La herencia cristiana está siendo tirada por la borda

René Malgo

Cierta persona dijo: “En un mundo en el cual ya nada es realmente importante, en el cual se puede hacer lo que uno quiere, existe el peligro de que los principios, las verdades y los valores obtenidos con mucho esfuerzo durante siglos y siglos, sean arrojados sobre los basurales de un liberalismo exagerado”. Efectivamente, hace mucho que el Occidente está pisoteando los valores que le debe al Evangelio. El resultado es un caos moral y social, el fortalecimiento del islam y, en reacción a eso, una presión populista de extrema derecha en amplias partes de la sociedad europea, la cual debe poner en alerta a los conocedores de la historia occidental.

En una entrevista realizada por nuestra editorial, el pastor reformado e historiador eclesiástico Dr. Armin Sierszyn, opinó que, a la larga, Europa no sobrevivirá a la desaparición de la fe cristiana de la vida pública. Tiene razón, además, quien hizo la siguiente afirmación, al igual que la persona antes citada: “Israel es el pueblo de Dios (…), es el pueblo elegido. Éste no es ningún hecho natural o cultural, sino que es un hecho sobrenatural”. También estas palabras son verdaderas. Y es significativo que cuanto más Europa arroja por la borda los valores bíblicos, tanto más antisemita se vuelve. La persona que dijo estas palabras, sin embargo, no fue ninguno “de nosotros”, ningún evangélico, ningún protestante, sino un católico, e incluso un Papa: el Papa Juan Pablo II. Fue también él quien, hace casi treinta años, hizo un llamado a una nueva evangelización de Europa. Cierto, nuestra comprensión del Evangelio difiere de la de la Iglesia católica-romana, pero esto no quita el hecho de que Juan Pablo II estuvo en lo cierto al decir estas palabras.

Muchos cristianos cierran los ojos a la necesidad que tiene Europa de un nuevo movimiento de evangelización y de reforma basado en la Biblia, si este continente no quiere ir por la senda de muchas regiones anteriormente cristianas–como por ejemplo África del Norte, Turquía, o Egipto, las cuales fueron antiguamente centros del cristianismo, cuando Europa occidental todavía vivía en oscuridad espiritual y adoraba a los árboles. Es como si lo que más anhelaran numerosos europeos “progresistas”, fuera el regresar lo antes posible a esa oscuridad espiritual de la época pagana. A esto, nosotros, como creyentes, debemos oponernos con el dinamismo positivo del Evangelio. Fueron trascendentales para Europa las consecuencias del redescubrimiento del Evangelio por los reformadores, y ¡qué importante es hoy que nos volvamos a levantar (como los protestantes en aquel entonces) en contra del espíritu de nuestra época, y a favor del Señor Jesús! Cierto, la Reforma tuvo sus lados oscuros, y nadie puede alegrarse de la sangre derramada en el nombre de Jesús. Los reformadores también se equivocaron. Pero como Obra Misionera interdenominacional, Llamada de Medianoche quiere reconocer en este año de conmemoración de la Reforma, los frutos positivos de las teologías bíblicas luterana y calvinista.

A pesar de esto, la tradición en la cual estamos es, y permanecerá siendo, la evangélica. No creemos, como lo hace la Iglesia Reformada, que Dios predestine arbitrariamente a algunos para la salvación, mientras que deja a otros bajo Su ira sin llamarlos – sin embargo, creemos junto a los reformados en la salvación solamente por la gracia, solamente por fe, y solamente por el Señor Jesucristo. Y nos sentimos identificados con todos los que mantienen en alto la verdad del Evangelio, de las Santas Escrituras, y aún anhelan ser sal y luz en esta Europa cada vez más oscura.

Las señales del tiempo indican tormentas. La herencia cristiana está siendo tirada por la borda. Pero, más que nunca queremos actuar, buscar la unidad del Espíritu con otros seguidores de Jesús, anunciar a Cristo y poner las Buenas Nuevas, el Evangelio, sobre el candelero, porque “la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

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