Negativismo cristiano

Wilfred Hahn

Los cristianos que alzar sus cabezas al cielo para esperar su salvación venidera (Lc. 21:28), a veces caen en la trampa del negativismo. Para ellos, todo nuevo avance es negro, terrible y digno de condenación. Pero eso no siempre es así.

¿No habrá nada positivo que nosotros podamos aprobar o elogiar? Arno Froese ya ha señalado que existen muchos logros humanos y que–contrario a la incesante crítica de los profetas del fin del mundo–la humanidad de hecho, en la actualidad, en muchos sentidos experimenta el mejor de los tiempos. Si eso es así, ¿cambiaría eso el contenido de la verdad y de las profecías de la Biblia?

No. Sin lugar a dudas, sabemos que la humanidad tomará decisiones que lleven a los acontecimientos del Apocalipsis y del Juicio Final. Eso lo predice la Biblia. Pero, esto no es la totalidad de la historia.

Dios ha bendecido a los seres humanos con capacidades y creatividad. De todas maneras, el Señor dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1:26-27).

Al ser humano le fue dada la tarea de “sojuzgar” la Tierra. Quien intenta hacer eso, entonces, no necesariamente obra impíamente. No obstante, el ser humano es capaz de alcanzar cosas que van más allá de lo que Dios quiere. Recuerde tan solamente la construcción de la torre de Babel–una historia de “desarrollo tecnológico avanzado” (Gn. 11:3-4). La humanidad de esos días se volvió arrogante a causa de sus logros y elogió su autodeterminación sin Dios (Gn. 11:5-6). Por eso, Dios dijo sobre los humanos: “Nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer”. La humanidad, de hecho, puede lograr mucho y tiene el potencial de dominar la Tierra.

Piense tan solo en la manera en que el ser humano ya ha sometido a la Tierra desde la creación:

Productividad humana: por mucho tiempo en la historia de la humanidad existió poco crecimiento en la productividad. Los humanos pasaban su corta vida consiguiendo agua y leña. Hoy las circunstancias son diferentes y mucho más cómodas. Solamente en los países en vías de desarrollo aún no se encuentra agua de grifo. También, entre otras cosas, el desarrollo de la electricidad, la técnica del frío, la telecomunicación y los motores a combustión, han contribuido al incremento de la productividad.

Tecnología: gracias a la moderna telecomunicación, hoy podemos conversar con todos y, en casi todas partes del mundo, intercambiar información, casi de inmediato. La humanidad ha aprendido a volar y ha llegado a la Luna.

Aumento en la expectativa de vida: la Biblia informa que el ser humano, hasta poco antes del Diluvio, tenía una expectativa de vida muy alta. Y hace muy poco que la misma ha vuelto a aumentar grandemente. En Europa, por ejemplo, desde aproximadamente el 1500 hasta el 1800, la expectativa de vida era entre 30 y 40 años. Hoy, al contrario, la misma ha aumentado casi en una tercera parte en los países en desarrollo, es decir de 50 años en 1960 a 65 años en la actualidad. En el último siglo, la expectativa promedio del ser humano se ha más que duplicado.

Velocidad de la locomoción humana: un ser humano puede recorrer un promedio de cinco kilómetros por hora. Hoy la velocidad de viaje promedio del ser humano es muchísimo más alta. Con nuestros automóviles viajamos veinte veces más rápido de lo que podríamos caminar, y con otras posibilidades de viaje muy difundidas, incluso somos cien veces más rápidos.

Salud: sistemas de salud mejorados, mejores cuidados sanitarios, vacunaciones, antibióticos como penicilina, acceso al agua corriente limpia y una mejor alimentación, todo ha contribuido a que nuestro estado de salud haya mejorado grandemente. En 1960, en los países en desarrollo, el 22 por ciento de los niños morían antes de su quinto cumpleaños; pero en 2013 ya eran solamente el 5 por ciento. La tasa de mortalidad de los niños ha retrocedido en cada uno de los países del mundo. En 1990, la diarrea mató más de cinco millones de niños, pero en 2014 fueron menos de un millón.

