No es un tiempo fácil

Norbert Lieth

No era un tiempo fácil–Jesús ya no estaba entre ellos. Es verdad que desde el día de Pentecostés pasaron cosas maravillosas: acontecieron milagros y muchos se convirtieron al Señor; pero luego, comenzaron los problemas. Creció la resistencia de la élite religiosa que lideraba la nación. Los que habían exigido la crucifixión de Jesús, ahora se volvían también contra Sus discípulos. Los creyentes fueron perseguidos, golpeados, arrestados, interrogados por el Sanedrín y encarcelados, prohibiéndoseles anunciar el mensaje del evangelio de Cristo. Además de estas hostilidades, llegaron también los problemas internos: discusiones y mentiras, descontento y disensiones.

No era un tiempo fácil. Sin embargo, ¿qué hicieron los discípulos del Señor frente a todos estos problemas? Entre otros pasajes, podemos leer la respuesta en Hechos 5:42: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo”.

No se encerraron en los contratiempos de su época ni comenzaron a echar pestes contra sus gobernantes. No se alentaron unos a otros a prestar toda su atención a los problemas. No, sino que hicieron lo esencial. Se concentraron en su verdadero llamado y en la misión que Dios les había encomendado. Hicieron lo único capaz de cambiar al mundo, sin permitir que los obstáculos los paralizaran: siguieron anunciando el evangelio de Jesucristo.

No es un tiempo fácil. Durante años todo funcionó bien: las iglesias contaban con una linda concurrencia, las personas se convertían, avanzábamos y crecíamos con libertad, sin ningún impedimento. Podíamos cantar, tocar instrumentos, predicar, bautizar y enseñar. Sin embargo, llegaron los problemas: nuevos decretos, obligaciones, prohibiciones y limitaciones. Nos encontramos bajo la amenaza de ser sancionados por desacato. También llegaron los problemas internos, las contiendas y el sufrimiento emocional a causa de las restricciones. Hoy podemos observar una división en el pueblo de Dios, donde los conflictos y las tensiones van en aumento.

No es un tiempo fácil. ¿Qué haremos nosotros? No nos detendremos en los problemas actuales ni nos dejaremos paralizar por los obstáculos. Tampoco nos alentaremos unos a otros a prestar atención tan solo a los problemas. No, sino que queremos hacer lo esencial; vamos a concentrarnos en nuestro llamado y la misión que Dios nos ha encomendado, haciendo lo único que puede cambiar al mundo, ofreciéndoles a las personas una verdadera esperanza. No queremos dejar de enseñar y anunciar a diario el evangelio de Jesucristo.

No lo olvidemos, el Evangelio tiene el poder de cambiar las vidas, y esto es lo que el mundo necesita.

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