Jesús, luego Dios pondrá fin al endurecimiento de Israel y reedificará el tabernáculo caído de David. Ahora, ¿a qué se refiere Jacobo con “reedificar el tabernáculo de David”? ¿Solo a la reconstrucción de un Estado judío, tal como sucedió en la fundación de Israel en 1948? No hay duda de que más allá del resurgimiento de Israel como Estado, está hablando aquí de la reedificación de la dinastía davídica por medio del gran Hijo de David, Jesucristo, quien reinará por la eternidad.

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