La bestia, el anticristo y la ramera

Dr. Roger Liebi

Cuando se miran las declaraciones proféticas de las Sagradas Escrituras en su totalidad, surge una imagen clara, según el profesor de Biblia y experto en profecías, Dr. Roger Liebi. Aquí él ofrece una clara orientación acerca de algunos malentendidos sobre el fin de los tiempos.

El esmero es necesario cuando se considera la profecía bíblica, para poder evitar grandes equivocaciones. Se debe hacer diferencia, por ejemplo, entre la bestia que sube del mar (Ap. 13:1-10) y la bestia que sube de la tierra (Ap. 13:11-18). La primera bestia es el dictador pagano del reanimado imperio romano (europeo) del tiempo del fin, la segunda bestia es el futuro falso mesías en Israel. Es equivocada, por lo tanto, la suposición de que el venidero dictador de Europa al mismo tiempo sería el anticristo. El anticristo es la segunda bestia, el falso mesías de Israel, quien se sienta en el lugar de Cristo (es decir del Mesías) (1 Jn. 2:18). Anticristo significa falso Mesías. El falso mesías, como judío, gobernará en Israel (Dn. 11:36-39; Is. 30:33; Zac. 11:15-17; Jn. 5:43; 2 Ts. 2:3-12; 1 Jn. 2:18; Ap. 6:1-2; 13:11-18; 16:13; 19:19-20). El venidero dictador “neo-romano” no es un falso mesías.

Él tampoco es el rey del norte de Daniel 11. El rey del norte, en la profecía, es la Gran Siria (desde Siria/Líbano hasta Paquistán; Dn. 11:1-35). La bestia que sube del mar en Apocalipsis 13, que tiene diez cuernos, corresponde a la cuarta bestia en Daniel 7. Esta bestia simboliza el imperio romano.

Tampoco el anticristo, la segunda bestia, es el rey del norte. El anticristo, o sea el falso Mesías, en el libro de Daniel sencillamente es denominado “el rey” (Dn. 11:36-39), y es diferenciado claramente del rey del norte (Gran Siria) y del rey del Sur (Egipto) (Dn. 11:40). Con esto queda claro que el anticristo tampoco puede ser del islam, es decir, el Mahdi esperado por los musulmanes chiitas. Sí, el anticristo de hecho será un judío, que no honrará al Dios de sus padres, o sea al Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Dn. 11:37). Él iniciará la adoración a un ídolo (Ap. 13:14-15; Dn. 9:27; Mt. 24:15). Esto no corresponde para nada al islam, lo mismo que la idolatría a las dos bestias (Ap. 13:4; 2 Ts. 2:4).

Si bien la bestia que sube del mar, que será el dictador romano, podrá ejercer su enorme influencia de poder a nivel mundial (Ap. 13:7), el resurgido imperio romano no abarcará el mundo entero, como algunos creen. La Biblia habla de varios bloques de poder, los cuales en una confrontación llevarán a la humanidad al borde de la auto-aniquilación (cp. por ej: Ap. 9:15). ¡El rey del norte en Asia y en África se enfrentará al occidente como reino islámico! Por eso tenemos que diferenciar entre varios soberanos: la bestia que sube del mar (Ap. 13:1), la bestia que sube de la tierra (Ap. 13:11), el rey del norte (Dn. 11:40), el rey del sur (Egipto; Dn. 11:40), Rosh del extremo norte (Ez. 38-39), los reyes del oriente (Ap. 16:12) y la ramera Babilonia (Ap. 17-18).

El anticristo tampoco provocará un tiempo de paz y de seguridad, como muchos dicen. 1 Tesalonicenses 5:3 solo dice que en el tiempo del fin constantemente se hablará de “paz y seguridad” (legousin = ellos constantemente hablan = duración). Pero, las Escrituras no hablan de una condición de paz por medio del anticristo. La seguridad de la que habla el pasaje profético de Ezequiel 38:8, es la seguridad que el Señor Jesús le proporcionará a Israel después de Su segunda venida.

