“La iglesia ya estaba dividida antes del comienzo de la Reforma”

Sven Grosse

Una conversación con el historiador eclesiástico y pastor, Sven Grosse, sobre la Reforma, unidad, verdad y lo esencial, es decir el mirar hacia Jesucristo mismo. La entrevista fue realizada por René Malgo.

Mucho se escribe y dice este año sobre Lutero, críticas y elogios. Pero ¿cuál era realmente el núcleo del mensaje de Lutero?

Lutero mismo resumió su mensaje en la canción navideña “Vom Himmel hoch, da komm ich her” (“Del cielo alto, de allí provengo”). La canción dice: “El Señor Cristo, nuestro Dios […] Él quiere ser vuestro Salvador Él mismo, limpiándolos de todos los pecados”. (Cancionero Reformado 394, 3).

Voces críticas denominan la Reforma como “tragedia” porque la misma ha dividido a la Iglesia en incontables denominaciones. ¿Qué diría usted al respecto?

Como cristiano en realidad no se puede hablar de algo “trágico” en la historia, ya que la historia descansa en las manos de Dios y Él la lleva a buen fin. Pero se puede y debe hablar sobriamente de que la Reforma también tuvo consecuencias negativas; esta seguramente es una de ellas. Pero al contemplar esto no se debe olvidar que la Iglesia ya estaba dividida (Iglesia oriental y occidental) antes del comienzo de la Reforma, y que las divisiones no fueron ni la única consecuencia ni la más importante.

¿Cuáles son algunas de las consecuencias positivas de la Reforma y, en especial, del mensaje de Lutero?

En general, se puede decir que el cristianismo en todos los campos (finalmente también en el católico) fue tomado con mucha mayor seriedad que anteriormente. En la víspera de la Reforma, Europa estaba dominada por un tipo de cristianismo cultural; eso significa que por todas partes se tenían tradiciones cristianas pero había poco compromiso personal. Otra consecuencia, que sigue siendo actual, es la aclaración de Lutero sobre la relación del ser humano con Dios, como un área en el cual el Estado con sus medios de coacción no tiene el derecho de intervenir. Al mismo tiempo, sin embargo, no entendía tolerancia como una ausencia de compromiso religioso que debe ser mantenida a favor de la paz; eso lo diferencia del concepto de tolerancia reinante en la actualidad.

¿Sería posible en la actualidad la unidad entre las diversas confesiones cristianas?

Primeramente, se debe ver que la unidad de la Iglesia ya existe: el cuerpo de Cristo no está dividido (1 Co. 1:13). Pero hay hoy una clara apostasía de la doctrina de Cristo. También hay diferencias relevantes entre los grupos cristianos (confesiones), pero aun así solo son diferencias entre cristianos. ¿Es posible vencer esas diferencias? A más tardar cuando el Señor venga otra vez, las mismas serán vencidas. Si sucederá con anterioridad no lo sé decir, pero es el deber de cada cristiano trabajar en esta superación. Al hacerlo también tenemos que ver cuánto ya se ha logrado: existe la Concordia de Leuenberg de 1973, que reconcilió la Iglesia Reformada con la Iglesia Luterana. En nuestra universidad, la STH Basilea, se reúnen docentes y estudiantes que pertenecen a distintas confesiones: luteranos, reformados, de iglesias libres en la tradición anabautista. En el siglo XVI o XVII esto habría sido impensable.

¿Cuáles son los puntos de la fe cristiana que bajo ningún concepto pueden ser sacrificados en los esfuerzos por la unidad? ¿Cuáles son los límites que ningún cristiano debería sobrepasar?

Nuevamente resumiendo: es la fe en el Dios trino, quien se muestra de manera infalible en la Biblia; la fe en el Señor Jesucristo, quien es nuestro Salvador y nos quiere y puede limpiar de todos los pecados.