Pobreza: según el Banco Mundial, el número de personas que viven en la extrema pobreza ha retrocedido a la mitad en los últimos dos siglos. Aunque la pobreza nunca pueda ser erradicada en su totalidad (cp. Mr. 14:7), la pobreza mundial está disminuyendo más rápidamente en toda época de la historia. En 1993, más de dos mil millones de personas vivían presos en la pobreza extrema. En 2012 este número ha bajado a menos de mil millones.

Los logros antes listados van desde sorprendentes a inimaginables. El ser humano, creado a la “imagen” de Dios, ha logrado esto (no obstante, sin lugar a dudas, no sin el permiso de Dios y de Su creación). Ahora, ¿tenemos que evaluar todo esto en forma negativa? No necesariamente. Sí, es verdad que estos logros pueden ser utilizados para mal. Pero esto no elimina las consecuencias positivas de los muchos inventos y las mejoras que la humanidad ha disfrutado en los últimos siglos.

Entonces, ¿por qué derramará Dios Su ira sobre el mundo? No por sus avances, sino por su autosuficiencia, su orgullo y por su confianza equivocada de que, gracias a sus innovaciones, es independiente de Dios. En la Biblia, encontramos algunos ejemplos donde Dios exhorta y juzga a naciones y pueblos a causa de su orgullo.
Ezequiel, por ejemplo, cuenta de un árbol grande y poderoso (que simboliza a Asiria), al cual Dios le dice: “Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles del Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia” (Ez. 31:9). Dios había bendecido a este pueblo, pero el mismo provocó la ira de Dios, cuando la gente comenzó a creerse algo por su grandeza, negándole el honor a Dios (Ez. 31:10-11).

¿Existen logros humanos que podemos elogiar? ¿Podemos aceptar como bendición las muchas amenidades y las mejorías en la salud, que el mundo disfruta cada vez más? Sí, por supuesto. No es honesto si solamente publicamos titulares negativos… como si nosotros los cristianos tuviéramos algún tipo de alegría maliciosa con respecto a las malas noticias, y nos estuviéramos divirtiendo con el fracaso y el sufrimiento de la humanidad. Una parcialidad injustificada de ese tipo solamente nos desacredita.

Los cristianos no tenemos razón alguna para no reconocer honestamente los logros de la humanidad en el dominio sobre la Tierra. Después de todo, si los valoramos, no es que nos creamos algo por eso, sino que alabamos a Dios y Le damos gracias por ellos. Solamente a través de Él y de Su Hijo han sido creadas todas las cosas. “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap. 4:11). Esta verdad nunca cambia, independientemente de cuánto Dios pueda haber capacitado a la humanidad para sojuzgar la Tierra y para producir logros útiles.

Hoy en día, la humanidad se ha vuelto bastante orgullosa. La misma ha llegado a un punto en el cual las lenguas y los principios de fe materialistas convergen. La globalización, el monetarismo y la interconexión de todas las personas en este planeta, han hecho avanzar mucho a la humanidad. De hecho, como Dios dijo en otro tiempo: “ahora nada los detendrá de hacer lo que se han propuesto”. Y, de hecho, la humanidad organizada cree que hace mucho ya que no necesita a Dios. Peor aún, la idea de creer en un Dios creador es considerada como primitiva. De este modo, en definitiva, a nivel mundial se alcanza el punto descrito por Judas: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Jud. 14-15); cp. Sal. 2:1-3; Is. 2:12-18).

Los cristianos que han recibido una esperanza gloriosa y que por eso son salvos de la ira, pueden estar agradecidos por los avances logrados y por el alto estándar de vida. No obstante, ni la tecnología ni el humanismo son nuestra torre fuerte, sino: “Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado” (Prov. 18:10; cp. Sal. 61:3).

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