Manipulación financiera profetizada

Wilfred Hahn

Apocalipsis 13 señala que la bestia (el Anticristo) y su cómplice (la segunda bestia) controlarán el comercio mundial en el tiempo del fin. ¿Cómo se verá esto en la práctica?

¿Habrá en el futuro un mundo sin dinero en efectivo? Esta pregunta es fuertemente discutida y a menudo mal interpretada. En EE.UU. el dinero en efectivo sigue jugando un rol importante ya que el 40% de las transacciones son abonadas en efectivo, y en muchos otros países este porcentaje es aún más alto. Pero la Biblia muestra que en el tiempo de los acontecimientos descritos en Apocalipsis 13, existirá un nuevo sistema de pago global. Este sistema verdaderamente podría ser sin dinero en efectivo.

Este artículo hará foco en la pregunta sobre por qué los bancos y los gobiernos tratan cada vez más de suprimir el uso de ­dinero en efectivo e introducir métodos de pago “sin efectivo”, a pesar de que hoy en día los consumidores tienen muy poco incentivo para ello.

En el mercado financiero internacional se puede observar una conspiración contra la humanidad. Por décadas una y otra vez se han establecido sistemas de pago sin efectivo; algunos intentos con tarjetas digitales han quedado sin éxito. ¿Recuerda GeldKarte, que se implementó en la década de 1990? Este sistema funcionaba según el principio de un monedero electrónico pero no pudo imponerse. A pesar de eso, la guerra privada contra el dinero en efectivo continúa.

¿Quién impulsa la abolición del dinero? Seguramente no los consumidores. Muy pocos consideran necesario el desarrollo de nuevos sistemas de pago, y mucho menos la abolición del dinero en efectivo. Mayormente, el pago con tarjeta en la caja lleva entre 25 y 50% más de tiempo que un pago en efectivo. Según encuestas los consumidores están conformes con pagar en efectivo en ciertas transacciones, y no ven ninguna razón para eliminar el dinero en efectivo.

Tampoco se puede demostrar que una sociedad sin efectivo sea más segura: en general, el daño de un robo de efectivo es moderado cuando se lo compara con otros crímenes (por ejemplo, el robo de automóviles). A pesar de esto, las nuevas tecnologías están avanzando y los gobiernos continúan implementando medidas nuevas para limitar el uso de dinero en efectivo. Este desarrollo es aún más enigmático cuando se consideran los altos costos de la instalación de sistemas de pago electrónicos. La manutención de esos sistemas en general es mucho más cara que el manejo de dinero en efectivo.

Entonces, siendo que los nuevos sistemas no traen ningún beneficio inmediato, debe haber otros motivos para querer llegar a una sociedad sin dinero efectivo. ¿Por qué las instituciones bancarias y los gobiernos propician sistemas de pago sin efectivo a pesar de que éstos son más caros y muy poco rentables?

Supongamos que existiera un sistema financiero mundial que tuviera que ser usado en todas las transacciones: los gestores podrían exigir una tarifa enormemente alta. Un sistema monopolítico de este tipo sería extremadamente rentable, siempre y cuando todas las demás posibilidades de pago fueran eliminadas o suprimidas. Pero para llegar a esta meta se necesita una “conspiración”, un convenio colectivo mundial, para introducir este sistema de monopolio. ¿Cuáles podrían ser las razones para hacerlo? Aquí algunas posibilidades:

1. En muchos países hay tasas de interés negativas. Esto representa un gran problema para las personas con poder de decisión, que tratan de dirigir la economía mundial. El hecho es que las tasas de interés negativas en cuentas bancarias pueden motivar a los clientes a retirar al menos una parte de su capital y guardarlo como dinero en efectivo. Eso tiene sentido, ya que así se pueden evitar las tarifas que se pagarían por el dinero en la cuenta (el dinero es más productivo debajo de la almohada que en una cuenta bancaria con interés negativo). De esta manera, cuando las tasas de interés son negativas los bancos pierden el dinero. No obstante, si no existiera ningún dinero en efectivo se eliminaría esta “fuga” en el sistema bancario. (Algunos bancos europeos ya han eliminado el manejo de dinero en efectivo.)

