Los “Hermanos Suizos” - Parte 2

Anónimo

Una mirada retrospectiva a la historia de los anabaptistas de Zúrich en el tiempo de la Reforma.

En el año 1519, Ulrico Zuinglio llega a ser párroco de la catedral Grossmünster de Zúrich, en aquel entonces una ciudad con 8000 a 10,000 habitantes. El 1º de enero, su trigésimo quinto cumpleaños, él llega en barco a la iglesia reformada en Zúrich para comenzar su trabajo. Desde el principio en la misa, hace hincapié en la prédica de interpretación del Nuevo Testamento.

Dos años después, Zuinglio dicta clases de lenguas bíblicas, un medio para ganar personas jóvenes de la ciudad para su posición. Entre los estudiantes se encuentra Konrad Grebel. Las clases consisten en el estudio de las versiones de textos bíblicos en latín, griego y hebreo. A continuación del estudio de texto, los estudiantes debían mostrar en forma de una prédica, que habían comprendido el sentido del texto. Una ocupación más cuidadosa con el texto bíblico es difícil de imaginar.

Después de tres años de trabajo, Zuinglio logró una influencia considerable en la ciudad. Félix Manz comienza a participar de las clases de Zuinglio. En la primavera de 1522, a la edad de 24 años, Konrad Grebel se convierte a Jesucristo. Manz y Grebel llegan a ser seguidores fieles de Zuinglio.

El 29 de enero de 1523, en la primera disputa pública sobre asuntos de fe, el Consejo Municipal de Zúrich se declara a favor de la Biblia como fundamento vinculante para el cristianismo y a favor de la prédica reformada de Zuinglio. Esta decisión es un golpe estratégico contra los seguidores de la fe católica vigente hasta entonces.

El 28 de abril, Wilhelm Röubli, un sacerdote de origen alemán, se casa públicamente en Witikon. Él es el primer sacerdote en suelo suizo que se deshace del celibato. En sus prédicas, se expresa en contra del diezmo que las comunidades agrícolas pagan a la ciudad de Zúrich.

En el verano, Zuinglio llega a conocer a Hinne Rhode, un sacramentario holandés. Los sacramentarios eran personas que consideraban a aquellos rituales que la iglesia de aquel tiempo denominaba de “sacramento” (por ej.: ­eucaristía, bautismo de niños), como meras señales que no producían ninguna transformación interior en aquel en quien eran realizadas. Contrario a eso, la iglesia católico-romana dice hasta el día de hoy, que las acciones rituales realizadas tendrían un efecto inherente: al mojar ligeramente al bebé con agua, este se convierte en cristiano; en el pan que se recibe en la eucaristía está Cristo presente en cuerpo. Rhode le entrega a Zuinglio una copia de la obra de Cornelius Hoen, Epistola Christiana admodum. En este libro, la Santa Cena es interpretada como una ordenanza del Señor con un contenido netamente simbólico. En otras palabras: cuando el Señor dice: “Este es mi cuerpo”, el significado del verbo es “significa”, y no “es” en el sentido literal. A esta interpretación, con el tiempo, se unen tanto los anabaptistas como también Zuinglio (y la representan actualmente la mayoría de los evangelicales).

Durante ese verano de 1523, se dan primeros contactos entre Zuinglio y Conrad Grebel, Felix Manz y Simon Stumpf, un pastor de Höngg. Los tres hombres piden a Zuinglio, que agilice la Reforma y que tome medidas más concretas.

En septiembre, Niklaus Hottinger, ciudadano de Zollikon, compró un terreno en Stadelhofen en el cual se había levantado un crucifijo. Durante la noche, Hottinger, Hans Oggenfuss y Lorenz Hochrütiner extrajeron el crucifijo. Hottinger cortó la madera y la vendió a los pobres como combustible. Lo echan en la cárcel, pero dos meses después es liberado por intervención de Zuinglio. Él se va de la ciudad y actúa como predicador del evangelio en los alrededores de Baden, que en ese entonces todavía era territorio católico. Las autoridades católicas lo prendieron y lo trasladan a Lucerna. El 9 de marzo de 1524, el consejo ejecutivo decide que la extracción del crucifijo sería una blasfemia y condena a Hottinger a morir. El 26 de marzo él es decapitado en Lucerna.

