La “barca de Jesús” del lago de Genesaret

Alexander Schick

Israel es rico en hallazgos arqueológicos, gracias a los cuales podemos entender mejor la historia bíblica. Además de los internacionalmente famosos rollos del mar Muerto, una barca de 2000 años de edad es una de las grandes sensaciones arqueológicas de las últimas décadas. El descubrimiento y la conservación de la barca forman parte de uno de los más complicados proyectos arqueológicos en Israel. El Museo de la Barca, especialmente construido para esta ocasión en Nof Guinosar, a orillas del lago de Genesaret, es uno de los platos fuertes de un viaje turístico por Israel. A continuación, un informe de Alexander Schick, experto en antiguos manuscritos y guía de viajes de estudio a Israel.

En el año 1986, una prolongada sequía había hecho bajar dramáticamente el nivel del agua del lago de Genesaret. En esta situación, el lago soltó un secreto bien guardado durante milenios. Al norte de Magdala, Moshe y Yuval Lufan descubrieron por casualidad una barca antigua, metida profundamente en el lodo de la orilla. Los dos hermanos, que se criaron junto al lago de Genesaret, siempre soñaron con encontrar un bote antiguo – y ahora su sueño se había hecho realidad. Los especialistas en excavaciones bajo agua de la Autoridad de Antigüedades de Israel comprendieron en seguida la importancia del hallazgo, sin embargo, el salvamento fue extremadamente complicado, pues rápidamente corrió la voz, y lamentablemente, el descubrimiento se hizo publicó en un diario local. Al día siguiente, todos los diarios estaban llenos de la noticia sensacional. Comenzaron a circular rumores de que se trataba de un bote militar turco que se había hundido en la Primera Guerra Mundial con una carga de oro para el ejército. Pronto se llenó la costa del lago de Genesaret de buscadores de oro. Para mantener alejados a esa gente y a otros curiosos, la policía israelí levantó barricadas. Especialmente problemática fue también la inesperada subida del nivel del agua, pues existía el peligro de que la barca volviera a inundarse en las crecientes aguas. A toda prisa se convocaron ayudantes de la región, que trabajaron sin cesar día y noche. Durante los trabajos de salvamento, el nivel del agua seguía subiendo sin parar. Mientras que el agua, cuando se descubrió la barca, estaba todavía a 30 metros de la orilla, al comenzar con el trabajo de salvamento, faltaban solamente 10 metros. Las lluvias, que son vitales para la región y que se habían esperado con mucho anhelo, ahora significaban una seria amenaza para la barca antigua. Un salvamento bajo agua era imposible. Cuando los trabajos comenzaron, no se sabía cómo resolver el problema. Había que contar con la posibilidad de perder el hallazgo para siempre. Nunca se había visto una acción de salvamento bajo circunstancias parecidas, en este país tan rico en hallazgos arqueológicos. El nivel del agua subía sin cesar, y dentro de 48 horas, el lugar del hallazgo estaría cubierto de agua. ¿Qué se podía hacer? No se disponía de bolsas de arena para proteger la antigüedad. Los instrumentos de excavación se encontraban todavía en Jerusalén, y también faltaban expertos en el lugar. Una situación fatal. Entonces los miembros del kibutz Ginosar decidieron actuar. Llenaron grandes contenedores de plástico con arena y los posicionaron en un semicírculo alrededor de la barca. Como quedaba poco tiempo para el salvamento, no se paraban los trabajos de noche. Instalaron lámparas de pescadores, que se usaban para la pesca nocturna en el lago y funcionaban a gas, para iluminar el lugar de trabajo. El kibutz Ginosar decidió patrocinar el proyecto de excavación. Todos los kibutznikim (miembros del kibutz) ayudaban, trabajando en su tiempo libre en el lugar de excavación. De noche, se traían sandwiches y bebidas calientes para los trabajadores, y los niños ayudaban llenando bolsas de arena.

