Los “Hermanos Suizos” - Parte 1

Anónimo

Una mirada retrospectiva a la historia de los anabaptistas de Zúrich en el tiempo de la Reforma.

En una carta a Myconius, Ulrico Zuinglio escribe: “Yo creo que, así como la Iglesia fue llamada a la vida por medio de sangre, solamente puede ser renovada a través de sangre, y de nada más”. Con “sangre” se refería a un testimonio de la verdad caracterizado por sufrimiento. Zuinglio sigue explicando: “El mundo nunca será un amigo de Cristo, y el galardón prometido por Cristo va de la mano con persecuciones. Él ha enviado a los Suyos como ‘ovejas entre los lobos’”.

En este y los siguientes textos, queremos relatar la historia de algunos cristianos del Zúrich de los tiempos de la Reforma. Sus vidas confirman las palabras arriba citadas del reformador de Zúrich. Estos cristianos, sin saberlo, fundaron el anabaptismo. La historiografía los llamó despectivamente “rebautizadores”, siguiéndole con esto al cronista oficial de aquel tiempo, Heinrich Bullinger. Historiadores más objetivos que el reformador de Zúrich dieron al grupo de aquel entonces el nombre de “Hermanos Suizos”. Este título es más apropiado. Además, debe tomarse en consideración, que los anabaptistas de Zúrich de aquel tiempo eran solo uno de miles de agrupaciones de ese tipo, que se formaron durante los alrededor de 60 años después del 1520 entre el Mar Adriático y el Mar Báltico. Para nosotros, se trata de los sucesos en Zúrich y Zollikon durante los años 1519-1527.

En esos lugares observaremos el marco social y las personas principales.

Los acontecimientos de aquel tiempo tuvieron lugar en un orden social que aún estaba determinado totalmente por la Edad Media. Estado e Iglesia eran dos mitades de un todo inseparable a principios del siglo XVI (desde hacía ya 1,000 años); los asuntos políticos estaban de lo más estrechamente entrelazados con los temas religiosos.

Fue así que el ritual católico del bautismo de niños no solo estaba decretado por la Iglesia, sino también por el Estado, y eso no solo en la Confederación Suiza, sino en toda Europa.

Otro ejemplo: las comunidades rurales alrededor de Zúrich, cada año, debían jurar su fidelidad a la ciudad. Inseparable de este juramento religiosamente legitimado, también estaba la recaudación de impuestos.

A pesar de una oposición creciente, la iglesia seguía teniendo la supremacía absoluta en asuntos religiosos, además de un considerable poder político. En 1493, por ejemplo, la disputa entre los poderes marítimos de Portugal y España en cuanto a pretensiones regionales en América del Sur fue arreglado por medio de una sentencia arbitral del Papa Alejandro VI. Y en 1501, una bula papal ordenó la quema de libros contra la autoridad de la iglesia y multas eclesiásticas contra sus propagadores.

Estos hechos debemos tenerlos en consideración, si queremos comprender la razón por la cual el conflicto entre Ulrico Zuinglio y el concejo municipal de Zúrich por un lado, y los anabaptistas por el otro lado, llegaron a tomar dimensiones tan dramáticas (como veremos en las siguientes ediciones).

Entretanto, no sería acertado explicar la vehemencia de este conflicto solamente con el hecho de que en los sucesos de ese entonces se chocaron ideas nuevas con estructuras anticuadas. Lo que ocurrió en el Zúrich y el Zollikon del tiempo de la Reforma, era en su esencia, una confrontación entre la autoridad de la Palabra de Dios y el ansia humana de poder.

Las personas principales fueron las siguientes:

Ulrico Zuinglio, nacido el 1º de enero de 1484 en Wildhaus. Estudios en Basilea, Berna y Viena. Como estudiante, superaba a sus compañeros de estudio en dedicación e inteligencia. Después de finalizar sus estudios llegó a ser párroco en Glarus, luego en Einsiedeln. Allí adquirió fama como predicador. Peregrinos de Zúrich informaban en la ciudad a orillas del río Limago de las prédicas del talentoso orador, y cuando quedó libre el puesto de párroco en el templo Grossmünster, llamaron a Zuinglio. Cuando percibió el éxito de su trabajo, persiguió la visión de una reforma de la iglesia con la ayuda de las autoridades civiles. Él esperaba que con esta estrategia un día vería el nacimiento de un “Israel alpino”, al cual poco a poco se unirían todos los cantones de la Confederación.

Conrad Grebel, nacido en 1498 como hijo de Jacob Grebel, un ciudadano y político influyente de la ciudad de Zúrich, miembro del gremio “Zur Meise”. Conrad estudió en Basilea, Viena y Paris, pero sin lograr obtener un título. Durante los años de estudio llevó una vida caracterizada por excesos, riñas y alcohol. A consecuencia, en 1520 regresó a Zúrich con la salud considerablemente comprometida. Con Zuinglio, comenzó a estudiar los autores griegos clásicos, y el Nuevo Testamento en griego y en hebreo. El 6 de febrero de 1522 se casó contra la voluntad de sus padres con una muchacha de clase baja. En el mismo año, se convirtió a Jesucristo, y llegó a ser un compañero leal de Zuinglio. Con el correr del tiempo, llegaría a ser el líder indiscutido de los anabaptistas.

Felix Manz, nacido en Zúrich en 1498 (fecha incierta), hijo natural de un sacerdote católico (igual que Erasmo, Leo Jud y Heinrich Bullinger). En 1522, se unió al grupo de estudio de Zuinglio y allí conoció a Grebel. Llegó a tener buenos conocimientos de latín, griego y hebreo. Retóricamente, era más dotado y popular que Grebel. Él, Grebel y Georg Blaurock fueron los líderes de los “Hermanos Suizos”. Hasta su ejecución en 1527, Manz repetidamente fue enviado a la cárcel por las autoridades. W. Estep, un historiador americano, notó: “Casi ninguna cárcel del entorno de acción de Manz podía evitar ser honrada por su presencia.”

Georg Cajacob, llamado Blaurock, nació 1491 en Bonaduz, del cantón Graubünden, Suiza. Él absolvió un estudio de teología en la Universidad de Leipzig y llegó a ser sacerdote de la iglesia católica. Entre 1516 y 1518, fue vicario en Trins, que pertenece a la diócesis de Chur. En 1523, se convirtió en seguidor de la Reforma. Cuando él llegó a Zúrich, ya estaba casado; para los sacerdotes católicos de aquel tiempo, fue una novedad. Apareció públicamente por primera vez en la disputa del 17 de enero 1525. Por su fervor, pronto se le dio el título “el Jörg fuerte”. Sus amigos lo llamaban “el segundo Pablo”. De los tres líderes del movimiento de los anabaptistas, su acción cubrió la región geográfica más grande y dejó el mayor efecto.

En qué tiempo tan movido obraban estos hombres, cuánto se confirmaría la cita de Zuinglio mencionada al principio y lo que eso significa para nosotros hoy, lo veremos en las siguientes ediciones.

El autor, un suizo, que se ha dedicado exhaustivamente al anabaptismo, es conocido a la redacción, pero desea quedar anónimo y en el trasfondo, para que la luz de Jesucristo brille tanto más claramente a través del testimonio de los anabaptistas.

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