Murió durante el ascenso

Norbert Lieth

Estas palabras están grabadas en una placa conmemorativa en los Alpes que recuerda a un guía de montaña que perdió su vida al tratar de salvar a un alpinista accidentado.

La Biblia nos dice acerca de Aarón: “Y subió el sacerdote Aarón al monte de Hor, conforme al dicho de Jehová, y allí murió…” (Números 33:38). Algo parecido sucedió con Moisés: ascendería al monte Abarim para ver la tierra que el Señor daría a Israel, y luego moriría (Números 27:12-13).

Todavía tenemos muchos años por delante–hay mucho por hacer, mientras ponemos nuestra mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo, a la diestra de Dios (Colosenses 3:1). En Colosenses 3:2 leemos: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.

Hay plantas trepadoras que crecen hacia arriba, sujetándose a algún soporte, con el fin de desarrollarse mejor. La judía de enrame es un ejemplo de este tipo de vegetación: con el tiempo comienza a retorcerse con mayor rapidez. Al principio los zarcillos giran solo una vez al día alrededor del rodrigón, para luego ser capaces de realizar ocho espirales en veinticuatro horas, y siempre, hacia arriba. Si hay algo cierto en estas plantas es que todas deben subir si quieren prosperar. Las plantas trepadoras que se vuelven rastreras por no encontrar apoyo (o un lugar dónde anclarse), crecen normalmente atrofiadas, con poco atractivo e infructíferas. Esto es una lección para nuestras vidas: para dar fruto, es necesario buscar las cosas de arriba. Una mentalidad terrenal es un impedimento para nuestro crecimiento espiritual. Nos atrofiamos y no somos fructíferos. Jesús es nuestro apoyo; debemos orientarnos hacia el Señor, aferrarnos firmemente y con fe a Él y a Su Palabra, con el propósito de crecer, florecer y dar fruto. Solo Él es nuestro sostén.

¿No buscamos demasiadas veces las cosas terrenales, en lugar de las celestiales, donde está Cristo? Nos dejamos cautivar por lo mundano, por las preocupaciones, por la búsqueda de la riqueza, por el consumismo o incluso por la lujuria y los deseos. Muchas personas en la actualidad son arrastradas por las teorías conspirativas. Toda su vida gira en torno a ellas, dejándose hipnotizar como una pequeña presa acorralada por una serpiente. Creen todo lo que se les pone por delante, sin cuestionar nada, siempre que sea dramático o espectacular. Muchas personas –entre ellas cristianas– se marchitan, se hunden en la depresión y se quedan estancadas espiritualmente; ¿por qué? Porque están muy apegadas a las cosas terrenales. Hoy en día, la preocupación por el clima, el miedo a quebrar económicamente o a ser alcanzado por la inflación nos lleva cautivos a la Tierra. Un amigo escribió: “Esta alarma de catástrofe diaria provoca miedo, y el miedo es el mejor caldo de cultivo para actuar de forma irracional”.

Ciertamente, eso no es lo que Dios quiere: Él pretende que miremos hacia arriba, hacia Su Hijo, el Autor y Consumador de la fe. Quiere que busquemos Su Reino y que seamos portadores de la esperanza celestial que necesitan los cautivos de esta Tierra.

“Murió durante la escalada”–sigamos ascendiendo hasta que estemos con Él.

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