La oración es la tarea más sencilla del cristiano

René Malgo

En Apocalipsis 21:3, tenemos el punto culminante de la historia de la salvación y de la humanidad: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Dios mismo, habiendo llegado a ser “todo en todos”, a pesar de Su grandeza ilimitada, pondrá Su tabernáculo con los hombres en una tierra nueva y morará eternamente con ellos. Sin embargo, en una oración en Efesios 3:14-21, el apóstol Pablo hace alusión a que la morada de Dios entre los hombres, ya es posible ahora y en esta tierra vieja.

Los creyentes juntos formamos un “templo santo en el Señor”. Somos Su lugar de residencia: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor”, dice Efesios 2. Podemos pedirle a nuestro Padre en el Cielo todo lo que tenemos en el corazón. Con esto, gozamos del libre acceso a las “riquezas de Su gloria”. Todo lo que tenemos en el corazón, podemos pedírselo a nuestro Padre en el cielo. En Efesios 3:14-16, el apóstol Pablo ora: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”.

Hemos sido sellados con el “Espíritu Santo de la promesa”, quien es “las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:13-14). Y ahora, Pablo ora que por medio de este Espíritu seamos fortalecidos con poder en nuestro hombre interior. En Efesios 1:15-20, constata que el mismo poder que resucitó a Jesucristo de los muertos, también obra en nosotros. Este poder debe fortalecernos interiormente por el Espíritu Santo.

En la primera carta a los Corintios, Pablo demuestra, por un lado, que toda la Iglesia es un “templo de Dios” y, por otro lado, que también cada creyente personalmente es considerado un “templo de Dios”, porque el Espíritu Santo mora en Él (comp. 1 Co. 3:16-17; 1 Co. 6:19; 2 Co. 6:16). Somos templos vivientes. En nosotros mora Dios, por el Espíritu Santo.

Pablo ora que podamos crecer en amor, por la poderosa obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, para que juntamente con “todos los santos” podamos conocer las dimensiones del “amor de Cristo”—a pesar de que este “excede a todo conocimiento” (Ef. 3:19). Aunque nunca podremos comprender completamente las abundantes riquezas de Su amor, Pablo igual ora para que lo podamos conocer. ¿Para qué? La respuesta es al mismo tiempo el clímax de la oración en Efesios 3:14-21: “… para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (v. 19).

Esta debe ser nuestra meta y nuestro ruego: que haya en nosotros, aquí y ahora, un “pre-cumplimiento” de Apocalipsis 21:3, en que todo el Ser de Dios nos pueda llenar y que, cada uno individualmente, pero también todos juntos, seamos un Templo de Dios. Este es el bien supremo para cada cristiano, miembro del Cuerpo de Cristo y piedra del Templo de Dios en el Espíritu: que Dios mismo more en él y lo pueda llenar hasta rebosar.

El pastor y maestro de Biblia, John Stott, dijo, con razón, que nos quedamos pasmados ante la audacia de Pablo en esta oración. Lo que pide aquí es algo inaudito e increíble, algo que nos “quita el aliento e incluso nos puede causar un poco de vértigo”. ¿Puede el eterno Dios ilimitado e inalcanzable realmente morar en nosotros en toda Su plenitud?

Encontramos la respuesta a toda duda en la alabanza de los próximos dos versículos. Dios el Padre “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de los que pedimos o entendemos” (Ef. 3:20-21). Esto significa: Dios puede hacer en tu vida cosas más grandes de lo que te atreverías a pedir en tus oraciones más audaces. En nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Eterno puede llenarte de toda Su plenitud por medio del Espíritu Santo. Puedes ser un tabernáculo viviente de Dios. Puedes llegar a ser un pre-cumplimiento de Apocalipsis 21:3. A pesar de las imperfecciones, puedes llegar a ser una “sede externa” del cielo en esta tierra.

La clave a “toda la plenitud de Dios” en tu vida es la oración audaz. Pablo no tiene miedo de pedir al Padre cosas grandes para los creyentes.

La oración es, en realidad, la tarea más sencilla del cristiano. Cada uno puede orar, no importa si es anciano o joven, si tiene salud o está atado a la cama, si es muy inteligente o un poco menos—para orar no se necesita ni título, ni entrenamiento físico ni largos años de formación. A pesar de esto, parece ser la tarea más desatendida de muchos cristianos. Sin embargo, como Pablo muestra en Efesios 3:14-21, la oración también es la tarea suprema, más fructífera y más hermosa del cristiano.

Por eso: ¡ora y ora audazmente! Dios mismo lo espera de ti.

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