En el cristianismo protestante muchas confesiones se remiten a la Biblia, pero en numerosos asuntos llegan a concusiones diferentes (elección o libre albedrío, relación Israel e Iglesia, el asunto del reino de mil años, las fases de la segunda venida de Jesús y la resurrección de los creyentes, asuntos del liderazgo de iglesia, etc.). ¿Cómo pueden llegar a un acuerdo aquellos grupos cuyos puntos de vista se contradicen, aun remitiéndose a la Palabra de Dios?

Tenemos que entender que también los cristianos intentan esquivar las verdades. Se dice que Mark Twain dijo que para él el problema no eran los pasajes de la Biblia que no entendía, sino aquellos que entendía. ¡Ahí él ya estaba muy avanzado! Existen bloqueos que no permiten que admitamos lo que la Biblia nos dice; por eso debemos pedirle a Dios que nos muestre esos bloqueos y tenemos que trabajar objetivamente en la comprensión de la Biblia. También podemos profundizar nuestro conocimiento y nuestra relación con Cristo en el intercambio con alguien que pertenece a una confesión cristiana diferente contra la que tenemos objeciones, pero quien cree y que por eso es nuestro hermano.

Entre muchos cristianos existe gran desconfianza frente a los esfuerzos por la unidad. Ellos señalan que las divisiones son necesarias para que los aprobados sean manifiestos (1 Co. 11:19). Después de todo, este rechazo también se alimenta de la preocupación justificada por que la Palabra de Dios podría verse comprometida. ¿Qué diría usted al respecto?

No puede haber una unidad real sin la verdad. Hay un movimiento que lleva hacia una unidad falsa, dejando atrás todas las diferencias sin consideración de la verdad. Esto luego también lleva a la disolución de las diferencias con otras religiones y finalmente al ateísmo. La verdadera unidad solamente existe en al acercarse juntos a Jesucristo. Por esta razón el verdadero empeño hacia la unidad solo puede existir en la verdad. Si una persona del otro lado da a entender que mira hacia Jesucristo, entonces existe un fundamento sobre el que se puede seguir edificando. Después de las cosas en común también se deben someter a discusión las diferencias, pero haciéndolo como hermanos. Este no era el caso mayormente durante la Reforma del siglo XVI.

¿Se necesitará una nueva Reforma en el cristianismo occidental? De ser así, ¿cómo podría o debería ser la misma?

Desde luego que es necesaria. La secularización, es decir la “descristianización”, no solamente aumenta excesivamente en la sociedad; también ha tomado a las iglesias. Más fuertemente a las iglesias evangélicas regionales, luego a las iglesias católicas, pero tampoco las iglesias libres pueden sentirse seguras. “Reforma” significa que la iglesia nuevamente se deje formar por Aquel que es su verdadero ser: Cristo. Secularización en la iglesia significa que cada vez se disuelve más lo que constituye a la Iglesia. Mirar hacia la Reforma del siglo XVI nos puede ayudar a recordar lo esencialmente cristiano: a Jesucristo mismo, el Dios hecho hombre, y Su poder para arrancar del pecado. Y eso no significa sencillamente llevar una vida moral y políticamente correcta. Parte de esta Reforma también es que los cristianos no permitan que una sociedad “descristianizada” los empuje hacia el borde, y que superen las divisiones entre ellos.

¿Qué puede hacer cada cristiano individualmente (aun cuando no se encuentre en una posición de influencia) para por un lado, llevar adelante la Reforma, y por el otro, la unidad del cuerpo de Cristo?

Ambas cosas van juntas: reforma y llevar adelante la unidad del cuerpo de Cristo. Reforma significa mantener un contacto muy estrecho con Jesucristo, con la Biblia como Su Palabra, con otros cristianos, y estar siempre listos para dar testimonio de la esperanza que hay en nosotros (1 P 3:15) a toda persona, también a aquellos que no creen. Y la unidad del cuerpo de Cristo la llevamos adelante cuando buscamos la amistad con cristianos de otras confesiones, cuando descubrimos a Cristo en ellos, los entendemos y compartimos su vida como cristianos, siempre en la medida en que sea posible.

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