¿Qué hay detrás de Pokémon Go?

Hans-Werner Deppe

¿Qué deben pensar los cristianos de la gran publicidad que existe alrededor de Pokémon Go? Hans-Werner Deppe, director de la Editorial Betania, da una respuesta fundamentada.

Desde mediados de julio 2016, el juego de celular Pokémon Go es un absoluto éxito de venta. La cotización de las acciones de la empresa Nintendo se duplicaron después de la publicación del juego, de menos de 15,000 yen, a principios de julio, a 31,770, ya el 19 de julio. Apple informó que nunca antes una aplicación ha sido bajada tantas veces durante una sola semana como Pokémon Go. Solamente en EE.UU., hasta ahora, más de 21 millones de usuarios han instalado Pokémon Go  –  ¡en el correr de menos de un mes!

Nosotros como cristianos, ¿cómo debemos evaluar esta publicidad y, como padres, cómo debemos tratar con eso si nuestros hijos desean participar en este juego? En los años 90, la mayoría de los cristianos fieles a la Biblia enseguida tenían claro que Pokémon tenía un trasfondo de ocultismo, y que para los cristianos era mejor no involucrarse. Hoy, Pokémon es considerado como inofensivo por la mayoría de los cristianos o inclusive es evaluado como útil para el evangelismo.

El término Pokémon significa Pocket Monter, o sea “demonio de bolsillo” – y la palabra en inglés poké también tiene una connotación sexual como por ejemplo “copular”. Este fenómeno diabólico comenzó a mediados de los años 90 en Japón, primero como juego de cartas de colección y, más adelante, en consolas de juego (Gameboy, Nintendo DS). Las cartas te­nían dibujos de diversos tipos de monstruos que debían ser atrapados, entrenados y utilizados en la lucha contra otros monstruos. La editorial fue la empresa Wizards of the Coast (Hechiceros de la Costa), que también publicó otros juegos de características mágico-ocultas como Magic: la reunión y diversos juegos de roles. Ella también compró la empresa TSR, que publicó el juego de roles popular de ocultismo Dungeons & Dragons (Calabozos y dragones).

El inventor de Pokémon, Satoshi Tajir, fue inspirado entre otras cosas por el animismo – la creencia pagana en una naturaleza habitada por espíritus. El sintoísmo japonés enseña que el mundo estaba habitado por miles de kami (dioses-espíritus). Si los seres humanos le dan atención a esos espíritus, alimentos e incienso, los kami les darán felicidad y éxito, de lo contrario tendrán que contar con venganza y enemistad. La cultura japonesa sumamente popular del Kawaii (delicado, lindo), se basa en esta idea animista de que en las cosas del mundo material por todas partes se esconden espíritus. Un ejemplo alemán de la actualidad de esta cultura es la representante del European Song Contest, Jamie-Lee Kriewitz, con su traje Kawaii japonés y su canción Ghost (espíritu) que hace juego.

El pensamiento animista-mágico detrás de Pokémon también es expresado en la canción lema: “Yo viajaré por la tierra / buscaré en todas partes / para comprender a cada Pokémon / y su poder interior / ¡Pokémon!  – Agárratelos todos…”. Por esta idea del poder inherente, era que las cartas de colección también eran llamadas “cartas de energía”. Las luchas realizadas durante el juego no son otra cosa sino una medición de poderes ocultos.

Bueno, es un juego – pero, al jugarlo, ¿qué ideas y preferencias son transmitidas e impregnadas en el alma? Lo cuestionable que es todo esto para los cristianos también queda claro a través de los nombres y caracteres de los más de 700 pokemones diferentes (151 en Pokémon Go). Dos de ellos, por ejemplo, se llaman Abra y Cadabra. Abra debe trasmitir la capacidad de leer los pensamientos. Cadabra lleva en la frente el signo satánico del pentagrama.

Muy alarmante es también, que en los años 90, en conexión con Pokémon, en Japón llegó a haber una ola de suicidios entre niños y una gran propagación de estados de angustia, depresiones y dolores de cabeza. Eso es denominado como síndrome Lavandia, según la ciudad virtual a la cual llegaban los jugadores de Pokémon en un nivel determinado, en que sonaba una música sofisticadamente disonante y inquietantemente depresiva.

En Pokémon Go ahora, gente aficionada al juego – es decir especialmente jóvenes – van en busca de esos espíritus virtuales creados desde el sintoísmo japonés – en una realidad aumentada generada por computadora. Las cámaras de sus celulares, en la pantalla no solamente le muestran un mundo real al que dirigen sus cámaras, sino que en el mismo también intercalan – en el lugar correspondiente – a los espíritus escondidos. Si han encontrado y ganado para sí a estos espíritus, deben aprovecharse de sus capacidades sobrenaturales y seguir desarrollándolas (entrenar), para vencer a otros.

Algunos ven una oportunidad misionera en el actual auge propagandístico de Pokémon Go. Iglesias cristianas deben servir como lugares de búsqueda (pokeparadas) o lugares de combate (“arenas”) para el juego, animando así a la gente a ir a la congregación o iglesia. Ellos toman el componente social del juego como oportunidad para ayudar a hacer contactos o a las iglesias como estaciones de recarga para los celulares. Pero, en vista del trasfondo dudoso de Pokémon, eso suena algo así, como si se quisiera evangelizar por medio de las cartas del Tarot.

Ya las versiones anteriores de Pokémon, en Gameboy y consolas de juego eran denominadas como “tecno-animismo”, que combina la técnica moderna con una espiritualidad arcaica-pagana. A través del perfeccionamiento en Pokémon Go, ahora todo el mundo real puede ser implicado en este circo espiritual – es decir, al mundo real se le pone encima una realidad ficticia técnico-espiritual.

Es notable que la técnica no haya deshechizado al mundo – como pronosticó y postuló el sociólogo Max Weber – , sino que la técnica está hechizando al mundo de nuevo con una religiosidad mágica, y es lo que ayuda a este tecno-espiritismo a una propagación y desarrollo impetuosos – en síntesis con el capitalismo muy fríamente calculador de empresas globales, de miles de millones, que son los que en definitiva se benefician (y que al mismo tiempo pueden juntar muchos más datos sobre los usuarios todavía).

Querer aprovechar Pokémon Go para evangelizar naturalmente corresponde totalmente a la filosofía del “abrazar la cultura”, que el movimiento de la iglesia emergente propaga tan vehemente como estilo de vida misionera para los cristianos. Según este, los cristianos no deben segregarse en nuestra cultura moderna, sino involucrarse en todas partes. Este modo de pensar es profundamente anti-bíblico, porque ya en el primer siglo Pablo tenía que exhortar a los cristianos, a poner un claro límite con las prácticas pecadoras y perversas de la cultura romano-helenista. Él las llama “obras infructuosas de las tinieblas”, con las que nosotros “nada tenemos en común”, sino que más bien debemos “reprenderlas” (Ef. 5:11). Los corintios vivían en medio de un pantano cultural de pecado y Pablo les escribió:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: ‘Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo’. Por lo cual, ‘salid de en medio de ellos, y apartaos’, dice el Señor, ‘y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas’, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:14-18).

El que los desarrolladores de Pokémon Go, a menudo posicionen los Pokemones en su mundo virtual, posicionado por encima del mundo real en iglesias, estableciendo allí pokeparadas, no significa que ellos tengan una actitud más amable frente al cristianismo. ¿No podría ser más bien al contrario, que ellos justamente quieran ganar a jóvenes cristianos para su pensamiento oculto-mágico? No nos dejemos engañar.

Publicado aquí con permiso del blog cbuch.de., donde se publicó primeramente.

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