El líder de la excavación, Dr. Shelley Wachsmann, estaba ante un serio problema. Si el lodo pesado se sacaba durante la noche, existía el peligro de perder pequeños hallazgos sin verlos. Por eso, había que guardar el lodo del cual era liberada la barca, colocándolo en baldes numerados, para poder determinar más tarde el lugar de donde se había sacado. Los pesados baldes de plástico eran llevados a la orilla en un tractor e investigados con ayuda de un detector de metal. De este modo se descubrió la punta de una flecha antigua. Cuando llegaron los responsables de la Autoridad del Agua al lugar de excavación, propusieron construir un dique alrededor del bote, para detener el agua. Las máquinas pesadas de la Autoridad del Agua llegaron justo a tiempo, pues de repente se desató una tormenta que hizo que el agua se acercara aún más rápidamente a la barca. Pero las fuertes lluvias transformaron la orilla en un pantano, de modo que resultó sumamente difícil construir un dique con maquinaria pesada. ¡Todo el emprendimiento se transformó en una aventura “anfibia”! Para gran pesar de la Autoridad de Antigüedades, la excavación se transformó también en un espectáculo de masas en las noches. Las filas de visitantes eran interminables. Muchos ignoraban las barricadas, molestando de esta manera los trabajos de excavación. La subida del agua ya no era el único problema, también los irrespetuosos curiosos peligraban el salvamento de la barca antigua.

Solamente el dique, que se construyó rápidamente, pudo salvar la barca de las aguas crecidas. Con mucho cuidado liberaron poco a poco la barca de tierra y lodo. Pero no se podía entrar en ella, pues la madera estaba tan empapada de agua que se podía romper bajo cualquier peso. Por eso, los excavadores se pusieron sobre una plataforma especialmente construida para este fin, “flotando” así encima de la barca, y la pudieron liberar con sus manos. Pero apenas quedaron libres las partes de la barca, se presentó un nuevo problema. Los rayos del sol secaban la madera, que posiblemente se rompería durante este proceso. Para evitarlo, algunos voluntarios tuvieron que salpicar continuamente con agua las tablas liberadas de lodo. Próximo problema: ¿cómo llevar la barca a tierra? La única posibilidad parecía ser la de un helicóptero que levantara la barca bien asegurada con sogas. Pero era demasiado grande el peligro de que la barca se rompiera en el intento, por eso desistieron otra vez de la idea. Para sacar la barca antigua, se eligió un proceso nunca antes visto.

La barca tenía que llegar entera al kibutz Guinosar, y como era lógico para un bote: ¡por vía acuática! Para esto se revistió a la barca, de adentro y de afuera, de un manto de plástico espumado. Cuando se abrió el dique, el agua rodeó la “barca de plástico espumado”, la empujó hacia arriba, y la barca comenzó a flotar. Los científicos gritaban de alegría por el éxito de su acción de salvamento. En un hangar con piscina grande, especialmente construido cerca de la orilla, se liberó minuciosamente la barca de su cobertura de plástico espumado. Luego siguió un proceso de conservación que duró años. Toda el agua que se encontraba en las células de la madera, tuvo que ser reemplazada de a poco por una resina sintética, el polietilenglicol. Una empresa química donó varias toneladas de esta sustancia cara para poder salvar la barca.

Durante el tratamiento de la barca, se notó el fuerte aumento de pequeñas larvas de mosquito rojas en el agua. Los científicos no sabían qué hacer. ¿Dañarían las larvas el proceso de conservación? En las observaciones en el laboratorio, sin embargo, se constató que las larvas de mosquito no representaban peligro para la madera ni para los científicos. Pero eran acompañantes más que desagradables para todos los que tenían que trabajar con la barca en la piscina. El uso de insecticidas estaba absolutamente prohibido. Por eso, los científicos, cuando entraban a la piscina, tenían que intentar ahuyentar los mosquitos con sus manos. Una mañana llegó la sorpresa: tres grandes peces dorados nadaban en la piscina al lado del bote. Un colaborador del kibutz los había dejado en el agua. Después de pocos días, todas las larvas de mosquito habían desaparecido, y los peces dorados se veían gordos y muy contentos. Es hasta ahora el único caso en la arqueología en el cual peces dorados hayan hecho posible que los científicos trabajen tranquilamente en un hallazgo de 2,000 años.

