La victoria electoral de Donald Trump

Fredi Winkler

La victoria electoral de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU. fue para muchos una gran sorpresa, y esto ante todo, debido a que los medios habían pronosticado como casi segura la victoria de Hillary Clinton. El mundo ahora mira tensamente hacia Washington D.C., ya que nadie puede evaluar realmente cómo se desarrollará la política de los EE.UU. bajo la administración de Donald Trump.

Antes que nada, el gobierno israelí pone grandes esperanzas en el gobierno de Trump y esto en especial después de la condena por parte del consejo de seguridad de la ONU referente a la construcción de asentamientos israelíes, donde los EE.UU., bajo Obama, prácticamente por primera vez, no hicieron uso de su derecho de veto a favor de Israel. Si bien Donald Trump aseguró que bajo su gobierno todo será diferente, de que trasladaría la embajada de los EE.UU. de Tel Aviv a Jerusalén – lo que equivaldría a un reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel. Todos que antes de él lo prometieron, finalmente no lo concretaron por temor a los problemas con los estados árabes y con los palestinos.

Referente al problema de los palestinos, él habló de un acuerdo que pretendía llevar acabo, pero lo que este contiene nadie lo sabe con exactitud.

Naftalí Bennett, uno de los ministros competentes del gobierno israelí, se expresó abiertamente en vista de la anexión de asentamientos israelíes en regiones palestinas. Sin embargo, Israel no se atreve hacerlo sin la aprobación de los EE.UU. Por lo tanto, los que están a favor de una anexión esperan que el nuevo presidente americano lo cambie todo.

Mientras que en Israel se ponen grandes esperanzas en la nueva administración en Washington, algunos países del mundo árabe esperan con temor suspenso lo que les traerá el nuevo gobierno de los EE.UU. La fama de la relación especial de Donald Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin, y Rusia, realmente promete traer cambios significativos referentes al mundo árabe islámico, en especial en relación a Siria, Irak y el EI (Estado Islámico). Lo mismo vale para la política de refugiados, a la que se puede esperar un cambio sustancial.

Asimismo, la salida de Gran Bretaña de la UE trae cambios en la política mundial; esta salida también es algo que el presidente americano ha apoyado firmemente. Su eslogan durante las elecciones, sin embargo, fue: “Make America great again!” (“Hagamos a EE.UU. grande otra vez”). Lo que este eslogan significará para el resto del mundo todavía no está muy claro, pero pueda que quiera decir que la atención del gobierno americano en primer lugar se dirigirá a los problemas en el propio país y no al resto del mundo.

Cuando se trate de la ayuda a otros países, en especial también de la ayuda para Israel, Trump declaró que sí habrá perspectiva de más ayuda, sin embargo, él ya ha declarado que la ayuda tendría un precio. Esto podría significar que los EE.UU. ya no estarían distribuyendo regalos, sino que por cada ayuda se esperará una compensación. Esta declaración, a pesar de las expectativas en parte hasta eufóricas, también han dado motivo a cierta preocupación de que, bajo el gobierno de Trump, probablemente, no todo resultará tan prometedor para Israel.

La experiencia del Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU. una vez más han demostrado que no todo sale así como los medios y los “formadores de opinión” quieren hacérselo creer a la gente, sino que hay todavía una Instancia Superior, que a final de cuentas dirige la historia de la humanidad, para que así se cumpla Su voluntad. Tal como lo expresa el proverbio tan apropiado: “El hombre propone y Dios dispone”.

Convencido de que Dios el Señor dirige la historia de este mundo, aunque para nosotros muchas veces parezca muy mundana y profana.

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