No caeremos en error si miramos a Jesús

René Malgo

La Iglesia está en peligro, y eso ya desde 2,000 años. Como lo expresa Winrich Scheffbuch, en el título de su artículo en la p.7 de esa revista, Pablo lo dice en 2 Timoteo 3:1-9 que “en los últimos días habrá tiempos muy difíciles” sobre la Iglesia. Con frecuencia, relacionamos ese pasaje bíblico sobre el mundo incrédulo, como cercano de la segunda venida del Señor Jesús. Ciertamente este pensamiento no está del todo equivocado, pero de lo que realmente trata 2 Timoteo es sobre el peligro de falsas doctrinas en la Iglesia. Pablo le dijo a Timoteo que debería alejarse de “esa clase de individuos” (2 Tm. 3:5, NTV) – y eso ya en aquel tiempo. En la comprensión del apóstol, los últimos días ya habían comenzado con la primera venida del Señor Jesús (Rm. 13:12; Gl. 4:4; 1 Co. 10:11; comp. Hb 9:26; 10:25,37). A partir de ahí, el tiempo del reino de Dios está cerca (Ap. 1:3; 22:7, 12, 20).

¡Y ya hace 2,000 años nosotros los cristianos vivimos en los malos tiempos finales (com. Ef. 5:16)! Entonces ya es realmente un milagro de la gracia de Dios que “las puertas del infierno” no hayan derrotado la Iglesia (Mt. 16:18). Nuestro Señor protege a Sus santos. A pesar de eso debemos vigilar y ser sobrios – en esto, una y otra vez, el Señor Jesús y los apóstoles hicieron énfasis (Mt. 24:42; 25:13; Lc. 12:37; 21:36; 1 Co. 16:13; 1 Ts. 4:6; 5:6-8; 2 Tm. 2:5; 1 Pe. 1:13; 4:7; 5:8).

¿Pero cómo podemos permanecer sobrios y vigilantes? La receta es fácil: cuando los discípulos pelearon sobre quién sería el mayor en el reino de los cielos, nuestro Señor les dio como respuesta que justo aquellos, quienes recibieran al reino de los cielos como un niño, serían grandes. Esto significa que debemos creer en Jesús y en Su reino de manera ingenua, sencilla y pura (comp. 2 Co. 11:3-4). Cuestiones de palabras, nuevas ideas, doctrinas especiales o un “conocimiento falso” (1 Tm. 6:20), estas cosas no deben determinar nuestra vida, sino el propio Señor Jesucristo.

No caeremos en error si miramos a Jesús.

Tanto nuestro Señor Jesús como Pablo dicen que tentaciones vendrán y que somos objetos de la tentación (Mt. 18:6-14). Por eso, no debemos considerarnos a nosotros mismos como expertos y andar en pos de otros, sino que debemos aferrarnos de Cristo y destruir “todo lo que se levanta en nuestra vida contra el conocimiento de Dios” y “llevar cautivo” todo pensamiento que va en contra de Cristo (2 Co. 10:5).

La medida de protección contra la tentación no es ser más listo que el tentador. Esa sería una idea equivocada. La protección es una relación viva de fe en el propio Señor Jesús, en oración, en reflexión en Él, en leer y escuchar Su Palabra, en la comunión con los santos.

En el tiempo del Nuevo Testamento, Tiatira era una iglesia que había sido sacudida por falsas doctrinas. Allí había personas que proclamaban nuevos conocimientos muy atractivos, y que de los cuales estaban orgullosas de conocer “lo profundo de Satanás”. Esos eran aquellos que – según las palabras del apóstol Pablo – siempre solamente “van detrás de nuevas enseñanzas”, pero “jamás logran entender la verdad” (2 Tm. 3:7).

Jesucristo dice a los pocos fieles en esa horrible iglesia no que sometan a los falsos maestro argumentando mejor, sino más bien:

“Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: no os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana” (Ap 2:24-28).

En otras palabras: “Es suficiente si ustedes permanecen firmes en una fe sencilla en Mí. Más que esto no necesitan hacer. Simplemente permanezcan en la pureza y la sencillez delante mí, hasta que venga. Si guardan, lo que hice por ustedes, si permanecen en una fe infantil en mí, entonces serán los mayores en el reino del cielo, y reinarán sobre los pueblos de la Tierra, como yo también reinaré sobre ellos cuando venga.”

Maranata. Amén, ¡ven Señor Jesús!

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