Las ansias por héroes

Norbert Lieth

Pareciera que las películas de cómicos sobre superhéroes estén dominando los paisajes de cine, internet y televisión. Lo que en un tiempo era un pasatiempo para adolescentes, ahora alegra a la gran masa. ¿De dónde viene esa ansia por héroes?

Bajo la impresión de los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001, Focus escribió el 25 de febrero de 2002 un editorial sobre el tema Tiempo para héroes –por qué la gente añora los ídolos. En dicho artículo habla del regreso de los ídolos: “En especial después del paréntesis del 11 de septiembre, los heros (héroes), por mucho tiempo proscritos, otra vez están en auge.” Este auge de héroes desde entonces no ha disminuido, sino que constantemente va en aumento. Superhéroes, semidioses y súper-humanos predominan en la industria del entretenimiento. Sus historias parecen despertar una necesidad profundamente arraigada en especial en la gente de occidente, quienes se apartan cada vez más de Dios. Los héroes son los dioses sustitutos de nuestra sociedad secularizada.

El ser humano está en busca de figuras líderes que tengan la función de modelo a seguir. Focus, en su tiempo, escribió al respecto: “La perseverancia, el ‘logro súper humano’, la disposición al sacrificio y al sufrimiento desde entonces son parte del carácter de un héroe. Él sería el vestigio de las antiguas ‘sociedades guerreras’ y el producto de un ‘mundo de pensamiento arcaico’.” – “En principio […], el hero, enemigo de equidad y paz, no tiene nada que ver en una democracia. […] A través de su disposición de sacrificarse físicamente, quizás hasta dejar su vida, el hero lo comprueba al hacerse responsable y luchar por valores determinados. El hero persigue un objetivo específico, tiene una orden, una misión, de la que no se aparta. Esta forma singular de obstinación, la falta de toda duda de sí mismo, vale desde los héroes originales de la antigüedad […] hasta los héroes pop […]. El famoso filólogo Karl Kerenyi reconocía justamente en esta inmovilidad del héroe el ‘brillo de lo divino’ en él. […] Las ansias por el súper hombre […] serían tan grandes, porque en lo secreto el individuo desearía estar en la ‘posición alfa’. […] A través de su estrategia del dinamogénesis despiadado, los nacionalsocialistas pervirtieron el ideal del héroe.”

Ya existió una vez un período de héroes, que fue la generación en el tiempo del diluvio. El “fin de los tiempos” de aquel entonces no estuvo muy lejos del juicio divino. Sobre ese tiempo se informa que: “Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Gn. 6:4; cp. Job 1:6; 2:1; 2 P. 2:4-5; Judas 6-7). En el caso de estos “hijos de Dios” se trata, según nuestro entender, de ángeles caídos que habían abandonado su lugar, tomando morada en los cuerpos de seres humanos –quizá guerreros, autoridades, héroes, hombres famosos. Es interesante que en la antigüedad se creía que los héroes o hombres famosos descendían de los “dioses” a través de la relación entre “dioses” y humanos. Eso sugiere la suposición, que los ángeles caídos descritos como “hijos de Dios”, se hayan presentado a los humanos como “dioses” y los hayan seducido. Como muestra el informe citado, aún en la actualidad se ve en los héroes el “brillo de lo divino”.

Jesús compara el tiempo del fin con el tiempo de Noé y dice: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre” (Lc. 17:26). ¿Será que nuestro tiempo, en el que tanto buscan héroes y súper humanos, sea la introducción a esos días de Noé? En cualquier caso, existen paralelos sorprendentes.

El ser humano “imperiosamente necesita héroes, no importando de dónde vengan”, escribió Focus hace ya más de 15 años atrás. Esa añoranza no se ha cortado, sino solamente intensificado. Quizás el momento esté más cerca de lo que creemos, momento en que un Jesús falso se presente como héroe, imponiendo con desconsideración su objetivo y su misión diabólica. Él tomará un rol de ejemplo y se convertirá en una figura líder, un ídolo para el mundo. Él será el “súper hombre” al que añora el mundo, y demostrará su superioridad en todas las áreas. Él estará tan convencido de sí mismo, que ganará a mucha gente para sus planes. Será el héroe que todos añoran, el avenger (vengador), superman o “guardián”, quien hará señales y prodigios, a quien todos admirarán: “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Ap. 13:3-4).

Solo uno podrá vencer a este “héroe”: el Señor Jesucristo en Su regreso (2 Ts. 2:8). Es muy revelador que, cada vez que la Biblia (por ejemplo en Dn. 2,7,8 y 11) habla del último imperio mundial del anticristo, las exposiciones terminan con que Jesucristo regresa “cayendo como piedra del cielo”, como “Hijo del hombre” o como “príncipe de príncipes”, para poner fin a este imperio y establecer Él mismo un reino que no sucumbirá jamás. Así también Apocalipsis termina con el maravilloso triunfo de la segunda venida y el dominio de Jesucristo. ¡Él es el Héroe de todos los héroes, el Rey de todos los reyes y el Señor de todos los señores!

Hoy en día nuestra tierra cada vez es llevada más directamente hacia el régimen de terror venidero en el tiempo de la gran tribulación. Pero muy pronto después de eso viene el Señor, a quien le pertenece la última palabra y todos los reinos de este mundo: “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” (Ap. 19:6).

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