¿Que celebramos en Navidad?

Thomas Lieth

Todos los años volvemos a celebrar la venida de Jesús como un niño indefenso en Belén. Pero quisiera enfocarme en el hecho de que Jesucristo es Dios, Dios quien se hizo hombre, una vez para siempre. Me parece algo sumamente grande, el hecho de que el Señor Jesús, estando en forma de Dios, no se haya aferrado al ser igual a Dios, sino que se haya humillado de tal manera a sí mismo, tomando forma de un siervo y haciéndose hombre (Filipenses 2:6-7).

No sé cómo te va cuando te pones a meditar en lo que celebramos en Navidad, en qué pensamos o deberíamos pensar en estos días. Dios se hizo hombre: esta noticia hay que saborearla, es mucho más deliciosa que cualquier pavo de fiesta. Si comprendemos, además de esto, que el Dios hecho hombre no vino simplemente por un momento, para dejarnos un saludo del Padre celestial, sino que se hizo hombre con la cruz en mente. Entonces, nos faltan simplemente las palabras.

Con todo el asombro, quizás nos preguntemos: ¿Para qué ocurrió, en realidad, este hecho tan grandioso? Sin explicar todo el plan de salvación de Dios, la respuesta es sencilla, pero al mismo tiempo desgarradora: ¡fue por amor! Sí, “en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a Su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:9-10).

Realmente, es algo más delicioso que la mejor comida de Navidad y más valioso que el regalo más caro, porque la historia de Navidad bíblica, no es simplemente una bella historia, sino la intervención visible de Dios en la historia de la humanidad y en Su historia de salvación. Aunque en aquel entonces, hace más de 2000 años, no muchos prestaron atención a ese nacimiento en Israel (y menos todavía en el resto del mundo), ocurrió allí algo sumamente grandioso, algo que hizo estremecer los cielos y la tierra: “He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lc. 2:10-11).

Este niño no fue simplemente dado a luz, sino que Jesús mismo es, en Persona, la Luz del mundo: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn. 1:9). ¡Qué mensaje y cuánto gozo nos causa, al saber que: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1)!

En esta seguridad les deseo gran gozo a todos mis lectores junto a sus familias, pero también suficiente tiempo y tranquilidad para decirle gracias a Dios. ¡Que sea un tiempo de bendición de parte de nuestro fiel Dios y Señor Jesucristo, quien dejó la gloria para salvarte a ti y a mí!

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