Las terribles consecuencias de reescribir la historia

Fredi Winkler

Hace pocos meses el diario Jerusalem Post publicó un artículo titulado Las terribles consecuencias de reescribir la historia respecto a la relación entre Occidente y el islam. El autor, Raymond Ibrahim, demuestra en su publicación que el mundo occidental sufre de una gran amnesia con respecto al islam, producto de que no tuvo contacto con este en los últimos doscientos años. En las universidades actuales se enseña que la convivencia entre musulmanes y cristianos fue pacífica en los primeros quinientos años, cambiando esta situación recién en la época de los cruzados, cuando el cristianismo comenzó a amenazar al islam. La historiografía posmoderna suele mostrar a los musulmanes como víctimas de un cristianismo occidental dominante e intolerante. Incluso hay libros de historia con un enfoque más objetivo que contribuyen con esta imagen deformada. Según el autor, nada está más alejado de la realidad que esta tergiversación de los hechos históricos.

Ibrahim hace recordar al lector que el islam ha sido un peligro existencial para el mundo cristiano durante más de mil años, amenazando incluso a Europa Central. Casi tres cuartos de los países que eran denominados cristianos fueron devorados para siempre por el islam: Egipto, toda África del Norte, Medio Oriente, Asia Menor, etcétera. Grandes regiones de Europa fueron atacadas, quedando en parte ocupadas por el régimen islamita durante siglos, entre ellas, España, los Balcanes, Hungría, Ucrania, Rusia, Albania, Grecia y Sicilia, por nombrar tan solo las más importantes.

Entre los siglos xv y xviii, unos cinco millones de europeos fueron asesinados, secuestrados y esclavizados en el nombre del yihad, escribe Ibrahim. Y no es posible cuantificar cuántos millones más fueron cautivados, raptados y sometidos en las incursiones y saqueos llevados a cabo en las costas europeas durante los siglos viii y xi, una época poco documentada.

El último ataque yihadista contra Europa y el de mayor mortandad, con 200 000 soldados muertos, ocurrió en 1683, es decir, hace tan solo 336 años. El objetivo final era conquistar Viena, lo que gracias a Dios fracasó. Pero a pesar de la caída del Imperio otomano, los traficantes de esclavos de los Estados bereberes sembraron terror y miedo en las costas de Europa, llegando hasta Islandia. La primera guerra de Estados Unidos, aun antes de elegir su primer presidente, fue en contra de los traficantes de esclavos yihadistas. Cuando Thomas Jefferson y John Adams preguntaron al embajador de los Estados bereberes por qué sus compatriotas esclavizaban a marineros estadounidenses, este respondió: “Porque es para nosotros un mandamiento de nuestro profeta y porque el Corán nos ordena hacer la guerra contra los no musulmanes donde sea que se encuentren, someterlos y esclavizarlos”.

Alguien podría objetar al respecto: “¡Olvidemos el pasado y miremos hacia un futuro mejor y más tolerante!” Pero como dice el dicho: “El que no recuerda el pasado, está condenado a repetirlo”. De manera lamentable, muchos musulmanes siguen añorando su glorioso pasado y su recuperación.

Hace cuarenta años se publicaba en Israel un artículo tras otro enfatizando la poca diferencia entre el islam y el judaísmo, y la buena relación entre ambos, luego que los judíos fueran expulsados de España. Hoy, sin embargo, los israelíes se dieron cuenta de que el islam y su ideología yihadista representa para ellos el mayor peligro y que por otra parte, los cristianos son sus mejores aliados.

Seguro de que los que se ponen del lado de Dios y de su Mesías están del lado de la verdad, los saludo con un cordial shalom.

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