La posesión abandonada

Norbert Lieth

El apóstol Pedro escribió una vez a los cristianos: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 P. 1:19).

Leí que en Canadá regía una ley que transfería al Estado, de forma automática, todo terreno que hubiese sido abandonado durante más de tres años. ¿No es una lástima desperdiciar el derecho que uno tiene como propietario, dejando abandonado un terreno, desaprovechando un objeto de valor y no estableciéndose, si es posible, en una casa hermosa?

El pueblo cristiano posee la palabra profética de la Biblia, pero es negligente en su trato, a pesar de que la Sagrada Escritura lo invita una y otra vez a ocuparse de ella. No debemos perder de vista el objetivo del gran día de nuestro Señor. Esto debe encender nuestros corazones. Tenemos que entender cada vez mejor cuál es su fin, ocupándonos en estudiarlo hasta que se iluminen nuestros corazones.

El retorno de Cristo comprende también la glorificación de su Iglesia. Es un tema recurrente en todo el Nuevo Testamento. La Escritura nos señala, una y otra vez, lo que poseemos en Cristo. En casi todos los libros neotestamentarios, hay pasajes referidos a las profecías sobre el retorno de Jesús. Alguien comentó que hay más de trescientas declaraciones de este tipo. No apuntan tanto al conocimiento dogmático, sino más bien a una vida práctica de fe.

La Palabra de Dios nos recuerda sus profecías para consolarnos, para exhortarnos, para probar nuestra fe y para desafiarnos a una vida santa. Además, la Iglesia debe saber qué esperar y qué ha preparado Dios en su plan de salvación. Él quiere que conozcamos la gran meta y que estemos informados para poder informar a otros.

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo mantuvo extensas conversaciones con Sus discípulos acerca del gran tema de la profecía bíblica. El apóstol de las naciones, Pablo, recibió de Dios una profunda visión profética y siguió enseñando acerca del verdadero significado de nuestra esperanza gloriosa. También los demás apóstoles anunciaron la palabra profética como fuente de esperanza e impulso para la vida espiritual.

Finalmente, el último libro de la Biblia, Apocalipsis, es un libro puramente profético. Describe el retorno del Señor, las circunstancias que lo acompañarán, las consecuencias para Israel y las naciones, y para culminar, la manifestación de su gloria en el glorioso reino del Mesías y en la creación de un nuevo cielo y de una nueva tierra.

Dios nos ha dado mucho, no lo tratemos con negligencia. Con nuestra publicación, Llamada de Medianoche, queremos hacer una contribución mensual, valorando y disfrutando lo que hemos recibido.

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