Durante más de 10 años, la barca quedó en la solución química y no era accesible para los visitantes. Luego llegó el gran momento. La solución fue extraída mediante bombeo, y la gran cuestión era: ¿habrá valido la pena todo el esfuerzo, o igual se quebrará la madera? Los controles demostraron que el tratamiento químico había sido un éxito. El agua había desaparecido completamente de la madera y había sido reemplazada de resina artificial. Se construyó un corsé de acero, que fue fijado debajo de la barca. Normalmente, todos los hallazgos importantes son expuestos en el Museo de Israel en Jerusalén, y en los lugares donde se encontraron solamente se dejan copias de los objetos. Sin embargo, en el caso de la barca antigua, la Autoridad de Antigüedades decidió dejar la barca a orillas del lago de Genesaret. Por 1.8 millones de euros se construyó un museo moderno en Nof Guinosar, que fue abierto al público en octubre de 2000. En el “año del milenio” se esperaban varios millones de turistas. El Museo de la Barca fue parte de un concepto integral para el fortalecimiento del turismo. Pero el estallido de la Intifada por mano de fanáticos musulmanes, frenó de golpe el movimiento turístico en aquel entonces. Para la inauguración del museo, el 23 de octubre, solamente llegaron pocas personas. Sin embargo, el que ha visto alguna vez “en vivo” la barca en su hermosa presentación, queda profundamente impresionado de este extraordinario hallazgo. “Flota” sobre un mar de vidrio, y en algunas tablas súper modernas se cuenta toda la historia del hallazgo. Aunque he visitado regularmente la barca durante todos estos últimos años, y con el permiso del kibutz, también pude elaborar documentaciones fotográficas y filmadas, cada vez vuelvo a fascinarme por este hallazgo. Espero con impaciencia cada nueva visita al kibutz, para escuchar de boca de la administradora del museo, Marina Banai, acerca de los nuevos conocimientos de los científicos que investigan la barca. ¡Con este hallazgo nos convertimos en contemporáneos de Jesús! Muchas veces nos acompaña también el que descubrió la barca, Yuval Lufan, que cuenta lleno de entusiasmo de “su” hallazgo. Él y su hermano siempre habían soñado con encontrar un tesoro en el lago. Su sueño se hizo realidad: encontraron un increíble tesoro arqueológico.

Para la construcción de la barca se usaron no menos de siete tipos de madera, pero principalmente cedro y roble. Los exámenes radioactivos mostraron que la barca, de 8.2 metros de largo y 2.35 metros de ancho, data de la época entre 100 antes de Cristo y 100 después de Cristo. Tiene una altura de 1.3 metros, y se usó un método de construcción común en la época, mediante pivotes. Los refuerzos transversales fueron añadidos recién al final de la construcción de la barca. En muchos artículos sensacionalistas, se escribía que se trataba exactamente de la barca en la cual Jesús había cruzado el lago de Genesaret, pero esta es mera especulación. El historiador judío, Flavio Josefo, escribe que, en la insurrección de los judíos contra los romanos, 200 barcas pesqueras salieron a la guerra como “armada” sobre el lago de Genesaret. Sin embargo, los botes pesqueros no tuvieron ninguna oportunidad contra las fuerzas militares romanas y fueron hundidos. Es muy posible que también esta barca se haya hundido en aquellas acciones bélicas. Pero, de todos modos, el hallazgo es una sensación. Muestra cómo se construían botes en aquel entonces. Este bote antiguo de la época de Jesús nos puede ayudar a explicar mejor y de manera muy gráfica uno de los más famosas narraciones de los evangelios.

