Que nada te haga perder la cabeza

Norbert Lieth

Hubo algunos días en los que me encontré atrapado en el enojo, luchando con mis pensamientos negativos. Me ofuscaba el tránsito, me molestaban las actitudes de algunos hermanos en la fe y me fastidiaban la pandemia y la política. En medio de esta situación, alguien me envió por WhatsApp el siguiente versículo: “No dejes que el enojo te haga perder la cabeza. Solo en el pecho de los necios halla lugar el enojo” (Ec. 7:9; rvc). Había dado en el blanco. Aunque mi conciencia me acusaba, también me sentía aliviado. ¿Por qué razón me enojaba? El enojo tan solo evidencia nuestra debilidad, además de ser perjudicial para la salud—la ira trastorna la mente y pone en descubierto nuestra necedad.

Los cristianos también tendemos a enojarnos por las circunstancias de nuestro tiempo. Nos irritamos y discutimos hasta el hartazgo, llegando a perder nuestra calma y dominio propio. Nos arriesgamos a desperdiciar nuestras fuerzas, a establecer mal las prioridades y hacer mal uso de nuestros dones espirituales. Sin embargo, no logramos nada; y lo sabemos bien: solo el Evangelio de Jesús es capaz de lograr verdaderos cambios en nuestra vida.

Comprender de manera correcta al Señor me produce calma, al igual que una correcta relación con la Biblia me da consuelo, fortaleza y confianza. Es placentero saber que Él tiene todas las cosas en Su mano. Dietrich Bonhoeffer lo expresó con estas palabras: “Soy pusilánime, pero contigo encuentro auxilio; estoy intranquilo, pero contigo encuentro paz”.

Ese mismo día, otro versículo llamó mi atención: “…porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres” (Romanos 14:17-18).

La justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo es precisamente lo contrario al enojo. Como dice este pasaje, servir a Cristo en esto nos da la aprobación de Dios y de los hombres, y nos distingue de la manera en que ellos viven—no me debo dejar arrastrar hacia abajo si estoy sostenido en la altura.

Deberíamos concentrarnos en lo esencial y no participar en las quejas de este mundo; más bien, servir a nuestro prójimo, mostrándole la justicia, la paz y el gozo que Jesús ofrece.

Según una encuesta, las personas están buscando leer algo alentador en este tiempo de pandemia. ¡Aprovechemos esta oportunidad! Nuestro libro Por qué vale la pena ser cristiano (Conozca a Jesús) es ideal para este tiempo donde muchos sienten que el suelo se mueve debajo de sus pies, que se encuentran desilusionados con el prójimo o que ya no pueden confiar en la política. Este libro muestra que solo podemos encontrar paz y seguridad en Jesús. El propósito de toda nuestra literatura es animar y señalar a Aquel que lo tiene todo en Sus manos y que puede darle sentido a la vida.

También quisiera agradecer a todos nuestros amigos por sus saludos, oraciones y apoyo. Pensemos, en toda obra, en lo que Pablo escribió en Filipenses 2:14-16: 

Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida…

¡Dios los bendiga a todos abundantemente!

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