¡No a la preocupación!

C. H. Spurgeon

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Ningún afán hemos de tener, sino tan solo una entrega a la oración. Ninguna ansiedad, sino una intensa y gozosa comunión con Dios. Lleven sus deseos al Señor de su vida, al guardián de su alma. Acudan a Él con dos porciones de oración y una porción de fragante alabanza. No tengan dudas al orar, sean agradecidos. Consideren que sus peticiones ya han sido contestadas, por lo tanto, agradezcan a Dios por Su gracia. Él les da gracia, pues denle a Él las gracias.

No oculten nada. No permitan que ninguna necesidad se encone en sus pechos, sino que “sean conocidas vuestras peticiones”. No corran a pedir ayuda a la gente, vayan solo a Dios, el Padre de Jesús, quien los ama en Él.

Esto les traerá la paz de Dios, una paz que gozándola no podrán entender. Él los envolverá en un abrazo infinito. El corazón y la mente se verán sumergidos en un mar de reposo por medio de Cristo Jesús. Nos acontezca vida o muerte, pobreza, dolor o calumnia, ustedes morarán en Jesús por encima de cualquier viento fuerte o nube de tormenta. ¿No obedecerán acaso este noble mandato?

Sí, Señor, en verdad te creo; pero te suplico que me ayudes en mi incredulidad.

C. H. Spurgeon, La chequera del banco de la fe (trad. Allan Román)

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