La Cumbre del G20 en Buenos Aires

Fredi Winkler

Los más poderosos de este mundo se juntaron al final del año pasado en la Cumbre del G20 en Buenos Aires. Uno de los temas principales de estas cumbres suele ser el del comercio y de la cooperación global. Sin duda, hay que valorar la iniciativa para unir las fuerzas a nivel internacional. Pero si el buen funcionamiento del comercio mundial y la prosperidad económica se convierten en la medida de todas las cosas, se nos debe encender una luz de alerta.

Cuando Jesús habló sobre la venida del Reino de Dios y Su regreso, comparó ese tiempo con los días de Lot (Lucas 17:28-30). Lo que sorprende es que no habla de la depravación moral que reinaba en Sodoma, sino que dice: “Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban”.

¿No son cosas imprescindibles para vivir, que no tienen nada de malo? Es cierto, pero lo funesto en todo esto lo encontramos en un pasaje paralelo, con la diferencia de que Jesús habla aquí del tiempo de Noé: “…no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mt. 24:39). Al fin y al cabo, el no entender la gravedad de la decadencia moral en la época de Noé y, de una manera especial, en la de Lot tuvo como consecuencia el juicio de Dios.

En las cumbres de los grandes de este mundo, tan a la moda hoy en día, no se trata de cuestiones de comportamiento moral con base en los valores de la Palabra de Dios. Estos valores hoy en día se pasan por alto y se descartan con cada vez más determinación. En lugar de ellos se establecen los así llamados “derechos humanos” o “derechos internacionales”, cada vez más contradictorios a la Palabra de Dios.

Estas cosas hoy no se pueden decir si uno no quiere arriesgar sanciones o el ser difamado como un obsoleto y retrógrado perdido. Los derechos internacionales no se constituyen con base en valores bíblicos, sino con base en los valores del hombre moderno, que se alejan cada vez más de los bíblicos. Pero mientras prospere la economía y suba el producto social bruto, todo parece estar en orden.

Dios, sin embargo, ve las cosas de otra forma. No es el superficial éxito económico la medida de todas las cosas, sino los trascendentes valores morales que nacen de un corazón temeroso de Dios.

Cuando miramos hoy las naciones industrializadas, que en su mayoría pertenecen al G20, constatamos un casi increíble auge económico. Cada vez que comienza un año nuevo, se publican listas de rating que enumeran los países con los más altos estándares de vida. También Israel está orgulloso de que sube cada vez más alto en la lista. Pero lamentablemente, muchas veces sube con el estándar de vida también la alienación de Dios y de los valores cristianos.

Cuando Jesús habla de los días antes de Su retorno, habla precisamente de una época como la nuestra. Esto nos debería dar que pensar y llevarnos a enfocarnos otra vez en lo esencial y principal, es decir, en lo que tiene que ver con el Reino de Dios. El Señor Jesús mismo nos recomendó hacerlo, ya que es la condición más importante para nuestro bienestar. Dice en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

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