“Lo malo consiste en abandonar a Dios”

Basilio de Cesarea († 379)

Si Dios originalmente creó al diablo como un ser bueno y glorioso, ¿cómo entonces fue posible su caída? Dictamen de un profesor de la Biblia de tiempos antiguos.

¿Cómo fue posible que el diablo llegara a ser malo?
Para esta pregunta nos alcanza la misma respuesta que dimos con respecto a la depravación del ser humano (Llamada de Medianoche 1.19). ¿Cómo fue que el ser humano llegó a ser malo? Por su propia elección libre. ¿Cómo llegó a ser malo el diablo? Por la misma razón. También él tenía libre albedrío. Estaba en su poder quedarse con Dios o renegar de Él. Gabriel es un ángel que está delante de Dios sin cesar. Satanás era un ángel, pero perdió totalmente su posición. En cuanto a Gabriel, su libre elección hizo que se quedara en el cielo; al diablo la libertad de elección que tenía lo tiró al infierno. También podría haber sido Gabriel el renegado y Satanás haberse quedado. El primero se quedó por su amor ilimitado hacia Dios; el último llegó a ser digno de condenación por apartarse de Dios. El hecho es, que lo malo consiste en apartarse de Dios. El ojo solamente necesita virar un poco, y vemos ya sea el sol o la sombra de nuestro cuerpo. Si miras al sol, serás iluminado inmediatamente; pero si te diriges hacia la sombra, obligadamente hay oscuridad sobre ti. El diablo es malo, porque él consciente y libremente se decidió por la maldad, no porque su naturaleza estuviera opuesta al bien.

El diablo podría haberse aliado con los humanos que han escogido el mal. ¿Por qué nos odia tanto a pesar de eso?
Él se ha vuelto una vasija de todo tipo de maldad, también aceptó dentro de sí la enfermedad de la envidia y nos cela el honor. Él no podía soportar nuestra vida armoniosa en el paraíso. Por eso engañó al ser humano con astucia y fraude. Para la seducción utilizó la misma ansia que tenía él, es decir: ser igual a Dios. Él mostró al ser humano el árbol, y le prometió que al disfrutar de la fruta del mismo sería igual a Dios. “El día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y el mal” (Gn. 3:5). De modo que él no fue creado como adversario nuestro, sino llegó a ser nuestro enemigo por envidia. Cuando él fue expulsado del círculo de los ángeles, le pareció insoportable que a través de su defección, el ser humano terrenal pudiera ser exaltado a la dignidad de los ángeles.

Habiéndose vuelto disidente, ahora es enemigo de Dios y enemigo de los humanos que fueron creados a imagen de Dios. Por la misma razón por la cual es adversario de Dios, odia a los humanos. Él nos odia porque somos propiedad del Señor y nos odia por ser imagen y semejanza de Dios.

Él era un ángel de alto rango. ¿De dónde vienen sus nombres actuales “diablo” o “satanás”?
Se llama satanás, porque resiste a todo lo bueno. Eso es lo que significa la palabra hebrea, como sabemos de los libros de los reyes, donde dice: “Jehová suscitó un adversario [satán] a Salomón: Hadad, el edomita, de sangre real, que estaba en Edom” (1 Reyes 11:14). Se llama diablo (griego: diabolos, lo que significa difamador), porque él nos ayuda a caer en el pecado y al mismo tiempo es nuestro acusador. Él se alegra de nuestra caída y nos acusa por nuestras acciones. Por naturaleza no tiene cuerpo – según la palabra del apóstol: “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Por lo tanto, su dignidad es la de un gobernador y la sede de su dominio está en el aire, como dice el mismo apóstol: “… siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Ef. 2:2). Por eso, él también se llama príncipe de este mundo porque su dominio se extiende por toda la Tierra (cp. Jn. 12:31; 14:30).

¿Por qué Dios siquiera permite su dominio maligno y sus ataques contra nosotros?
El conductor sabio y cuidadoso de los destinos humanos usa la maldad del adversario para la educación de nuestras almas, del mismo modo como un médico utiliza el veneno de la serpiente para la preparación de medicamentos sanadores.

¿Qué quiere decir con eso?
Del mismo modo el que un médico también hace el bien cuando él le causa sufrimiento y dolor al cuerpo –porque él lucha con la enfermedad, no con el enfermo– así también Dios es bueno, cuando Él se encarga de la salvación del ser humano a través de una disciplina parcial. Después de todo, al médico no le haces ningún reproche, cuando él corta y quema en los miembros del cuerpo, e incluso amputa algunos totalmente. Más bien incluso le das dinero por eso, y lo llamas tu salvador, porque él reduce la enfermedad a una pequeña parte, antes de que la misma pueda infectar el cuerpo entero.

¿Eso significa que Dios deja que el diablo actúe y permite cosas terribles, para sanarnos? No entiendo eso.
Ciertos males son infligidos por Dios, para no permitir que surja el verdadero mal. Las enfermedades físicas y la tribulación exterior han sido ideadas para la contención del pecado. Dios quita el mal; pero el mal mismo no viene de Él – tal como el médico remedia la enfermedad, pero no es culpable de la enfermedad del cuerpo.

¡De modo que usted dice que Dios utiliza la maldad del diablo para combatir la maldad en nuestros corazones y para sanar nuestra alma de nuestro pecado!

Como tú ahora sabes esto de Dios, puedes dejar de quejarte de las disposiciones divinas. Has conocido las diversas maneras del mal en ti mismo y sabes, que el verdadero mal solo es el pecado – “El fin de ellos será la perdición” (Fil. 3:19). Aquello que sentimos como dolor, si bien aparenta ser el mal, da fuerza para el bien, como las tribulaciones que son infligidas para mantener alejado el pecado. Sus frutos son la salvación eterna de las almas (Ro. 5:3; 6:22; 2 Co. 4:17).

¡Dejemos por lo tanto de querer corregir al Sabio! ¡Dejemos de buscar algo mejor de lo que Él dispone! Si bien las razones para sus mandatos individuales nos son desconocidas, por lo menos, ese principio debe estar firme en nosotros, que del bien no viene el mal.

Extracto resumido y lingüísticamente adaptado de la prédica “Dios no es el autor del mal”, de Basilio de Cesarea († 379). Biblioteca de los Patriarcas, unifr.ch/bkv; puesto a disposición por el Dr. Gregor Emmenegger, Departamento de Patrística e Historia Eclesiástica.

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