Como el anticristo es la segunda bestia que sale de la tierra, será rey en Israel (Dn. 11:36-39) y no levantará su sede de gobierno en la antigua Babilonia, como opinan algunos intérpretes. Cuando venga otra vez, el Señor Jesús lo destruirá por medio del aliento de Su boca (Ap. 16:14-15; 17:14; 19:19-20). La Babilonia terrenal, al contrario, en el tiempo del fin será aniquilada por una nación proveniente del norte, convirtiéndola en un lugar inhóspito en conexión con un ataque brutal de los medos (curdos; Is. 13:17-21; Jer. 50-51).

La ramera Babilonia mencionada en Apocalipsis 17, por lo tanto, tampoco puede ser el islam. La ramera Babilonia está sentada sobre siete montes (Ap. 17:9). Ella es la ciudad del reinado sobre los reinos de la tierra (Ap. 17:18). Esa es Roma, la ciudad de las siete colinas. La misma se encuentra en contraste con la novia del Cordero, la nueva Jerusalén, que representa a la Iglesia verdadera (Ap. 21:9ss). Esto muestra que aquella es una falsa iglesia en Roma, que domina a Europa, o sea al imperio romano (Ap. 17:3). Eso, visto históricamente, de verdad es la iglesia católica que ha investido y destituido a reyes y emperadores. Sus vestimentas escarlata (cardenales) y púrpura (obispos) caracterizan al clero alto de Roma (Ap. 17:4). Piedras preciosas, oro y perlas señalan las cámaras de tesoros de la iglesia (Ap. 17:4). La copa de oro llena de abominaciones (idolatría) representa el centro idólatra de la iglesia de Roma: el sacrificio de la misa en el cual un pan es adorado como Dios (Ap. 17:4). Ella está ebria de la sangre de los santos (Ap. 17:6), lo que corresponde al hecho que la iglesia de Roma le ha quitado la vida a cientos de miles de creyentes.

El venidero dictador “neo-romano” y sus diez ministros superiores destruirán a esta ramera Babilonia (Ap. 17:17). Ya con eso queda claro que la ramera Babilonia no puede representar una religión unificada mundial. La religión de la bestia que sale del mar y de la bestia que sale de la tierra, o sea la adoración del dictador como “dios de las fortalezas” (Dn. 11:38) y del anticristo (2 Ts. 2), no es lo mismo que el culto a la ramera Babilonia.

La ramera Babilonia es la “madre de las rameras” (Ap. 17:5). Todas las iglesias que surgieron a través de la separación de la católica en Roma y que, del mismo modo, han dejado el camino de las Sagradas Escrituras, son hijas de la ramera Babilonia, y por eso deben ser diferenciadas de ella. Aquí vale el dicho: de tal palo, tal astilla (Ez. 16:44).

Eso muestra que la ramera Babilonia no es la antigua ciudad de Babilonia resurgida, ciudad que está en Iraq. Babilonia en Iraq es una imagen de la falsa iglesia de Roma, la ramera Babilonia, del mismo modo que Jerusalén en Israel es una imagen de la Iglesia verdadera, la nueva Jerusalén (Ap. 21:9). Las indicaciones en Apocalipsis 17 y 18 no cuadran de modo alguno con Babilonia en Iraq.

En vista de las afirmaciones de la profecía bíblica, tampoco se puede contar con un avivamiento en los últimos tiempos en Europa o en América. Una declaración de ese tipo, tal como proclaman algunos cristianos, corresponde a la falsa profecía de los profetas de los últimos tiempos, anunciados en Mateo 24:11 y 24. Tanto 2 Timoteo 3-4, como 2 Pedro 2-3, Judas y 2 Tesalonicenses 2:3, hablan de una gran apostasía dentro de la verdadera cristiandad. Cuando comenzamos a entender lo que la profecía en la Palabra de Dios realmente dice, vemos también la importancia del llamado bíblico a velar y ser sobrios. El mundo no se enfrenta a una era dorada antes de la venida de Jesucristo, sino a una “gran apostasía”.

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