Hottinger es el primer mártir de la nueva fe. Él era uno de aquellos habitantes de Zollikon que apenas un año y medio antes se habían unido al movimiento anabaptista.

Del 26 hasta el 28 de octubre de 1523, se realiza una segunda disputa pública en Zúrich con respecto a la misa y las imágenes de los “santos”. Zuinglio considera que la misa se desviaría en tantos puntos del modelo bíblico de un servicio a Dios, que se equipararía a una blasfemia. Aún así, en público defiende el parecer, que la misa podría ser una representación válida de la obra redentora de Jesucristo. Durante la disputa dice, que el concejo de Zúrich decidiría, cuáles medidas se debería tomar con respecto a la estructuración de la misa. A causa de eso, se levanta Simon Stumpf y responde: “Maestro Ulrico, tú no tienes ningún derecho de poner esta decisión en las manos de mis señores indulgentes, porque la decisión ya fue tomada: el Espíritu de Dios decide”. También Baltasar Hubmaier, sacerdote en Waldshut, Ludwig Hätzer, otro sacerdote alemán, al igual que Manz y Grebel expresan que consideran que esta manera de proceder esté equivocada, ya que no concuerda con la Palabra de Dios.

Para comprender la posición de estos hombres debemos saber que en aquel tiempo Zuinglio y los otros sacerdotes daban la misa en latín, vestidos de casullas, y durante la Cena del Señor privaban a la congregación de la copa. En el bautismo de niños, se les sopla a los infantes, se echa al diablo y se hace la cruz sobre ellos. Además los humedecen con saliva y los ungen con aceite. Todos estos ritos son costumbres católicas, y carecen de base bíblica.

El 19 de diciembre, Zuinglio definitivamente deja la decisión sobre la forma de los servicios a Dios en manos del concejo. Para Grebel, Manz y Hätzer, el reformador con eso sacrifica la autoridad de la Palabra de Dios sobre el altar de la táctica y la conveniencia humanas. La correspondencia de Konrad Grebel permite ver esto claramente.

El teólogo menonita Harold Bender opina que la decisión de Grebel de no someterse a las decisiones eclesiásticas del concejo de Zúrich, al nivel estratégico, representa el comienzo de la iglesia libre. Esta observación es acertada. Pero también se debe decir que Grebel y sus compañeros en ese tiempo aún no tenían un concepto claramente definido, de cómo debería ser una iglesia. Sus convicciones al respecto recién se forman a través del estudio bíblico durante el debate con Zuinglio en el año próximo.

En el correr del año 1524, algunas personas forman una célula alrededor de Konrad Grebel, de la cual a principios del siguiente año se forma el anabaptismo como un movimiento independiente. Los miembros del grupo se encuentran en las casas para estudiar la Biblia y orar. Uno de los lugares preferidos se encuentra en el hogar de Felix Manz, en la calle Neustadt.

A través del año, Grebel, Manz y Simon Stumpf toman varias iniciativas con Ulrico Zuinglio y Leo Jud, en las cuales proponen una realización más fiel a la Biblia de la Reforma. Las propuestas más importantes son:

- Zuinglio debería lanzar un llamado, según el cual todos los ciudadanos de Zúrich que quisieran seguir a Jesucristo, debían cambiarse del lado de Zuinglio. Grebel y Manz estaban convencidos, que una mayoría seguiría a este llamamiento. A través de esta mayoría de cristianos decididos, sería entonces posible elegir un nuevo concejo de Zúrich, que se compondría de cristianos conscientes.

- Un predicador no debería vivir del diezmo que había ordenado el estado, sino de dádivas voluntarias de los creyentes. Los hermanos ofrecieron a Zuinglio una suma de 100 florines, en caso de que él estuviera de acuerdo con la petición de ellos.

- La Iglesia no debería ser organizada por el estado, sino formarse a sí misma en reuniones locales.

- No al bautismo de niños, sino que el bautismo sería dado a adultos que se habrían convertido a Jesucristo.

Todas estas propuestas fueron rechazadas por Zuinglio, porque le parecían demasiado radicales. Su plan era influenciar a través de prédicas incesantes a los ciudadanos de Zúrich, y en especial al concejo, de tal modo que reformas deseadas por Zuinglio fueran realizadas.