2. Si todas las transacciones son limitadas a un sistema de pago sin dinero en efectivo, es más fácil para los gobiernos calcular el producto interno bruto (actividad económica). Esto a su vez permite una maximización de los ingresos tributarios. Dicho sea de paso, en la India actualmente se intenta alcanzar esta meta. Con este motivo se retiran de circulación los billetes más grandes, para obligar a la gente a que las transacciones informales (que antes se pagaban en efectivo) ahora sean realizadas por los bancos, de modo que puedan ser registradas. En Grecia, Portugal y algunos otros países, recientemente se bajó el monto máximo permitido para transacciones en efectivo.

3. En vista de la crisis financiera mundial persistente y la perspectiva de que por eso se necesitarán nuevos instrumentos político-financieros más poderosos, un sistema sin dinero en efectivo parece ser necesario. Este otorga más posibilidades a las personas con poder de decisión para controlar a la sociedad y las actividades del individuo.

4. Como ya han documentado muchos estudios, el dinero es sucio en todo el sentido de la palabra. Los billetes generalmente están minados de bacterias, hongos y cosas peores. Una parte muy grande del dinero de papel incluso está contaminado con drogas como la cocaína. Por esto algunos aprueban la abolición del dinero en efectivo sencillamente por razones de higiene.

Estos motivos seguramente le alcanzan a aquellos con poder de decisión, y dejan en claro la postura arrogante de esta clase dirigente global: ellos piensan que saben lo que es lo mejor para la humanidad y su futuro. Estas son justamente las características perfectas para un soberano mundial que seduce a la gente y la lleva a reconocerlo como dios. He aquí la conspiración que se está avecinando.

¿Por qué podemos suponer que la Biblia predice un sistema financiero sin dinero en efectivo? En Apocalipsis 13:15-17 dice: “Y (la segunda bestia) hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”.

Este pasaje muestra que se introducirá un sistema de pago global, que incluirá a todas las personas a nivel mundial, independientemente de su posición social, económica o política; toda persona estará sometida a este nuevo sistema. Solo aquellos que reciban la “marca” y adoren a la primera bestia (v.15), podrán “comprar o vender”. No sabemos cómo será esa “marca”, pero es de suponer que este sistema global de pago estará sujeto a un control central. De no ser así, ¿cómo sería posible logísticamente introducir un sistema de este tipo en el mundo entero? Ya no se estará en condiciones de vender o comprar algo fuera de este sistema. Se tiene que tratar, por lo tanto, de un sistema de pago invencible, que no puede ser pasado por alto con dinero en efectivo o incluso oro.

Las profecías bíblicas confirman por lo tanto, que un día se introducirá un sistema sin dinero en efectivo. Pero del mismo modo es cierto que Dios no obliga a la humanidad a estar de acuerdo con Sus profecías ni a cumplirlas. En otras palabras: la humanidad no introducirá una sociedad sin dinero en efectivo para obedecer a la Biblia. La gente más bien hará eso por sus propias razones. La profecía bíblica (a menudo) manifiesta ya de antemano lo que la gente en el futuro “decidirá” por libre voluntad. Aun así, a pesar de la libertad de decisión humana, todo lo que fue profetizado en la Biblia se cumple. Esta lógica puede parecer algo confusa.

Del mismo modo, es desconcertante observar que la humanidad por libre voluntad toma decisiones imprudentes e inexplicables, que no siguen ninguna lógica. Pareciera que el hombre prefiere dañarse a sí mismo antes que obedecer a Dios. Un salmista formuló una pregunta similar: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? […] El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (Sal. 2:1,4).

Para que se pueda cumplir Apocalipsis 13:17 tienen que suceder (simplificadamente) por lo menos cuatro cosas:

1. Tiene que existir un sistema financiero cerrado y presente a nivel global, y tienen que estar las tecnologías necesarias. Eso significa que ni siquiera un solo banco pequeño en Tupelo, Mississippi, o en la isla Tuvalu, estará en condiciones de realizar algún tipo de transacción fuera de ese sistema (sea para la compra de comestibles o la venta de una casa).