Seguramente, todos los amantes de la Biblia conocen la historia de la tempestad calmada en Marcos 4:35-41, especialmente el pasaje: “…y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca. Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; entonces le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. La barca de Jesús y de Sus discípulos, rodeada de salvajes olas, se ha convertido en un símbolo de la Iglesia oprimida y perseguida. Pero ¿cómo podemos entender este texto históricamente? ¿Por qué dormía Jesús atrás en la barca y qué era su cabezal? La barca antigua nos podría ayudar a aclarar esta pregunta.

La rápida formación de temporales no es nada extraordinario sobre el lago de Genesaret. Hasta hoy, los navegantes temen mucho estas tempestades repentinas e impetuosas, que se desencadenan por vientos descendentes. Se estima que la barca antigua tenía lugar para unas 15 personas. Es decir, Jesús y Sus discípulos cómodamente hubieran cabido en tal bote. Como la mayoría de las barcas del lago de Genesaret, fue construida para la pesca con grandes y pesadas redes. Estas barcas tenían dos cubiertas, una en la popa y otra, terminando en una punta, en la proa, para que las redes pudieran extenderse allí. Estas cubiertas ya no están en la barca antigua, sin embargo, su construcción muestra que sí deben haber existido. Dormir sobre la cubierta trasera, entre las redes y los pies del conductor, incluso con un mar en calma sería desagradable. Con tormenta sería imposible, porque las olas se precipitarían sobre la persona. El área debajo de la cubierta trasera, sin embargo, era muy protegida y apta para descansar. Los cabezales eran, probablemente, bolsas de arena (de unos 25 kilos), que hasta hace pocas décadas se usaban como balastro en barcos pesqueros y para ajustar las velas. Cuando las bolsas de arena no se usaban, las guardaban debajo de la cubierta trasera. Cuando un pescador estaba cansado, podía acostarse allí y usar una de las bolsas de arena como almohada. Probablemente, eso fue lo que hizo Jesús. El relato en los evangelios encuentra por este hallazgo una hermosa aprobación de su fidelidad histórica.

Al observar la barca, irremediablemente hay que pensar en algunos relatos bíblicos – el llamamiento de los primeros discípulos y cómo Jesús salía en una barca pesquera al lago de Genesaret, para poder hablar a la gente en la orilla (Lucas 5:1-7); o el encuentro de los discípulos con el Señor resucitado, en una barca parecida (Juan 21:1-14).

La “barca de Jesús” se ha convertido en una gran atracción en el lago de Genesaret. En Egipto se han hecho varias copias de esta barca, en las cuales cruzan el lago de Genesaret peregrinos de todo el mundo. Recuerdo la impresionante experiencia que, en un paseo en bote, apagamos el motor en medio del lago y leímos la historia de cuando Jesús calmó la tempestad. En lugar de una predicación, se contó la siguiente anécdota: un bote había entrado en un temporal. Una niña dormía apaciblemente, y los pasajeros la despertaron. Cuando la niña vio el miedo en sus ojos, les preguntó qué pasaba. Los viajeros se asombraron y le respondieron: “Hay una tempestad tan fuerte, y tenemos miedo que se hunda la barca. ¿Cómo puedes dormir tranquilamente en medio de este peligro?”. La niña respondió: “¿Por qué tendría miedo? ¡Si el capitán es mi papá!”. Esta historia siempre me conmueve. Si Jesús es el capitán de mi vida, no necesito temer las tempestades de la vida, como dice en 1 de Pedro de 5:7: “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”.

Es una aventura especial andar en las huellas de Jesús en la región del lago de Genesaret. Cuando visitamos los lugares bíblicos de Magdala, Capernaúm, Tabgha y Tiberias, las historias de la Biblia cobran vida. En Magdala, por ejemplo, se descubrió una sinagoga de la época de Jesús. ¡Pero el plato fuerte es, sin ninguna duda, la barca antigua!

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