Los “Hermanos Suizos” - Parte 4

Anónimo

Una mirada retrospectiva a la historia de los anabaptistas de Zúrich en el tiempo de la Reforma.

¿Qué nos ha dado el anabaptismo perseguido?

A primera vista, pareciera que los anabaptistas de Zúrich y Zollikon hubieran fracasado. Los tres líderes del movimiento fueron desterrados o asesinados, los habitantes de Zollikon “entraron en razón”. El poder político se impuso con una brutalidad inaudita. ¿Una derrota total?

La apariencia engaña. La revista Life hace años tuvo en su portada una imagen de la iglesia de Zollikon, con el título: Zollikon –the cradle of baptism (Zollikon –la cuna del anabaptismo). Este título no es del todo correcto. El principio verdadero y práctico del anabaptismo se encuentra en la calle Neustadt en Zúrich, cuando en la noche del 21 de enero de 1525 los primeros “hermanos en Cristo” se bautizaron unos a otros en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero ya en el correr de la semana siguiente surgió en Zollikon una comunidad que cumple con todas las características de una iglesia independiente. Fritz Blanke nota, que la hermandad en Zollikon predicaba, bautizaba, celebraba la Santa Cena y practicaba la disciplina de la iglesia. Estas serían las cuatro características de una iglesia cristiana independiente. Esta observación es correcta. Zollikon fue el lugar donde surgió la primera iglesia independiente organizada de la historia mundial de la era nueva.

Y eso no es todo. Los “hermanos” de Zúrich y Zollikon no solamente descubrieron de nuevo las bases de la vida práctica de la iglesia que enseña la Biblia. También en otras áreas nos han mostrado el camino a la práctica bíblica:

– La verdadera iglesia se compone de los que se han convertido. (Los “hermanos en Cristo” habrían agregado a esta frase: “y están bautizados”. Para ellos, sencillamente era parte de la identidad del cristiano, que se confesara su conversión con el bautismo.)

– El sacerdocio general de todos los creyentes.

– La gran comisión de Jesucristo (Mt. 28:18-20) es para todo cristiano verdadero.

– La importancia del estudio bíblico personal y del grupo de hogar del lugar, donde juntos reflexionan sobre la Palabra de Dios.

– La iglesia usa sus propios medios para ayudar a los necesitados, sin requerir las finanzas del Estado.

– Independencia de la iglesia local del Estado con respecto a financiación y organización.

La mayoría de estos elementos para los evangélicos de hoy en día son evidencia de la vida de iglesia. Solo unos pocos saben el alto precio que se pagó por esta práctica.

También en cuanto al tiempo, el testimonio de los “hermanos” ha influido mucho. Ni el movimiento de reavivamiento del siglo XIX, ni los millones de bautistas estadounidenses que hoy ejercen una influencia bendecida sobre la misión mundial, habrían existido sin ellos.

Con eso no se ha dicho nada todavía sobre la lealtad y el valor extraordinarios de incontables anabaptistas en el tiempo de la reforma en vista de sufrimientos de lo más crueles que les fueron causados por el clero y el Estado. Tampoco se ha dicho nada sobre el empeño misionero candente por las personas perdidas, que estos hermanos presentaban. Además se debe tener en cuenta, que los “hermanos en Cristo” –aun sus líderes– en el momento de su aparición pública, hacía recién unos pocos años que eran creyentes. La madurez y el equilibrio de su doctrina eran tanto más notables. Ellos no disponían –como nosotros en la actualidad– de montañas de literatura teológica, concordancias, comentarios, etc. La mayor parte de sus conocimientos y de su ejemplo práctico lo sacaban sencillamente de la Biblia misma. En vista de eso, el amor de ellos al Señor debe avergonzarnos a nosotros en nuestra generación cristiana. No podemos tratar honestamente con el testimonio de estos hermanos en la fe, sin arrepentimiento por nuestra tibieza. Del ejemplo práctico de ellos tenemos mucho que aprender.

Un último punto: nuestra sociedad considera la separación de iglesia y Estado como un logro de la “ilustración”. Eso es erróneo. Los “Hermanos Suizos” sabían con base en las Escrituras, que tanto la iglesia cristiana como también el Estado son instituciones dadas por Dios. Por lo tanto, ambas deben ser respetadas, pero deben ser separadas por su carácter. A este conocimiento llegaron los “hermanos” dos siglos y medio antes de aquellos hombres que provocaron la corriente intelectual humanista de la “ilustración”. Honor a quien honor corresponde (Ro. 13:7).

Como apreciación concluyente de la historia del anabaptismo del siglo XIV, G.H. Williams –él no es anabaptista– sostiene en su obra impactante The Radical Reformation (La Reforma Radical): “La gran mayoría del imponente grupo de hombres y mujeres cuya vida hemos bosquejado, trasmiten una impresión formidable de su seriedad, de su valor, a menudo solitario, y de su convicción. Ellos eran conscientes de la guía divina que determinaba sus acciones. La desolación, la miseria, la brutalidad y la locura de todo el gran escenario en que ellos jugaban su rol, fueron aliviadas para ellos por la seguridad intensa en sus corazones que, por encima de la cruz que debían cargar, Dios cuida a los Suyos. […] Los hombres y las mujeres valientes de la reforma radical merecen que su testimonio sea evaluado de nuevo ante los tribunales menos partidistas de una era más tardía.”

Los acontecimientos de Zúrich y Zollikon entre 1523 y 1527 nos hacen recordar las palabras de 1 Juan 2:17: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

El autor, un suizo, que se ha dedicado exhaustivamente al anabaptismo, es conocido a la redacción, pero desea quedar anónimo y en el trasfondo, para que la luz de Jesucristo brille tanto más claramente a través del testimonio de los anabaptistas.

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