El grupo de Grebel mantiene correspondencia con teólogos contemporáneos, residentes en el extranjero (Karlstadt y Lutero). Se establece un contacto con Wilhelm Röubli, predicador en Witikon y Zollikon, quien considera que el bautismo de niños no sea bíblico, y quien le abre los ojos sobre todo a Grebel para la doctrina neotestamentaria del bautismo por la fe.

Konrad Grebel escribe dos cartas a Thomas Müntzer, un sacerdote alemán con tendencias entusiastas, quien durante la gran guerra de los campesinos alemanes (1524-1525) jugaría un rol indigno. En dichas cartas en representación de sus correligionarios, Grebel toca siete puntos, en los cuales ellos expresan sus reservas frente a las convicciones de Müntzer. Ellos sobre todo se distancian de la disposición de este, de causar cambios en asuntos de creencia por medio de la violencia.

La carta sigue expresándose extensamente sobre la Cena del Señor. Debe ser tomada a menudo teniendo en cuenta la disciplina de la iglesia enseñada en Mateo 18:15-18. De estos comentarios, podemos concluir que los cristianos alrededor de Grebel y Manz tomaban con regularidad la Cena del Señor en sus reuniones. A esta altura, unas veinte personas pertenecen al grupo.

En el otoño de 1524, Felix Manz reparte en Zúrich copias de la obra de Karlstadt sobre la Cena del Señor. Esta acción de distribución representa una crítica a la forma de la Cena del Señor común en Zúrich en ese entonces. Recién en el correr del año 1525 fue que Zuinglio pasó a enseñar públicamente que el pan y el vino son simplemente símbolos, y a dar participación de la copa a la congregación (en la iglesia católico-romana en aquel entonces los “laicos” no podían tomar de la copa).

Desde octubre hasta diciembre hubo conferencias privadas entre representantes del grupo de Grebel y Zuinglio y Leo Jud sobre el tema bautismo. No se llegó a un acuerdo. Manz entrega al concejo de Zúrich una introducción escrita sobre este tema con exégesis bíblica, y solicita que Zuinglio por su parte también pueda responder por escrito por intermedio del concejo.

Zuinglio, de lo contrario, reacciona con la publicación de un escrito en el cual se expresa sobre diversos “alborotadores”. Entre estos, en ese momento, él ya cuenta a aquellos que tienen reservas con respecto al bautismo de niños. Él los inculpa de orgullo espiritual y les exige dejar la difícil tarea de la docencia a los pastores. Este es su último llamado a la unidad.

¿En qué se diferencian estos dos grupos? Ambos están convencidos de que la Biblia es la Palabra de Dios. La diferencia se encuentra en la comprensión práctica de la autoridad y aplicación de las Escrituras. Fritz Blanke, antes profesor para historia eclesiástica en la Universidad de Zúrich, observa en su libro Brüder in Christo (Hermanos en Cristo), que para Zuinglio la Biblia solamente es absolutamente vinculante con respecto a la redención en Cristo; en otros asuntos, el cristiano estaría libre en cuanto a la aplicación. Para las personas alrededor de Manz y Grebel, de lo contrario, la Biblia es vinculante en todos los puntos acerca de los cuales se expresa. Su reflexión básica consecuente puede ser parafraseada de la siguiente manera: “Si la Biblia es la Palabra de Dios, y por lo tanto habla con autoridad divina, entonces eso no solo es válido para la salvación del pecador a través de la fe en Jesucristo, sino también en otras áreas en las que habla a nuestras vidas”.

Es así como, en cuanto al bautismo, se llega al conflicto entre la autoridad de la Biblia y la autoridad del reformador de Zúrich, es decir, el concejo de Zúrich.

Los “Hermanos” habían pedido al concejo un intercambio de ideas por escrito. A eso no se llega. En lugar de ello, el concejo invita a ambos partidos a una disputa sobre el asunto del bautismo para el día 17 de enero de 1525. La invitación, sin embargo, deja entrever que la opinión del concejo ya está hecha: en ella, los adversarios del bautismo de niños son denominados de errados. El desenlace del debate ya está determinado antes de que este haya comenzado.

El autor, un suizo, que se ha dedicado exhaustivamente al anabaptismo, es conocido a la redacción, pero desea quedar anónimo y en el trasfondo, para que la luz de Jesucristo brille tanto más claramente a través del testimonio de los anabaptistas.

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