2. Un sistema bancario central tiene que estar presente en todas partes y ser coordinado centralmente; tiene que llevar a una filosofía del dinero mundialmente compartida, que influya fuertemente en el mercado y en el comportamiento humano. En otras palabras: el mundo entero tiene que estar de acuerdo en dirigirse según las mismas reglas y valores, y en seguir y obedecer a los funcionarios financieros (en cierto sentido los reyes modernos).

3. Las leyes y las instituciones de reglamentación que están por encima de las actividades financieras de los países individuales, deben estar sujetas a una autoridad mundial central para que se pueda imponer un sistema unitario.

4. Finalmente tiene que existir una “economía política” global, ya sea bajo de un grupo muy pequeño de países poderosos o bajo un autócrata individual que posea mucho poder.

Los primeros dos pasos mayormente ya han sido puestos en práctica y la tercera fase parece estar en proceso en la actualidad. La cuarta etapa, sin embargo, resulta más difícil. ¿Por qué? Porque los países individuales primero deberían renunciar a una parte de su poder a favor de un sistema centralizado, y eso solo lo harán con renuencia. Pero como los tecnócratas y los estrategas políticos saben bien, no hay nada más efectivo que una crisis para lograr un consenso político o forzar un cambio. Milton Friedman, un conocido científico económico, expresó: “Solo una crisis, sea verdadera o imaginaria, puede causar verdaderos cambios”.

En tiempos de desesperación, la gente toma decisiones malas porque piensa que no tienen otra opción; renuncia a sus libertades y posiblemente incluso se deja esclavizar. Un ejemplo de esta tendencia lo encontramos en el Antiguo Testamento durante los siete años de sequía en tiempos de José. En los últimos años de la hambruna la gente estaba tan desesperada que decían: “¡Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón!” (Gn. 47:19).

No creamos que los desarrollos apocalípticos serán impedidos por el hecho de que el tercer paso aún no se ha concretado. Como quedó claro en los peores momentos de la última crisis financiera global, los que tienen el poder de decisión están dispuestos a desatender las leyes y romper las reglas. Ellos consideraron que ese proceder estaba justificado por la gravedad de la crisis. Cuando el anticristo aparezca en escena y reciba el poder de los diez reyes y del dragón, él podrá abrogar todas las leyes y todos los convenios.

Puede que los acontecimientos de Apocalipsis 13 estén más cerca de lo que se cree: los últimos acontecimientos en el tiempo de la Iglesia y los sucesos que inician el tiempo de la Tribulación llegarán “de repente” (Lc. 21:34; 1 Ts. 5:3) y “por una hora” (Ap. 17:12).

No existe ningún mecanismo de control terrenal mundial más poderoso que un sistema financiero unitario sin dinero en efectivo. Obviamente a la bestia le dará mucho gusto aprovechar en su beneficio la tendencia a adorar el dinero que tiene la humanidad. Jesucristo advirtió: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mt. 6:24-25).

El control financiero que ejerce la segunda bestia “obliga” a las personas a la aprobación y adoración de la primera bestia (el Anticristo, quien recibió su poder del dragón). La amenaza de perder el acceso a comida, bebida y vestimenta inducirá a los adoradores del dinero a aceptar la “marca”. Aquellos que de lo contrario no se preocupan por su vida ni por qué comerán o beberán, rechazarán las exigencias de la bestia. Ellos saben que la vida es “más que alimento”.

En la Biblia dice que aquellos que se nieguen a adorar a la primera bestia (“mas el que persevere hasta el fin”, Mt. 24:13), serán asesinados. Ese será el método del régimen discriminatorio del tiempo de la Tribulación (esto durará 42 meses). Su objetivo es hacer a la gente obediente a la primera bestia, para que rechacen a Dios, el Cordero y todo lo que está escrito en el Libro de la Vida. Pero el Señor tiene la última palabra; Juan escribe en Apocalipsis cómo terminará todo eso:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Ap. 20:4).

Las personas que adorarán al Anticristo también conocerán un sistema discriminatorio. Así leemos cómo el tercer ángel dice con voz fuerte: “Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre”.

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